Sostres vuelve a señalar al Espanyol con una comparación tan dura como polémica: el perro de Sánchez Llibre

3 de abril de 2026

Hay artículos que sorprenden. Y otros que no. El de Salvador Sostres en ABC, publicado tras los incidentes del España – Egipto en el RCDE Stadium,el campo del Espanyol, entra claramente en el segundo grupo. No por lo que dice, sino por quién lo dice y cómo lo dice. El periodista, que lleva años manteniendo una relación más que tensa con el entorno perico, aprovecha el ruido generado por los cánticos para volver a señalar directamente al Espanyol, a su afición y a su forma de actuar como club. No hay matices. No hay contexto. Hay una línea clara desde el inicio: “Esto no es nuevo: ni este tipo de afición… ni la actitud de los dirigentes de la entidad”.

“Siempre pasa lo mismo en Cornellá”: el relato que intenta imponer

El titular ya marca el tono: “Siempre pasa lo mismo en Cornellá”. A partir de ahí, Sostres construye un discurso que mezcla crítica directa, experiencias personales y una generalización bastante amplia sobre el espanyolismo. Habla de “una facción de su afición que es la que es” y acusa al club de no hacer lo suficiente para frenarla, describiendo la actitud de los dirigentes como “siempre entre cobarde y complaciente con los que no saben comportarse”. Un relato duro, sin apenas matices y que vuelve a colocar al Espanyol en el foco como si el problema fuera exclusivo de Cornellà-El Prat.

Su experiencia personal, en el centro del argumento

El artículo también recupera un episodio personal del propio Sostres, que explica que hace años, tras escribir que se alegraba de una derrota europea del Espanyol, recibió “pintadas en la puerta de mi casa, pintadas en el negocio de mi familia, insultos y amenazas telefónicas y por la calle”. A partir de ahí, construye una comparación con otros clubes: asegura que ha escrito cosas “mucho más hirientes” sobre su amado Barça o Madrid sin recibir una reacción similar. Ese contraste es el que utiliza para reforzar su idea de que el problema es estructural en el Espanyol, más allá de casos puntuales.

La comparación con Barça y Madrid… y el mensaje de fondo

En su texto, Sostres va un paso más allá y señala directamente a las instituciones. Pone como ejemplo al Barça de Laporta o al Real Madrid de Florentino, asegurando que “erradicaron a sus salvajes” mientras que el Espanyol “continúa emitiendo comunicados”. Es un argumento que busca cuestionar no solo a la afición, sino también a la gestión del club. El mensaje es claro: según su visión, el Espanyol no actúa con firmeza cuando aparecen estos episodios.

La metáfora del perro: el momento más surrealista del artículo

El punto más surrealista del texto llega con una anécdota que Sostres atribuye a Daniel Sánchez Llibre. A través de una historia sobre un perro descontrolado construye una metáfora para explicar lo que, según él, hace el Espanyol ante los conflictos: ocultarlos en lugar de enfrentarlos. Cuenta que el entonces presidente tenía un perro que campaba sin control por la finca hasta que un día apareció con el perro del vecino muerto en la boca; a partir de ahí, según relata, decidió limpiarlo, “peinarlo” y devolverlo a su caseta como si no hubiera pasado nada. Una historia que utiliza como metáfora para cargar contra el club, insinuando que el Espanyol actúa igual: tapa los problemas, los disimula y sigue adelante como si nada. Una comparación dura, muy buscada, y que evidentemente no va a sentar nada bien en el entorno perico, porque no solo exagera la situación, sino que intenta fijar una imagen bastante concreta -y bastante dañina- de cómo funciona el club.

El espanyolismo, otra vez en el foco

Al final, la sensación que queda es conocida. Pasa algo en el RCDE Stadium -aunque no sea un partido del Espanyol- y el foco vuelve a apuntar en la misma dirección. Esta vez con un altavoz como el del polémico y controvertido Sostres, que no es nuevo en este tipo de posicionamientos. La cuestión no es solo lo que ocurrió, sino cómo se cuenta y desde qué intención. Y ahí, una vez más, el espanyolismo se encuentra en medio de un relato que no siempre siente como propio.

