
Resumen: El Espanyol vuelve a El Sardinero en un momento delicado y con un precedente que invita a mirar al pasado. El 23 de noviembre de 2008, Tintín Márquez protagonizó una de las frases más recordadas del espanyolismo tras perder 3-0 ante el Racing: «Olemos a muerto». Una semana después fue destituido, pero su sustituto, Mané, tampoco consiguió enderezar el rumbo. Ahora, con Manolo González cuestionado y el equipo a un punto del descenso, aquel episodio recuerda lo difícil que puede resultar encontrar la solución adecuada.
5 puntos clave
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- El precedente de 2008. El Racing goleó 3-0 al Espanyol y dejó a Tintín Márquez contra las cuerdas.
- Una frase histórica. El entrenador pronunció «Olemos a muerto» antes de regresar a Barcelona.
- Destitución una semana después. La derrota ante el Sporting acabó provocando su salida.
- Un relevo fallido. Mané duró seis jornadas antes de que llegara Mauricio Pochettino.
- El paralelismo con Manolo. El Espanyol vuelve a Santander con dudas sobre el banquillo y una situación clasificatoria preocupante.
El Sardinero devuelve al Espanyol al recuerdo de una de sus crisis más sonadas
Hay estadios que, para el espanyolismo, tienen recuerdos que van mucho más allá de un resultado. El Sardinero es uno de ellos. El Espanyol vuelve este sábado a Santander con Manolo González cuestionado, cuatro jornadas sin ganar y una clasificación que empieza a dar bastante miedo. Un escenario que recuerda inevitablemente a lo sucedido el 23 de noviembre de 2008, cuando una derrota por 3-0 ante el Racing dejó a Tintín Márquez contra las cuerdas. Aquella tarde no pasó a la historia únicamente por el fútbol. Lo que acabó convirtiéndola en inolvidable fueron unas palabras pronunciadas por el entrenador al abandonar el estadio: «Olemos a muerto». Casi dieciocho años después, la frase vuelve a aparecer justo cuando otro técnico perico llega al mismo campo necesitado de una victoria, en una historia que estos días han recuperado sin ir más lejos Quique Iglesias e Iván Molero en Esports COPE y AS.
De líderes de Primera a mirar hacia el descenso en cuestión de semanas
El Espanyol de Tintín Márquez había comenzado aquella temporada 2008-09 de una manera que hoy parece casi una broma del destino. Después de las dos primeras jornadas era líder en solitario de Primera División. El técnico, que había sido ayudante de Miguel Ángel Lotina y Ernesto Valverde, empezaba su primera aventura al frente del equipo con dos victorias. Pero el entusiasmo duró poquísimo. Los resultados dejaron de acompañar, aparecieron las dudas y el equipo fue perdiendo confianza hasta meterse en una dinámica muy peligrosa. Cuando llegó a Santander, los buenos recuerdos del arranque ya quedaban bastante lejos. El Espanyol había pasado de mirar a todos desde arriba a preocuparse por lo que sucedía en la zona baja. Un cambio de panorama tan rápido como doloroso.
El Racing pasó por encima del Espanyol: Marcano, Óscar Serrano y Jonathan Pereira
La tarde del 23 de noviembre de 2008 fue de esas que conviene olvidar desde el punto de vista deportivo. El Racing ganó 3-0 con goles de Iván Marcano, Óscar Serrano y Jonathan Pereira, que marcaron en los minutos 10, 26 y 58, respectivamente. Los cántabros fueron superiores y pudieron conseguir un resultado todavía más amplio. En aquel Espanyol jugaban futbolistas como Kameni, Dani Jarque, Moisés Hurtado, Luis García o Raúl Tamudo, nombres importantes que tampoco lograron evitar el desastre. El conjunto blanquiazul terminó la duodécima jornada con doce puntos, en la decimosexta posición y tres por encima del descenso. Una clasificación incómoda, aunque todavía con cierto margen. Lo verdaderamente preocupante era la sensación de que el equipo no encontraba la manera de competir.
«Olemos a muerto»: unas palabras que marcaron a Tintín Márquez
Pero lo que convirtió aquella derrota en un episodio histórico llegó cuando el entrenador se disponía a subir al autocar que debía llevar a la expedición hacia el aeropuerto de Santander. Ante un micrófono de TV3, Tintín Márquez dejó escapar un contundente «Olemos a muerto». Una expresión que se extendió rápidamente entre el espanyolismo, incluso en una época en la que las redes sociales todavía no tenían el protagonismo actual. La frase parecía retratar perfectamente el estado del equipo, pero también transmitía una sensación muy peligrosa: que el propio entrenador veía acercarse el final. La repercusión llegó hasta la presidencia. Dani Sánchez Llibre reunió en su domicilio de Vilassar de Mar al director deportivo Paco Herrera y al consejero Germán de la Cruz para valorar una situación que empezaba a descontrolarse.
