Roberto Fernández no se esconde: su bache con el gol, Kike García y siente el Espanyol “como si fuera mi casa”

7 de marzo de 2026

Roberto Fernández ha hablado claro en Radio MARCA Barcelona y lo ha hecho en un momento delicado para él y para el Espanyol. El delantero andaluz sigue siendo uno de esos jugadores que rara vez se guardan una carrera, una pelea o un esfuerzo, pero el fútbol de los delanteros tiene esta crueldad: si no entra, todo pesa más. Y ahora mismo le está tocando vivir justo eso. Mientras Kike García ha vuelto a engancharse al gol con dos tantos en los tres últimos partidos, los mismos que había firmado en sus 18 encuentros anteriores en LaLiga, Roberto atraviesa un pequeño frenazo en esa relación con la portería que tantas veces marca el ánimo de un nueve.

Un bache colectivo que también le aprieta a él

La entrevista en La Previa, el espacio perico dirigido por Rubén Martínez, deja la sensación de que Roberto no está ni mucho menos hundido, pero sí bastante consciente del momento que atraviesa el equipo. No maquilla la situación ni la disfraza de otra cosa. Lo cuenta como lo siente: “Ahora pasamos por un bache bastante gordo, está siendo difícil de superar, pero ahora viene el partido contra el Oviedo y hay que ganarlo, por lo civil o por lo criminal. El equipo está con confianza, vamos a darlo todo para quedar de la mejor manera posible. Personalmente, la presión me gusta, estoy más motivado y con la idea de mejorar”.

roberto espanyol girona

Ahí ya se ve por dónde va su discurso. No suena a resignación ni a excusa. Suena a delantero con orgullo, de esos que, aunque no estén acertados, no se quitan del medio.

El gol se le resiste, pero no le cambia la cabeza

Si hay una parte especialmente interesante de la charla, es cuando Roberto habla del gol. Porque no lo hace con pose ni con frases de manual. Lo explica desde dentro, que es donde de verdad se nota cuando a un delantero le falta esa chispa final. Dijo: “Los delanteros quieren meter goles todos los partidos. Trabajo día a día, me parto los cuernos para que las cosas salgan bien; ahora no está saliendo, pero seguro que pronto cambia la racha. El gol es una obsesión buena, de ser ambicioso y de querer ayudar al equipo. Trabajo diariamente para ayudar al grupo y, si es marcando goles, mucho mejor”.

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La frase define bastante bien su momento. Roberto no ha dejado de trabajar, no ha dejado de pelear, no ha dejado de ofrecerse, pero el gol no está cayendo. Y cuando a un delantero le pasa eso, enseguida cambian las jerarquías, aunque sea de manera natural. Kike García, que viene enchufado, le ha ganado foco en estas últimas jornadas. Así funciona esto. El que la mete, manda.

Kike García aprieta y Roberto compite contra el reloj y contra la racha

La comparación con Kike es inevitable porque el momento de ambos ahora mismo va por caminos distintos. Roberto mantiene el papel de currante incansable, de delantero que molesta, que corre, que va al choque y que da aire al equipo. Kike, en cambio, ha encontrado el premio del gol justo cuando más falta hacía. Dos tantos en los últimos tres partidos le han devuelto peso arriba, y eso obliga a Roberto a convivir con una realidad que no gusta a ningún atacante: hacer muchas cosas bien, pero ver que el foco se lo lleva otro.

Aun así, la entrevista deja claro que no hay ni una sombra de mal rollo. Más bien al revés. Roberto habla de Kike con una admiración muy marcada, casi entrañable, y se nota que ahí hay vínculo de verdad.

“Kike para mí es un padre futbolístico”

Cuando le tocó hablar de su compañero de ataque, Roberto dejó uno de los titulares más bonitos de toda la conversación: “Kike para mí es un padre futbolístico, siempre está encima de mí y confía mucho en el potencial que tengo; siempre me voy a alegrar de que le vaya bien”.

roberto kike garcia espanyol valencia

La frase tiene mucha miga. Porque no solo refleja una buena relación personal. También deja ver que Roberto está aprendiendo, que escucha, que no va por libre. Y seguramente en este tramo de temporada, en el que le toca apretar los dientes y seguir insistiendo pese al bache, tener cerca a un delantero curtido como Kike le puede venir de maravilla.

Manolo le pide que siga siendo él

En otro punto de la entrevista, Roberto explica qué le pide Manolo González. Y la respuesta también tiene bastante valor porque apunta a algo importante: el técnico no quiere que se bloquee ni que se convierta en otro jugador por culpa de la ansiedad. Lo contó así: “En los dos últimos partidos lo hicimos bien, te puedo asegurar que el equipo está trabajando muy bien. Sabemos lo importante que es el próximo partido y los que faltan de aquí al final de temporada. Manolo me pide que no deje de ser el mismo, que llegue a Primera gracias a mi esfuerzo y a mis goles. Siento que puedo mejorar en casi todo, soy muy joven; sobre todo en ciertos movimientos dentro del área y en el tema de la finalización ante la portería”.

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Esa autocrítica está bien tirada. No va de cara a la galería. Reconoce que tiene margen, que le falta afinar en el área y que la finalización es una de las cosas que más debe pulir. Y eso, dicho por un delantero joven, siempre tiene valor.

