OPINIÓN | El proceso del “pre cese”: la dura reflexión de Alberto Capilla sobre la crisis del Espanyol

26 de octubre de 2026
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Resumen: Alberto Capilla firma una reflexión especialmente dura sobre la crisis del Espanyol y el proceso que rodea al posible cese de Manolo González. El opinador critica la actitud de algunos futbolistas, especialmente Leandro Cabrera, al que responsabiliza de errores que han perjudicado al equipo, y cuestiona que Omar El Hilali defienda públicamente la continuidad del entrenador. Para Capilla, el problema va mucho más allá de la derrota ante el Racing: el Espanyol lleva demasiado tiempo instalado en una dinámica de decepciones, malos partidos y falta de respuestas. Su mensaje también apunta directamente a Alan Pace y Monchi, a quienes exige decisiones para evitar que la situación siga empeorando.

Cinco claves de la opinión de Alberto Capilla

    • El proceso del “pre cese”: Capilla describe la incertidumbre sobre el futuro de Manolo González y la paradoja de que quienes más lo defienden también contribuyan, con sus errores, a complicar su continuidad.
    • Cabrera, en el centro de las críticas: señala al capitán por su actuación en Santander, sus errores con el balón y sus declaraciones contra quienes cuestionan su rendimiento.
    • El respaldo de Omar a Manolo: cuestiona que El Hilali no entienda un posible cese del entrenador cuando, a juicio del autor, los resultados justifican plenamente un relevo.
    • Pace y Monchi, ante su responsabilidad: considera que los responsables deportivos tienen una oportunidad para poner fin a la situación y advierte de que también serán responsables si no actúan.
    • La afición, por encima de todo: cierra con una reivindicación del espanyolismo, asegurando que los seguidores continuarán al lado del club pese a su hartazgo con el rendimiento del equipo.

El proceso del “pre cese”

Creo que fue Lenin, y si es así lo he olvidado, quien dijo que hay días que parecen años y años que parecen días.

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El Espanyol ejemplificó en el Sardinero el eterno retorno de la oportunidad perdida, la desidia y la tristeza en un nuevo partido que representa a la perfección ese viejo mantra perico donde siempre pasa lo mismo cuando en realidad no pasa nada, o sea, lo de siempre.

Quién nos iba a decir que los mismos escuderos que defendían a Manolo cuales legionarios (con los míos, como en la legión, tengan o no razón) serían los mismos que le arrojarían a un precipicio que, quién sabe, a la fecha de quién escribe estas líneas, no se sabe si acabará en resbalón o caída, o sea cese. Todo ello en un domingo de pausa en el club y hastío en todos nosotros.

Basta un ejemplo: la misma semana en la que Leandro Cabrera sale en rueda de prensa a defender(se) a Manolo con un deleznable “los que que me critican no están aquí”, él mismo representa como nadie la autodestrucción del Espanyol en este año y en este partido en el Sardinero: su pase a la nada con la izquierda y su pase al contrario con la derecha. El sábado, un error suyo, el enésimo, con ese pase con su diestra, que es igual de siniestra que la otra, provocó una jugada que acabó en córner, y en gol, y en derrota y quizá con Manolo. Y con nuestra paciencia, puesta a prueba últimamente hasta el extremo de la náusea. Un momento que explica un año entero y toda una etapa. Mi reino por un caballo que dijo Shakespeare. Quién nos iba a decir que su máxime representante en el campo y defensor en rueda de prensa, porque no en el campo, sería también verdugo de su caída y epitafio de su cese.

En este Espanyol cíclico, que regurgita sus propias desgracias cada semana, observamos además con estupor cómo Omar no lograría entender el cese de Manolo cuando la realidad es que todos los demás lo que no entendemos es que siga en el cargo. Pero qué sabremos nosotros que llevamos día sí y día también tragándonos partidos horribles y excusas aún peores, al menos durante este año natural, faltos de alegrías y huérfanos de victorias.

Desconozco qué futuro tendremos pero lo cierto es que este pasado es derogable por vomitivo cuando no por inaceptable. Pace y Monchi tienen ante sí una oportunidad histórica: no participar del esperpento porque, de lo contrario, serán los responsables.

Un Espanyol tan tardío en la respuesta, sin cese de Manolo aún, como precoz para inmolarse a las puertas de Halloween: ya es un muerto viviente, castañazo mediante.

Por cierto, ya me adelanto: los jugadores nos dirán que ahora necesitan a la afición más que nunca. Descuidad, ahí estaremos. Porque el Espanyol somos nosotros, no vosotros.

Alberto Capilla