Mateo explicó que, a su llegada, encontró una estructura con potencial pero falta de dirección. “Cuando llegamos, había una gran cantera dejada un poco de la mano de Dios y sin que nadie le dijera al dueño en qué tenía que invertir”, afirmó, subrayando que el proyecto inicial contaba con una hoja de ruta definida bajo el liderazgo de Rufete.
La salida de Rufete, punto de inflexión del proyecto
El exdirigente sitúa el deterioro del plan en la marcha del director deportivo que lo había impulsado. “El proyecto duró dos años, hasta que desapareció Rufete, que era quien lo lideraba”, señaló. A su juicio, aquel movimiento desencadenó una pérdida progresiva de estabilidad: “A partir de la salida de Rufete, el proyecto se empezó a tambalear”.
Sus críticas hacia la etapa posterior son explícitas, especialmente en relación con Domingo Catoira. “Compartí un año con Domingo Catoira de director deportivo. A mí me dejó mucho que desear”, declaró, dejando entrever discrepancias profundas en la gestión deportiva.
Un cambio radical en la valoración de la cantera
Mateo describió una ruptura abrupta con el trabajo desarrollado previamente. “Veníamos de trabajar dos años conjuntamente, y de la noche a la mañana, nada valía, ningún canterano valía, nadie estaba preparado, ya no había procesos, todo estaba mal…”, relató, evidenciando su desacuerdo con el nuevo enfoque adoptado.
El impacto personal también fue notable. “Ese año para mí fue muy duro en el Espanyol, intenté salvarlo, y teniendo un año más de contrato fui honesto conmigo mismo y rescindí”, explicó. Su conclusión es contundente: “No fue un buen año para el club y nefasto para mí, porque sentí que no había proyecto, el proyecto se desmoronó”.
El plan inicial: retener talento y acelerar el desarrollo
Durante su etapa inicial, Mateo defiende que se establecieron bases sólidas para potenciar la cantera. “Lo primero era retener el talento… cada año se iban de seis a 12 jugadores al Barcelona y otros clubes”, señaló, asegurando que se logró reducir esa fuga de jóvenes promesas. También destacó la voluntad de integrar las distintas categorías bajo un mismo criterio formativo: “Tratábamos a Juvenil A, filial y primer equipo por igual, salvando las distancias”.
A su juicio, algunos frutos de ese trabajo se perciben actualmente en la plantilla profesional. “Si ves ahora la plantilla -Omar, Pol Lozano o Jofre- creo que esos procesos han dado sus frutos”, afirmó.
Falta de estabilidad y cambios continuos en la estructura
En relación con la situación posterior, Mateo considera que la inestabilidad institucional ha sido perjudicial. “Dos años después, no hay ese adelantar procesos, creo que no hay un rumbo y se han dado vaivenes con un director deportivo y varios directores de cantera”, opinó. En su análisis, la sucesión constante de responsables dificulta la consolidación de un modelo.
Pese a ello, expresó confianza moderada en la nueva etapa. “Espero que con esta nueva dirección tenga más estabilidad. Creo que con Marco Otero aciertan porque tiene capacidad para liderar proyectos”, señaló.
La distancia con Chen y una exigencia difícil de cumplir
Mateo también relató su único encuentro con el entonces propietario, Chen Yansheng, una reunión breve que, según su versión, reflejó la falta de conexión con la realidad del fútbol base. “Me preguntó que por qué no teníamos en la cantera jugadores por valor de 50 millones de euros”, recordó.
Para el ex responsable, esa expectativa resulta poco realista en el contexto del club. “Eso en el Espanyol es imposible… otros clubes pueden hacerlo por x+10 o x+20”, explicó, mencionando el caso excepcional de Joan García como ejemplo de talento diferencial.
Alan Pace y la oportunidad de un propietario presente
Respecto a la actual propiedad, Mateo valoró positivamente el hecho de contar con un dirigente más cercano al día a día del club. “El Espanyol ahora tiene una oportunidad muy grande de tener un dueño presencial. Eso es una virtud y hay que saber aprovecharla”, afirmó, aunque advirtió de la importancia de que la información que reciba sea veraz: “La gente que está dentro del club debe ser honesta y decirle la verdad al dueño”.
También denunció la existencia de perfiles acomodados dentro de la estructura. “Había personas que llevaban 20 y 30 años trabajando que no quieren al club, que solo quieren recibir el salario… esas personas en los clubes son rémoras”, aseguró.
La salida de Julián López de Lerma, una pérdida significativa
Finalmente, Mateo lamentó la marcha de técnicos formados en la casa, en especial la de Julián López de Lerma al Real Madrid Castilla. “Julián o Javi Chica son entrenadores que deben estar en el Espanyol porque tienen sentimiento perico”, señaló. Su valoración es rotunda: “Es un error gravísimo que Julián esté en el Real Madrid Castilla”.
Sus declaraciones dibujan un diagnóstico severo sobre la evolución reciente de la cantera blanquiazul y subrayan la importancia de recuperar estabilidad, coherencia en el proyecto y figuras identificadas con el club.
Fuente: AS