Roberto sabe que el problema no está solo en el gol

La charla deja una idea bastante clara: Roberto no vive encerrado en su mala racha particular, sino que entiende el contexto colectivo. Sabe que el Espanyol está metido en una fase fea, de esas en las que casi todo cuesta el doble, y que la única salida real pasa por ganar de una vez. Por eso insiste en la confianza del grupo y en la necesidad de activar el chip cuanto antes.

Lo dijo con bastante contundencia: “Hay que hablar menos y trabajar más, hay muchísima confianza y estamos trabajando para volver a ser el equipo que fuimos; lo vamos a lograr. Desde la jornada 1 queremos cerrar la cifra de la salvación; cuanto antes la podamos cerrar, mejor, porque luego sabemos que podemos aspirar a algo más. La confianza que tenemos es que, a la mínima victoria que logremos, el chip se va a activar. Hicimos una racha demasiado buena, pero ahora el bajón está siendo muy fuerte. El fin de temporada seguro que irá mejor”.

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Y esa es, seguramente, la gran esperanza del vestuario. Que una sola victoria lo cambie todo por dentro. Que corte el nudo, que limpie la cabeza, que permita volver a jugar sin tanta carga encima.

El Oviedo, otra vez, como punto de inflexión

Cada jugador que habla estos días acaba regresando al mismo sitio: el partido contra el Oviedo. Y Roberto no es una excepción. Se nota que el vestuario tiene ese encuentro marcado en rojo. No como una final dramática en términos matemáticos, pero sí como una noche que puede cambiar muchas cosas. Ganar sería frenar el golpe, volver a mirar hacia arriba y dejar atrás este tramo tan áspero.

roberto oviedo espanyol

Para un delantero como él, aparte, sería el escenario ideal para volver a sentirse importante. Porque los goles curan bastante más de lo que se dice. Y si Roberto marca en un partido así, no solo recuperaría protagonismo; también volvería a colocarse en ese lugar del que ahora le ha desplazado un poco el acierto reciente de Kike García.

Carlos Romero, Omar y un vestuario que va bastante unido

También hubo espacio para hablar de otros compañeros. Sobre Carlos Romero, Roberto fue directo y generoso: “Sobre Carlos Romero, creo que tiene nivel para la selección española y lo está demostrando; nos está aportando mucho este año y me alegro mucho por él, es muy buen chaval”.

Y sobre Omar El Hilali, con todo el ruido reciente, dejó una frase corta pero bastante expresiva: “Respecto al asunto de Omar El Hilali, al ver su reacción es por algo que ha pasado, porque él no suele ponerse así. Estamos con él“.

Son respuestas que refuerzan una sensación: pese al bache, el vestuario no transmite fractura ni desánimo terminal. Hay fastidio, claro. Hay necesidad. Hay urgencia. Pero también se percibe grupo, respaldo interno y ganas de salir juntos del barro.

“El Espanyol es como si fuera mi casa”

Y luego está el tema emocional, que quizá es lo más potente de toda la entrevista. Porque Roberto Fernández no habla del Espanyol como un destino pasajero ni como una simple etapa profesional. Lo verbaliza con cariño y cercanía. Lo dice así: “Estoy muy a gusto en el Espanyol, es como si fuera mi casa. Es una familia y estoy muy contento de estar aquí. Me quedo con la permanencia, aquí he encontrado mi sitio; también me quedo con la racha de cinco partidos ganados seguidos. Quiero mejorar mis cifras como delantero y, a nivel de equipo, cumplir el objetivo y quedar lo más arriba posible”.

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Esa frase, en un momento así, tiene bastante valor. Porque cuando un delantero no marca, lo fácil sería encerrarse en su caso particular, mirar por uno mismo y esperar que pase la tormenta. Roberto, en cambio, pone por delante al grupo, al club y al objetivo de la permanencia.

Un delantero al que se le puede discutir el gol, pero no la entrega

Y seguramente esa es la idea que mejor resume su situación. Roberto Fernández está en deuda con el gol, sí. Le falta volver a acertar, volver a aparecer en el área con esa contundencia que distingue a los delanteros que cambian partidos. Tiene competencia fuerte con Kike García, que llega con mejores números recientes y con ese colmillo que ahora mismo le está dando mucho al Espanyol.

Pero también hay una verdad bastante evidente: a Roberto se le puede reprochar la falta de acierto, no la falta de implicación. Corre, aprieta, pelea, se ofrece, se vacía. Luego está el fútbol, que a veces te da muy poco aunque te dejes todo.

El tramo final, entre la necesidad y la esperanza

La entrevista en Radio MARCA deja una imagen bastante nítida del delantero andaluz. Un chico joven, metido de lleno en la pelea, autocrítico, con hambre y bastante conectado a lo que pide el momento. No suena derrotado, ni mucho menos. Suena más bien a jugador que sabe que está en una fase incómoda, pero que sigue creyendo que el giro puede llegar de un momento a otro.

Y seguramente en eso se parece bastante al propio Espanyol. Un equipo que no termina de salir del bache, que arrastra demasiado ruido y demasiados tropiezos, pero que sigue convencido de que una victoria puede encenderlo todo otra vez.

Roberto necesita el gol. El Espanyol necesita ganar. Y quizá una cosa termine llevando a la otra.