Hay un detalle curioso que aparece cuando se revisan las dos temporadas del Espanyol en Primera bajo la dirección de Manolo González. En un momento determinado de ambos cursos el equipo ha vivido una dinámica paecida: un tramo de resultados muy positivos seguido de una caída pronunciada en forma de racha negativa.

No se trata de una coincidencia aislada. El mismo esquema se produjo la pasada temporada y vuelve a aparecer ahora, lo que invita a mirar con cierta perspectiva lo que está viviendo actualmente el conjunto blanquiazul.
La temporada 2024-25: reacción tras un inicio complicado
El Espanyol regresó a Primera División en la temporada 2024-25 con muchas dificultades. El arranque fue muy duro y el equipo cerró el año natural de 2024 en puestos de descenso, con 15 puntos en 18 jornadas, once derrotas y 30 goles encajados.
A partir de enero la dinámica cambió por completo. El equipo reaccionó con una segunda vuelta muy sólida. El Espanyol perdió únicamente dos de sus 14 primeros partidos de 2025 y sumó 24 puntos en ese tramo, lo que permitió al conjunto perico acercarse con claridad al objetivo de la permanencia.

El crecimiento de varios jugadores y la llegada de refuerzos en el mercado de invierno contribuyeron a estabilizar al equipo.
El bache final que obligó a decidir la permanencia en la última jornada
Hubo un momento en que el Espanyol parecía haber dejado atrás todos sus fantasmas. Fue en abril, en uno de esos tramos en los que todo sale. El equipo ganaba, competía y transmitía una seguridad que hacía tiempo que no se veía. La victoria ante el Getafe en el RCDE Stadium fue el punto culminante de aquella sensación de liberación colectiva.
El equipo festejó ese día con la grada. Aplausos, sonrisas, la sensación de que lo peor había pasado. Quedaban siete jornadas y la permanencia parecía hecha. Tanto que en algunos rincones del espanyolismo se empezó a mirar un poco más arriba. Europa sonaba exagerado, pero tampoco parecía una locura total después de haber pasado media temporada viviendo en el subsuelo de la clasificación.

El equipo se apoyaba entonces en una identidad muy clara. La base de canteranos impulsada por Manolo González, las paradas espectaculares de Joan García, los goles de Puado y el aire nuevo que habían dado los fichajes de invierno: Urko González de Zárate y Roberto Fernández. Todo parecía encajar. El relato había cambiado: de un futuro oscuro a uno que empezaba a brillar.
Pero aquel optimismo tenía algo de frágil.
El club seguía viviendo una realidad institucional complicada. Chen Yansheng llevaba tiempo lejos de Barcelona y su inversión en el Espanyol -cerca de 200 millones de euros en ocho años- no había tenido retorno económico. En el entorno era un secreto a voces que esperaba una oferta para vender el club. Esa sensación de provisionalidad flotaba en el ambiente.
En lo deportivo, el equipo había encontrado una energía nueva con Manolo González. El técnico logró activar al grupo, darle carácter y competitividad. El Espanyol volvió a sentirse equipo. Pero la plantilla seguía teniendo evidentes limitaciones. Y cuando llegó el golpe, lo hizo de forma brusca.
Hasta ese momento el equipo venía de una serie muy sólida de resultados: empate ante el Atlético en casa (1-1), victoria contundente en Vallecas (0-4), triunfo en Balaídos ante el Celta (0-2) y victoria frente al Getafe en Cornellà (1-0). Incluso se rascó un punto en Mestalla (1-1) que parecía acercar definitivamente la permanencia. Y justo ahí, cuando el objetivo parecía al alcance de la mano, el equipo se vino abajo.

Primero cayó en La Cerámica ante el Villarreal (1-0). Después llegó el Betis al RCDE Stadium y ganó 1-2. La derrota en Butarque frente al Leganés (3-2) agravó la situación. Luego llegaron el 0-2 ante el Barça en casa y el 2-0 en El Sadar contra Osasuna. Cinco derrotas seguidas. Una caída en picado que cambió por completo el paisaje.

De repente el Espanyol volvía a mirar la clasificación con preocupación. Aquella tranquilidad que se respiraba semanas antes desapareció. La permanencia, que parecía casi firmada, se convirtió en una urgencia.
El desenlace llegó en la última jornada. El Espanyol se jugaba todo ante una UD Las Palmas ya descendida. El 2-0 final aseguró la salvación, pero no sin tensión. Fue uno de esos partidos que el estadio vive con el corazón en un puño hasta el último minuto.

Aquella tarde se celebró con alivio más que con euforia. El Espanyol seguía en Primera. Pero también quedó una lección que todavía pesa en el vestuario: en este equipo, cuando la dinámica se rompe, recuperarla cuesta mucho.
La temporada actual: una dinámica que recuerda a la del año pasado
El desarrollo del presente curso guarda algunos paralelismos con aquel escenario. El Espanyol cerró 2025 en una situación muy positiva. La victoria en San Mamés permitió al equipo alcanzar los 33 puntos y situarse en la quinta posición de Primera División, con un margen importante respecto a sus perseguidores.

El equipo atravesaba uno de sus mejores momentos competitivos y la clasificación invitaba a pensar en un final de temporada ilusionante, luchando por algo tan atractivo como Europa..
El cambio de tendencia en 2026
El inicio de 2026 ha traído un cambio claro en la dinámica de resultados. Desde el primer partido del año el Espanyol ha entrado en una racha negativa que se ha prolongado hasta la actualidad.
Los números son elocuentes: cuatro puntos de los últimos treinta posibles y diez partidos consecutivos sin conocer la victoria, con seis derrotas y cuatro empates.
El 1-1 ante el Oviedo, colista de la categoría, volvió a reflejar las dificultades actuales del equipo para transformar su dominio en resultados.
La primera vuelta sigue sosteniendo la clasificación
A pesar de la mala racha, el Espanyol mantiene una posición relativamente tranquila en la tabla gracias al colchón de puntos construido durante la primera mitad del campeonato.
La notable primera vuelta permite al equipo seguir en la zona media de la clasificación, lejos de los puestos de descenso, aunque la dinámica reciente invita a no relajarse en este tramo final del curso.
El reto para Manolo González
La situación actual plantea un reto que recuerda al vivido el año pasado. En aquella ocasión Manolo González logró reconducir una dinámica complicada y llevar al equipo hacia la permanencia.

Ahora el desafío vuelve a ser similar. El calendario presenta partidos exigentes y el Espanyol necesita recuperar resultados cuanto antes para evitar que la mala racha tenga consecuencias en la clasificación.
El recuerdo de la recta final del curso pasado sigue presente en el vestuario, lo que refuerza la idea de asegurar el objetivo lo antes posible.







