Joan Capdevila ha pasado este martes por los micrófonos de La Grada Ràdio para contar una historia que, vista desde fuera, parecía bastante más misteriosa de lo que fue. El exjugador del Espanyol tuvo problemas para viajar a Estados Unidos y asistir a la final del Mundial entre España y Argentina por un asunto relacionado con una visita antigua a Irán. “Al final no fue nada del otro mundo, como estuve hace 10 años en Irán jugando un partido se ve que has de hacer un visado especial, y no me daba tiempo. Ese fue el problema, ni me vetaron ni es que no me dejaron entrar, era tema del visado, a la desesperada tiré un balón al aire y me salió bien”.
El viaje con sus hijos estuvo en peligro hasta el último momento
Capdevila recibió el aviso cuando apenas quedaba margen para reaccionar. El viaje tenía todavía más carga emocional porque iba acompañado por sus hijos, así que quedarse fuera habría sido un golpe difícil de digerir. Lo que parecía una escapada familiar hacia una final histórica terminó convirtiéndose en una carrera contrarreloj entre llamadas, gestiones y puertas que había que intentar abrir casi de madrugada.
Alan Pace y el Espanyol se movilizaron para ayudarle
En ese momento apareció la ayuda de Alan Pace y del propio Espanyol. Capdevila quiso agradecer públicamente la rapidez con la que todos se pusieron a trabajar para encontrar una solución: “Me comunicaron el viernes a las 9 y media de la noche lo que pasaba y necesitaba ese visado, me hacíaa mucha ilusión porque iba con mis hijos. Desde el primer momento el club me llamó y puso todas las facilidades, Alan Pace también, estuvimos en contacto todo el día y le he de agradecer esa rapidez por ayudarme, sé que hizo pasos con la Casa Blanca para ayudarme y le estaré eternamente agradecido, y al club también”.
Un gesto de Pace que Capdevila no piensa olvidar
La historia también deja una imagen humana alrededor del máximo responsable de VSL. No era una operación deportiva ni una negociación institucional, sino ayudar a una figura muy querida por el espanyolismo para que pudiera vivir la final junto a su familia. Capdevila dejó claro que ese detalle tuvo para él un valor enorme, sobre todo porque sus hijos podían haber terminado viajando sin su padre.
Cucurella, el heredero espiritual de Capdevila
La conversación también permitió hablar de Marc Cucurella, uno de los grandes protagonistas del triunfo de España. Capdevila lo ve como una especie de descendiente espiritual: lateral izquierdo, carismático, peculiar y con una forma muy natural de vivir el fútbol. “Le pude hacer una entrevista en Las Rozas antes de su viaje, es un tipo muy claro y transparente, me cayó muy bien, ahora sabemos que el próximo lateral izquierdo del Espanyol ha de ser así porque si no, no ganaremos nada, ha de ser un perfil así”.
La moneda enterrada volvió a aparecer antes del Mundial
La conexión entre ambos fue todavía más curiosa por una superstición nacida en 2010. Capdevila recordó que, antes de aquella final de Sudáfrica, el padre de su mujer le pidió que enterrara una moneda en el campo. Le pareció una locura, pero lo hizo por si acaso. Años después decidió trasladar la tradición a Cucurella: “En el Mundial 2010 el padre de mi mujer dijo que para ganar debía enterrar una moneda en el campo, me parecía una locura pero la enterré, no fuese que perdiésemos por eso. Entonces, al acordaremos le envié un mensaje a Cucurella de que debíamos hacerlo, pensaba que no pero lo hizo. Y tuvo final feliz”.
Una superstición absurda hasta que acaba funcionando
El fútbol tiene esas cosas. Nadie puede demostrar que una moneda enterrada cambie nada, pero nadie quiere cargar con la culpa de no haberla colocado y que luego la final termine mal. Cucurella siguió el ritual, España ganó y Capdevila ya tiene una nueva historia para contar durante años. La lógica puede esperar cuando una superstición acaba levantando una Copa del Mundo.
Capdevila reparte el mérito entre todo el equipo español
El exlateral quiso evitar que toda la historia girara únicamente alrededor de Cucurella o de una anécdota concreta. Para él, el título fue fruto del trabajo de todo el grupo dirigido por Luis de la Fuente. Un equipo que terminó haciendo feliz a muchísima gente y que supo responder en el escenario más grande posible.
El campeón del mundo logró colarse en el césped tras la final
La noche todavía guardaba otro capítulo bastante propio de Joan Capdevila. Una vez terminado el partido, el acceso al terreno de juego estaba reservado a los familiares. Él no entraba, en teoría, dentro de esa categoría. Eso no le frenó demasiado: “Al acabar el partido solo dejaban entrar al campo a los familiares, y me dije, ¿cómo puede ser que me cuele en Estados Unidos y no en el campo? No sé cómo me lo hice, pero acabamos toda la familia en el campo. Soy el pequeño Nicolás ya…”.
Una final vivida desde dentro junto a toda su familia
Capdevila terminó sobre el césped con sus hijos, rodeado de futbolistas y familiares, disfrutando de una imagen que pocas veces se repite en la vida. “Fue muy bonito, muy emotivo, vivir esa final en primera persona es único, es lo que he vivido toda la vida, era una oportunidad que no podía dejar escapar”. Para alguien que ya sabe lo que es ganar un Mundial, aquella noche tuvo otro tipo de valor: compartirla desde dentro con su familia.
El agradecimiento final al Espanyol y a Alan Pace
Antes de despedirse, volvió a recordar la ayuda recibida durante aquellas horas de nervios. “Y el detalle del club y de Pace no lo puedo olvidar, mis hijos hubiesen ido a la final sin su padre.” La frase explica mejor que ninguna otra por qué Capdevila quiso insistir tanto en ese agradecimiento.
El sueño pendiente de Joan Capdevila con el Espanyol
Después de vivir finales con España, al exjugador perico le queda una ilusión muy concreta. “Ahora lo que quiero es llevar a mis hijos a alguna final del Espanyol”. No pidió demasiado, aunque para el espanyolismo eso sería casi tanto como volver a conquistar el mundo.