Este es el contenido del artículo:

Siempre pasa lo mismo en Cornellá

Esto no es nuevo: ni este tipo de afición ni la actitud de los dirigentes de la entidad, siempre entre cobarde y complaciente con los que no saben comportarse
  
El Espanyol ha emitido un comunicado condenando los insultos racistas y reivindicando Cornellá como un estadio moderno, pero el club es perfectamente consciente de que tiene una facción de su afición que es la que es y no hace nada por evitarlo. Esto no es nuevo: ni este tipo de afición -cierto que no toda, ni siquiera mayoritaria en la gran familia del Espanyol- ni la actitud de los dirigentes de la entidad, siempre entre cobarde y complaciente con los que no saben comportarse.

Hace casi 20 años escribí un artículo en mi blog personal -ni siquiera en un periódico- diciendo que me alegraba de que el Espanyol hubiera perdido su segunda final europea. Tuve que aguantar pintadas en la puerta de mi casa, pintadas en el negocio de mi familia, insultos y amenazas telefónicas y por la calle. Necesité protección de los Mossos durante dos semanas.

He escrito artículos mucho más hirientes sobre el comportamiento de la afición y algunos dirigentes del Barcelona, y sobre tantos otros asuntos y personas, y nunca me ha pasado nada comparable. El Barça del primer Laporta y luego Florentino en el Madrid erradicaron a sus salvajes y ambos pagaron un elevado y muy desagradable precio. El Espanyol continúa emitiendo comunicados.

Cuando sucedió lo mío llamé a su entonces presidente, Daniel Sánchez Llibre, con quien pese a todo tenía una buena relación, y le exigí que pusiera fin de inmediato a aquellas actuaciones. Me respondió que él no podía hacer nada pero no hubo más incidentes a partir de aquella conversación y al cabo de unos días fuimos a comer.

Entonces me explicó una anécdota familiar que resultó ser la más extraordinaria metáfora de lo que siempre hace el club cuando llegan las consecuencias de no plantarse contra la parte violenta – y cosas peores- de sus aficionados.

Dani tenía en su finca en Vilassar un perro grande y contundente -un pastor alemán, creo recordar, pero no estoy seguro- que entraba y salía de la propiedad sin ningún control. Los vecinos se lo habían reprochado varias veces, temerosos de que algún día atacara a su perrito faldero que todo el día ladraba. La relación entre las dos familias era tensa, muy mala. A Dani le incomodaba la situación pero no hacía nada y simplemente procuraba no coincidir con ellos.

Una mañana de verano, al levantarse muy temprano, vio a su perro llegar con el perrito de los vecinos muerto entre los dientes. Y temeroso de la reacción de la otra familia, tomó el cadáver, lo limpió, lo peinó, y aprovechando que todavía era muy pronto y que todos dormían, entró en el jardín del difunto y cuidadosamente lo dejó en su casita, como si estuviera descansando.

Pasaron los días y Dani extremaba la prudencia para evitar lo que de todos modos iba a suceder, y finalmente coincidió con su enemigo. No hubo hostilidad en el saludo y a Dani le sorprendió aunque no tanto como lo que le contó: «No sabes qué cosa más extraña nos ha pasado: hace tres semanas murió nuestro perro y lo enterramos en este bosquecito que tenemos en la parte trasera de la casa. Y de una manera que no podemos explicarnos, apareció de repente en su casita limpio y bien puesto y mi mujer, que se marchó inmediatamente a Barcelona, no ha vuelto y me ha pedido que venda la finca porque está embrujada».

Lo que en realidad sucedió es que el perro de Dani, en una de sus entradas y salidas descontroladas, se metió en el bosquecito de los vecinos, desenterró a Faldero y se lo llevó para jugar.

Un lobo fuera de control y el Espanyol que con una mano redacta comunicados victimistas y con la otra peina cadáveres para que parezca que se han dormido. Siempre que pasa algo, pasa lo mismo en Cornellá.