No es un partido cualquiera. Para el Espanyol y su afición, pisar Mestalla, escenario de grandes triunfos como las Copas de 1929 y el 2000 siempre fue especial, pero desde mayo de 2023, ese estadio está marcado a fuego. Ahí, entre errores arbitrales groseros y un empate agónico del Valencia en el último suspiro, el Espanyol cayó al pozo de Segunda división. Un robo con todas las letras, que indefectiblemente vuelve con fuerza a la mente de todos los segudiores blanquiazules tras el bochornoso arbitraje de Iosu Galech en el derbi ante el Girona. Volver a ese campo con tres partidos sin ganar y dudas en el juego no ayuda a calmar los nervios.

Tres partidos sin ganar y la sensación de ir a menos
Desde el triunfo en San Mamés el 22 de diciembre (1-2), el equipo no ha vuelto a saborear una victoria. El derbi contra el Barça fue más que decente y se escapó en el último momento por la valentía de un RCDE que tras dominar el encuentro quiso ir a por la victoriia, pero lo cierto es que aunque dulce, si pued llamársela así, acabó en derrota. También en València, esta vez en el campo del Levante, un Orriols que parecía favorable a los intereses pericos, empate con sabor amargo por cómo llegó, por otro error defensivo justo tra avanzarse en el marcado con un golzao de Carlos Romero. Y lo del Girona, directamente, fue un desastre: juego gris en especial en una primera parte para olvidar, falta de eficacia cuando se reaccionó en la segunda mitad… y una polémica que aún cole. Así que este sábado, en ese campo que desde aquel robo de hace casi tres años ha pasado a ser maldito, el equipo tiene la oportunidad de reengancharse o terminar de meterse en líos. No hay mucho margen más.

La afición necesita una alegría
El runrún en parte de la grada empieza a dejarse oir. Y no solo por los resultados. Hace falta reencontrarse con ese punto competitivo y fino que tuvo el equipo en otoño. La gente está empezando a sentir que la buena dinámica se ha desvanecido, y que el equipo se ha vuelto más plano, más previsible, más apagado. Lo cierto es que hay piezas importantes que no están en su mejor momento. Nombres como Pere Milla, Dolan o incluso Edu Expósito tienen que volver a brillar.

Enero, de mes favorable a pesadilla
Cuando arrancó el año, muchos miraban el calendario con cierto optimismo: Barça, sí, pero luego rivales de la parte baja. Pues bien, ya van tres jornadas de este enero infernal y solo se ha sumado un punto. Ahora toca Mestalla y después, el Alavés. Pero el contexto ya no es tan amable. El Valencia se ha enchufado tras gnar al Getafe y el Alavés viene jugándose la vida. Así que lo que parecía una cuesta suave, se ha convertido en un puerto de montaña. Y sin cadenas. Aunque el equipo es quinto con 10 puntos de margen sobre el octavo, urge reaccionar para que este bache de tres jornadas no se alargue.

El Espanyol sigue esperando fichajes
A dos semanas del cierre del mercado, la afición empieza a ponerse nerviosa. No ha llegado ningún fichaje pese a la baja de larga duración de Javi Puado. Mientras tanto, aunque no está siendo hasta ahora un mercado especialmente movido hay equipos que sí se están moviendo. En cualquier caso independientemente de lo que hagan los demás, de puertas adentro está claro hay que apuntalar la plantilla y Manolo, consciente de que hace falta reforzarse, ya ha manifestado sus deseos. Se espera más de Ezkurra, Fernando Alonso y Ortega, mientras que Garagarza podría instalarse en Barcelona en los próximos días según explicaba ayer Quique Iglesias.

Manolo vuelve a estar solo en las ruedas de prensa
Mientras tanto, el entorno empieza a murmurar. Porque en medio de este mini-bache, sigue siendo Manolo González el único que da la cara. Él es quien defiende al club, quien se moja, quien responde tras cada polémica o bajón. Pero, ¿y los demás? ¿Dónde están las voces institucionales que deberían protegerle o reforzarle? Porque, aunque el Espanyol esté firmando una temporada más que digna, también necesita alguien que lo arrope púlicamente cuando vienen curvas.

Mucho en juego, y no solo tres puntos
El partido del sábado no va solo de fútbol. Va de romper una mala racha, sí. Pero también de curar viejas heridas, recuperar confianza y evitar que el runrún crezca más de la cuenta. Ganar en Mestalla no lo arregla todo, pero sí sería un buen punto de partida. Para volver a creer. Para volver a sentirse fuertes. Para recordar que este Espanyol puede competir contra cualquiera… siempre y cuando le dejen.






