Manolo González está cumpliendo con creces, pero sigue esperando los fichajes que pidió. Mientras en los despachos sigue sin cerrar movimientos a pocos días del cierre del mercado, el técnico del Espanyol mantiene al equipo quinto, compitiendo por Europa con una plantilla que ni de lejos está entre las más potentes de LaLiga. Y en medio de ese escenario, entre la paciencia forzada y la presión que algunos ya le ponen encima tras el bache de resultados, ha aparecido un retrato inesperado que lo describe a la perfección: el que ha hecho de él Keita Baldé, un exfutbolista suyo con el que apenas coincidió… y jugó.

A la espera de refuerzos
Aun que se confía que pronto haya noticias, el Espanyol sigue sin anunciar a día de hoy ni una sola incorporación en este mercado invernal. Y eso que Manolo fue claro hace ya semanas: el equipo necesita ayuda. La plantilla ha dado un bajón a nivel de resultados en enero, eso es un hecho (1 punto de 12 posibles en este 2026), pero aún así se mantiene en posiciones de privilegio. Las derrotas ante Girona y Valencia han dolido, más por la incidencia de los factores externos con especial incidencia de los errores arbitrales, que por el juego. Y ahora, cuando se le debería reforzar para el esprint final, el club sigue sin moverse de verdad, más allá del posible interés por Cyril Ngonge, que aún no está cerrado ni se sabe si vendría solo o con alguien más.

Un tipo que se ha ganado el respeto de todos
Con poco, Manolo está haciendo mucho. No solo ascendió al equipo cuando ya nadie lo esperaba tras el paso de Ramis por el banquillo, también logró la permanencia un año más tarde y ahora tiene al equipo soñando con Europa. Y eso con un vestuario sin cracks mediáticos, pero que está a muerte con su entrenador. Mientras algunos en el entorno dudan de él en cuanto llegan las malas rachas, otros lo defienden con firmeza. Y no solo desde dentro del vestuario.

Ahí es donde aparece Keita Baldé, un jugador que estuvo a sus órdenes en la 23-24 y que no tuvo precisamente protagonismo. Pero a veces no hace falta jugar mucho para conocer bien a una persona. En una entrevista en Post United, Keita le dedica un retrato sencillamente brutal: «Me encanta, el Manolo es uno con dos huevos así de grandes, es un grande, te lo juro. Número uno, y otro que habla las cosas como son. Yo le he tenido de entrenador y tenemos muy buena relación. Manolo, te puede gustar o no gustar, es otra cosa, a mí me gusta, y como persona aún más. Porque Manolo es uno que ni rodeos ni tonterías, derecha, derecha, izquierda, izquierda. Lo aprecio, lo respeto, y te habla en la cara lo que hay, te guste o no te guste».
«Es un luchador de la vida»
Keita no se queda en elogios fáciles. Va más allá. Habla de lo que hay detrás del Manolo técnico, del tipo que peleó desde abajo para llegar hasta aquí: «Es una persona que se ha curtido, que se ha arremangado. Ha tenido suerte, constancia, todo junto. Es un luchador, es un luchador de la vida. Esos son ejemplos, y esas son personas que respeto y que aprecio. Es una persona top».

Y es que al final, más allá de los esquemas, los planteamientos de partido o las ruedas de prensa, lo que hace fuerte a este entrenador es que es de verdad, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. No finge, no posa, no engaña a nadie ni lo pretende. Manolo es lo que ves, te guste o no.
El Espanyol haría bien en escucharle
Y mientras tanto, el técnico sigue esperando. Esperando que desde los despachos dejen de mirar hacia otro lado y le den lo que ha pedido para competir hasta el final. No pide lujos, ni fichajes de relumbrón. Solo lo que necesita para tapar carencias que están ahí y que el mismo cuerpo técnico ha detectado.

Porque lo peor que podría pasarle al Espanyol ahora no es encadenar otra derrota, sino desgastar la figura de un entrenador que se ha ganado todo lo que tiene. Y si algún día decide hacer lo que le aconsejó Javier de Haro en Esports COPE, irse con un «adiós muy buenas» si no le dan los refuerzos que ha pedido, más de uno posiblemente se tirará de los pelos pensando en si hizo todo lo posible para cuidar a uno de los mejores técnicos que han pasado por el banquillo de Cornellà-El Prat en los últimos años.







