El Institut Sagrera Sant Andreu rectifica: adiós a “La Barcelona blaugrana” por Carnaval

8 de febrero de 2026

Lo que ayer parecía otra muestra más de ese nacional-barcelonismo tan asumido en algunos centros, hoy ha dado un giro inesperado. El Institut Sagrera Sant Andreu, el mismo que había propuesto un martes de Carnaval dedicado a “La Barcelona blaugrana”, ha enviado un nuevo comunicado a las familias rectificando la idea: “Después de un proceso de reflexión de la comunidad educativa del centro, las nuevas consignas para la semana de Carnaval son las siguientes”. Vamos, que lo han repensado. Un poco tarde, sí, pero suficiente para apagar el incendio que se montó en cuestión de horas.

El cambio de consigna: del blaugrana impuesto al “Jo t’estimo Barcelona”

El punto polémico del programa -el famoso martes- ya no invita a vestir de azul y rojo ni a rendir homenaje involuntario al Barça. Ahora propone “Jo t’estimo Barcelona (expressió creativa)”, un mensaje mucho más amplio, menos sectario y sobre todo sin colores impuestos. Nada que ver con lo de antes. Y esa es la clave: el centro mantiene el resto de consignas, pero en el día conflictivo da un volantazo que reconoce, casi sin decirlo, que aquello no estaba bien enfocado. Entre los padres pericos, el cambio se ha recibido con una mezcla de alivio y cansancio: alivio porque la presión ha servido, y cansancio porque, sinceramente, estas cosas no deberían pasar en una escuela pública. Pero bueno, rectificar siempre es mejor que seguir adelante como si nada.

Una polémica que deja huella en el espanyolismo

El ruido de ayer no era casual. La propuesta inicial había dejado un mal cuerpo evidente entre muchas familias, especialmente entre las pericas, que veían cómo sus hijos debían participar en una actividad que, por mucho que la dirección intentara maquillar, estaba cargada de simbología culé. La excusa de que “no se trata de venir vestidos del Barça, sino simplemente de blaugrana” no convenció a nadie. Ni a los padres, ni a los alumnos, ni a quien conozca mínimamente cómo funciona la vida cotidiana en los colegios de Barcelona. Por eso la rectificación llega como una especie de final feliz, aunque con ese punto irónico de pensar: si no se hubiera dicho nada, ¿habrían rectificado?

Una lección que queda pendiente

Más allá del cambio en el cartel del Carnaval, queda algo flotando en el ambiente: la sensación de que hay símbolos que se dan por universales, cuando no lo son, y que hay identidades -como la perica- que muchos centros siguen sin ver. El gesto de hoy no borra la situación de ayer, pero sí marca una línea: si se alza la voz, si se señala lo que no cuadra, las cosas pueden cambiar. Ojalá esto sirva para que, en futuras ocasiones, nadie tenga que escoger entre participar en la fiesta o sentir que está representando unos colores que no le pertenecen.