En Vallecas no solo se ganó un partido. Se firmó un manifiesto. El Espanyol no solo jugó bien, sino que dejó claro que está muy vivo, con jugadores en plena forma y con carácter. Uno de esos nombres propios fue el de Leandro Cabrera, protagonista destacado en una noche de esas que no se olvidan. No solo abrió el marcador con un gol de esos que se gritan con rabia, también alcanzó los 200 partidos con la camiseta blanquiazul. Un número redondo para un tipo que no siempre lo ha tenido fácil.

El central uruguayo está en plena reivindicación. Después de pasar por etapas en las que fue señalado -y a veces con una dureza injustificada-, el Lele ha vuelto por sus fueros. Y no solo ha vuelto: de la mano de un Marash Kumbulla con el que por fin el Espanyol ha vuelto a tener una dupla de centrales confiable, se ha hecho dueño del área, del vestuario y, en cierto modo, también del corazón de una afición que antes lo miraba de reojo y ahora lo aplaude sin disimulo. Cosas del fútbol.
Manolo González no tiene dudas. “Para mí es un jugador indispensable. Habrá gente que no esté de acuerdo, pero desde que llegué aquí me ha ayudado mucho. Es un referente dentro de un vestuario con gente muy joven. Acaba contrato este año y está compitiendo y entrenando como un animal”, manifestaba en sala de prensa recientemente. Y este mismo sábado, en entrevista a Catalunya Ràdio, se reafirmaba en términos parecidos: “Yo puedo hablar del tiempo que yo llevo aquí, no me gusta hablar de situaciones anteriores. Desde el momento en que he llegado el rendimiento es muy bueno, muy alto; el año pasado fue clave para el ascenso, porque defendimos muy alto y en campo abierto, y al defender el área fue importante. Para mí el nivel que está dando es muy bueno y me alegro mucho por él, al final sabemos cómo va el fútbol, cuando estás mal te caen palos y se está ganando que la gente hable bien de él por su rendimiento, como debe ser”. Palabra de entrenador. Cabrera es de esos que no hacen ruido, pero sin los que el equipo no funciona. Y ahora mismo está firmando una de sus mejores temporadas desde que aterrizó en enero de 2020.
Sus números este curso no son cosa menor. Tres goles y una asistencia. Eso lo convierte, ni más ni menos, en el central con más participaciones directas en goles de toda LaLiga, por delante de nombres como Dani Vivian y Aitor Paredes -tres goles sin asistencias-, y Pau Cubarsí -sin goles, pero con tres asistencias-.
Ha aportado más en ataque que muchos delanteros, y no hablamos solo del Espanyol. En el propio equipo, solo Puado ha marcado más que él. Y ojo, que estamos hablando de un central.
Pero si por algo está brillando Cabrera es por su solidez defensiva. Apenas hace faltas, gana la mayoría de los duelos aéreos y tiene un porcentaje altísimo de pases acertados. En resumen: es un muro con criterio. De esos que, cuando están bien, contagian seguridad al resto del equipo.
Claro que, como toda historia de redención, la suya tiene también sus sombras. La imagen suya riendo con Diego Martínez tras la derrota contra Las Palmas aún escuece en parte de la afición. “La imagen de la vergüenza”, la llamaron algunos. Pero el fútbol tiene memoria corta cuando llegan los resultados, y Cabrera ha sabido darle la vuelta a esa narrativa. No respondió con palabras. Lo hizo sobre el césped. Y eso siempre vale más.

Ahora bien, aquí viene la gran incógnita: ¿y su renovación? Porque Cabrera acaba contrato en nada y que se sepa, nadie desde el club ha movido ficha. Ni un gesto, ni una pista, ni una filtración. Nada. Y eso, en medio de su mejor momento, suena a contradicción. ¿De verdad va a dejar escapar el Espanyol a un jugador que lo está dando todo, justo cuando más se le necesita?
Sería raro. Sería injusto. Sería… muy de este Espanyol al que a veces le cuesta tanto cuidar lo que funciona. Pero aún hay tiempo. Y si alguien se ha ganado la oportunidad de seguir, ese es Lele Cabrera. Porque ha pasado del centro de la crítica al centro del área, y desde ahí, ha empezado a escribir una historia que, ojalá, no acabe en junio.
En Vallecas marcó el 1-0. En la tabla, ha sumado siete puntos con sus goles. Y en el vestuario, su voz se escucha más que nunca. No hace falta decir mucho más. Bueno, sí: que si hay justicia, lo mínimo es que siga. Porque el Lele de ahora no solo defiende. Lidera.