Tintín intentó explicar sus palabras, pero el ambiente ya estaba muy cargado
Durante los días siguientes, Márquez trató de rebajar el significado de aquella expresión. «Estaba haciendo una broma y lo dije porque a veces suelto frases chorras», explicó antes de recibir al Sporting de Gijón. También quiso enviar un mensaje de tranquilidad al espanyolismo: «Estoy más vivo que nunca». El técnico aseguró que nadie le había comunicado «un ultimátum», aunque las dudas sobre su continuidad eran evidentes. El problema es que las explicaciones ya no bastaban. Hacía falta ganar, ofrecer una imagen diferente y recuperar la confianza de un entorno cada vez más inquieto. Y el siguiente partido terminó de complicarlo todo.
El Sporting sentenció a Márquez y abrió una etapa todavía más complicada
El Espanyol recibió al Sporting de Gijón en Montjuïc el 30 de noviembre de 2008 y volvió a perder. Un gol de Carmelo José González provocó el 0-1, la cuarta derrota consecutiva del equipo y la destitución de Tintín Márquez. Los pericos seguían fuera del descenso, pero únicamente a un punto. Sánchez Llibre comunicó el cese después de reunirse con los responsables del club y reconoció que la decisión resultaba dolorosa porque había apostado personalmente por aquel proyecto. Márquez dejaba el banquillo tras trece jornadas de Liga, con doce puntos y una dinámica que la directiva consideraba insostenible. La famosa frase de Santander no fue el único motivo de su salida, pero terminó convirtiéndose en el símbolo de aquel desenlace.
Mané llegó como solución y duró apenas seis jornadas
Lo ocurrido después es quizá la parte más interesante para entender el debate actual. El Espanyol sustituyó a Tintín Márquez por José Manuel Esnal, Mané, pero el cambio no produjo la reacción que se esperaba. El entrenador vasco, con experiencia en situaciones complicadas, apenas aguantó seis jornadas de Liga. Los resultados continuaron siendo malos y la dirección deportiva tuvo que volver a tomar decisiones cuando el equipo seguía metido en problemas. Aquella temporada acabó teniendo tres entrenadores. El relevo que debía aportar tranquilidad no consiguió hacerlo y la crisis continuó creciendo. Una buena prueba de que despedir a un técnico puede ser una decisión necesaria en determinadas circunstancias, pero no constituye por sí sola ninguna garantía de recuperación.
Pochettino acabó siendo la solución de una temporada que parecía perdida
Tras el breve paso de Mané, el Espanyol apostó por Mauricio Pochettino en enero de 2009. El argentino, que conocía perfectamente el club por su etapa como futbolista, logró lo que sus dos predecesores no habían conseguido: reconstruir al equipo y conducirlo hacia la permanencia. Los blanquiazules terminaron aquella Liga en una sorprendente décima posición, con 47 puntos, después de haber atravesado momentos realmente angustiosos. Visto con perspectiva, el desenlace puede parecer sencillo: se cambió de entrenador hasta encontrar al adecuado. Pero durante aquellos meses nadie tenía una bola de cristal. Primero fracasó el relevo y después llegó un acierto que terminó marcando una etapa importante de la historia reciente del Espanyol.
Manolo González vuelve a Santander con una presión que crece jornada tras jornada
El paralelismo con la actualidad resulta evidente, aunque las circunstancias no sean idénticas. Manolo González llega a El Sardinero con ocho puntos en nueve jornadas, cuatro encuentros sin ganar y el descenso a solo un punto. La mala segunda vuelta de la pasada temporada continúa pesando en el ambiente y los dos últimos resultados han hecho bastante daño. En Málaga se escaparon dos puntos en el descuento y ante el Atlético de Madrid llegó una derrota por un gol encajado en el minuto 89. El equipo intenta competir, pero no consigue transformar ese esfuerzo en victorias. Y mientras una parte del espanyolismo mantiene la confianza en el entrenador, otra tiene ya muy claro que necesita un nuevo impulso desde el banquillo.
Dieciocho años después, El Sardinero vuelve a examinar al banquillo perico
El Espanyol regresa a Santander casi dieciocho años después de aquella frase de Tintín Márquez y con la sensación de que vuelve a estar en una encrucijada. La diferencia es que Manolo González todavía tiene la oportunidad de cambiar el relato antes de que los acontecimientos se precipiten. Ganar al Racing no resolvería por arte de magia todos los problemas, pero permitiría rebajar la tensión y afrontar lo que viene con otra perspectiva. Perder aumentaría inevitablemente las dudas. El recuerdo de 2008 deja dos enseñanzas: un entrenador puede quedarse sin margen cuando los resultados no llegan y un relevo mal elegido puede empeorar las cosas. En El Sardinero vuelve a estar en juego mucho más que un partido. Esta vez, el Espanyol espera no tener que recuperar ninguna frase para la posteridad.







