Hay jugadores que pasan por un club… y otros que se quedan. Pere Milla está en ese segundo grupo. No por marketing ni por discursos vacíos, sino porque transmite algo muy reconocible: verdad. En la entrevista concedida a La Vanguardia, el delantero del Espanyol se muestra tal cual es, sin maquillaje, y deja una frase que explica por qué la grada tras un inicio complicado le ha cogido tanto cariño: “La gente me quiere porque creen que estoy zumbado”.
Dicho así puede sonar a broma, pero en realidad define bastante bien su forma de competir. Milla es de esos futbolistas que viven cada balón como si fuese el último, que protestan, corren, se tiran de cabeza a todo y celebran los goles con esa mezcla de rabia y felicidad que engancha. Él mismo lo resume entre risas: la afición lo ve “como un zumbado de la cabeza… como que estoy loco”.
Del infierno al cielo en un año
Hace no tanto, su nombre generaba dudas. Hoy pese a que lleva semanas reñido con el gol es el pichichi del equipo con seis goles. Ese cambio no es casual. Tiene que ver con constancia, con carácter y con una historia personal poco habitual en la élite.

El propio Milla recuerda que su camino no fue directo ni cómodo. Mientras otros debutaban jóvenes en Primera, él jugaba en categorías modestas… y hasta recogía fruta en verano. Por eso ahora insiste en que disfruta cada minuto: “Me ha costado mucho llegar hasta aquí y creo que por eso lo disfruto tanto”. Se nota cuando habla. Y se nota aún más cuando juega.
El VAR, los arbitrajes y la sensación de injusticia
Uno de los temas más calientes fue el arbitraje, algo que lleva semanas marcando la actualidad perica. Milla no se esconde. Considera que la herramienta tecnológica no está funcionando como se esperaba y lo dice sin rodeos: “El VAR es una buena herramienta pero putea a los árbitros y no ayuda como se esperaba”.

Su reflexión va más allá del enfado puntual. Cree que genera confusión incluso entre los propios colegiados, que no siempre saben cuándo intervenir. Y desde el punto de vista del futbolista, lo peor es la sensación de injusticia: ver acciones claras que no se corrigen o decisiones que cambian partidos.
La portería a cero, la obsesión del vestuario
Si algo repite Milla cuando habla del equipo es la necesidad de recuperar solidez. Para él, no hay misterio ni fórmulas mágicas: la clave está en dejar la portería a cero. Dice que es algo que deben “grabarse a fuego”, porque a partir de ahí llegan los resultados.
Es una idea muy de vestuario, muy de equipo que sabe que ha perdido consistencia en este tramo de la temporada. No suena a frase hecha; suena a diagnóstico real.
Un carácter que a veces trae problemas… y muchas anécdotas
Milla reconoce que siempre ha sido de decir lo que piensa. Eso le ha costado broncas, discusiones y algún momento incómodo. También ha protagonizado escenas surrealistas, como aquella vez que le enseñó una tarjeta amarilla a un árbitro después de recogerla del suelo. Él mismo lo cuenta con humor, como si fuese una travesura de patio de colegio más que una polémica profesional.

También admite errores, como cuando llamó “eres malísimo” a Hernández Hernández. No intenta justificarse: dice que fue un calentón y que pidió disculpas después. Esa mezcla de impulsividad y honestidad es parte del personaje.
Una historia de película… incluso fuera del campo
Su carrera incluye episodios que parecen sacados de una serie. Uno de los más llamativos ocurrió en Sudáfrica, cuando jugaba en el Platinum Stars. Durante un traslado, un coche policial empezó a perseguirlos. No eran agentes: eran ladrones que utilizaban vehículos de expolicías para asaltar turistas. Lograron escapar por carreteras secundarias y poco después decidió volver a España.
No es la típica historia de cantera, ascenso y éxito. Es más caótica, más humana… más “zumbada”, como diría él.
Objetivo claro: 42 puntos y nada más
En plena conversación sobre aspiraciones, Milla pone los pies en el suelo. Nada de mirar a Europa ni de hacer cuentas fantasiosas. Su mensaje es cristalino: “El objetivo es llegar a 42 puntos y el que piense más allá ahora mismo o antes está equivocado”.
Entiende que la afición sueñe -“después de donde venimos, ¿cómo no van a pensar en Europa?”-, pero dentro del vestuario prefieren prudencia. Primero asegurar la permanencia. Luego ya se verá.
Un perico que quiere quedarse
La entrevista se cierra con una declaración que gustará mucho en Cornellà. Cuando le preguntan si le gustaría terminar su carrera en el Espanyol, no duda: “Sí, siempre lo he dicho. Y creo que queda Pere Milla para rato”.








