El 15 de marzo espera Son Moix. Y lo que se va a encontrar allí el RCD Espanyol no es precisamente un rival tranquilo. El RCD Mallorca, tras peder ante la Real Sociedad, es ahora mismo 18º, a dos puntos de la permanencia, metido en una espiral que asusta.
Han cambiado de entrenador. Salió Jagoba Arrasate y ha entrado otro viejo conocido perico, Martín Demichelis. Pero el relevo, que aún no ha sido efectivo, no ha frenado la hemorragia. El equipo bermellón transmite nervios, fragilidad, miedo. Y cuando el miedo entra en el campo, todo pesa el doble.
Darder, de escapar del sufrimiento a volver a vivirlo
En medio de ese paisaje aparece un nombre que en Cornellà todavía remueve cosas: Sergi Darder. El de Artà salió del Espanyol en verano de 2023 tras el descenso. Fue una salida dura, discutida, emocionalmente compleja. Él mismo lo explicó sin rodeos: «Me quería ir y forcé mi salida, yo no quería renovar«. También admitió: «No voy a mentir, yo me quería ir y yo forcé mi salida, no forzar de poner una pistola o no entrenar ni mucho menos, simplemente ir al entrenador y decirle no quiero estar aquí».

Quería escapar de ese desgaste. De esa montaña rusa. En su despedida escribió: «Por salud personal y familiar he necesitado dar un paso al lado«. Y añadió algo que muchos pericos recuerdan: «Le voy a estar toda la vida agradecido al Espanyol, siempre seré del Espanyol, porque para mí es un club que me ha dado muchísimo».
La ironía es cruel. Se fue para no volver a vivir un descenso. Y ahora está otra vez mirando al abismo.
“Pedazo de vago”, “No tenéis sangre”: la grada de Son Moix estalla
Anoche, en El Día Después, las cámaras mostraron un plano que duele. Darder, cabizbajo, gesto apagado. Y de fondo, una lluvia de insultos: «Pedazo de vago», «hijo de p…», «Que os tocáis los cojones», «No tenéis sangre», «Sois una p… banda de mercenarios», «Dais pena», «Nos vamos al hoyo», «no tenéis coj…», «Ni habéis dado la cara, perros», «Chupa perros, da la cara», «Eres un cobarde».
Esto no es fútbol.
Los insultos a Sergi Darder. #ElDíaDespués pic.twitter.com/9RfqtCO7PV
— El Día Después en Movistar Plus+ (@ElDiaDespues) March 2, 2026
No es una frase suelta. Es un ambiente. Es una grada perdiendo la fe. Después, la locución del programa lo resume con crudeza: «Es el resultado de una caída libre que no ve el final». Y añade: «Demichelis desde el palco es testigo de ello». «El encargado de devolverle el pulso a un Mallorca que últimamente cuenta sus partidos como páginas de sucesos».
La narración sigue golpeando: «Cada salida, un laberinto. 35 pérdidas de balón en el camino hacia la salvación». «11 jugadores buscando respuestas y donde sólo encuentran más preguntas y un nerviosismo instalado en cada jugada que atenaza». Y una frase que retrata el momento: «Un círculo vicioso que no cesa y que contagia a una grada que minuto a minuto va perdiendo la fe».
Sergi Darder no escondió el golpe tras la derrota ante la Real Sociedad y habló con crudeza sobre el momento que vive el Mallorca. “Estamos jodidos. Dolidos por nosotros y por ellos”, dijo en referencia al vestuario y a la afición, reconociendo que el equipo atraviesa una etapa complicada también en lo anímico. Admitió que “No queda otra que seguir confiando y mejorar. Tampoco hemos tenido esa pizca de suerte, pero la suerte hay que buscarla”, y explicó que el partido se torció tras el 0-1: “Hasta el 0-1 la cosa estaba tranquila, pero nos metieron el gol y nos empezamos a desajustar”. También tuvo palabras para la salida de Jagoba Arrasate -“Ha sido una semana muy dura. Arrasate ha sido una persona increíble y le va a ir bien. Nos ha dejado un vacío”- antes de dejar claro el mensaje final: “Necesitamos resultados, otra cosa no vale”.
Son Moix, presión máxima y un reencuentro incómodo
El calendario ha querido que el Espanyol visite Son Moix en plena tormenta balear. Y en el centro de esa tormenta está Darder. No es el único responsable, claro. El fútbol nunca es tan simple. Pero cuando el equipo se hunde, alguien acaba señalado. Y ahora mismo, en la isla, muchos dedos apuntan hacia él. La locución lo deja en el aire: «Ahora mismo cuesta saber quién, además del míster, se ve capaz de tirar del carro».
El 15 de marzo no será un partido más. Será un choque con nervios, con urgencias y con fantasmas recientes. Para el Espanyol, una oportunidad. Para el Mallorca, casi una final. Y para Darder, quizá, otra tarde de esas en las que el fútbol deja de ser un juego y se convierte en una carga pesada a nivel emocional.







