El Espanyol ha empezado el año nuevo con la resaca de los viejos fantasmas. Tres jornadas sin ganar, un solo punto de nueve posibles y la sensación de que la cosa se ha torcido justo cuando mejor pintaba. Lo de anoche contra el Girona (0-2) fue mucho más que una derrota: fue un cóctel explosivo de frustración, impotencia y rabia. Y no solo por el fútbol.

Un penalti repetido, una celebración provocadora y un árbitro que desquició a todo el estadio
La historia arrancó con ese penalti tan, tan dudoso de Omar sobre Rincón. Un toque leve, mínimo, que el colegiado Iosu Galech Apezteguía, protagonista de una noche funesta en todos los sentidos, no dudó en pitar. Vanat lo tiró, Dmitrovic lo paró, pero el árbitro lo mandó repetir porque el portero se había adelantado. En la segunda, el delantero no falló y lo celebró mirando a la grada, manos en las orejas y actitud chulesca. Eso encendió la mecha de un RCDE Stadium que ya venía cargado.

Un segundo tiempo mejor, pero sin premio, y otro penalti de regalo
La segunda parte fue otra película. El Espanyol se lanzó con todo y Jofre fue el más activo, cmetiendo energía desde la banda. El Girona se dedicó a resistir, sin tirar a puerta, sobreviviendo con el 0-1 a favor. Hasta que en el descuento, ya con el equipo a la desesperada, el árbitro volvió a pitar penalti. Esta vez por una acción de Rubén Sánchez que solo vio él. Y con ese 0-2, la grada estalló.

Manolo, entre la autocrítica y la incredulidad: “yo hay cosas que no me las puedo creer”
Tras el partido, Manolo González fue muy claro: “Lo del árbitro ya lo he dicho antes. Después de lo de Mallorca del año pasado y lo que hemos visto hoy… yo hay cosas que no me las puedo creer”. Y no se quedó ahí. Apuntó al doble rasero, a la gestión del partido y a la falta de control: “Si eso es penalti lo de Roberto también. Luego hay cuatro minutos de descuento cuando contra el Levante fueron siete y pasaron muchas menos cosas”. Las comparaciones duelen más cuando tienes la sensación de que no juegas con las mismas reglas.

¿Dónde está el equipo de hace un mes? Mismo espíritu, menos claridad
El problema es que, más allá de la polémica arbitral, y aquí cabe ser separar las cosas como muy bien hizo Manolo en sala de prensa y ser autocríticos, el equipo ha perdido finura. No la identidad, que sigue ahí, pero sí la puntería, la lucidez en el último pase. Y eso se está pagando en forma d epuntos. “Hoy nos ha faltado pausa y saber dónde poner la pelota”, dijo Manolo, reconociendo que “en la primera parte nos ha faltado interpretar las ventajas”. Hay tramos donde el Espanyol se atasca, donde ataca con más corazón que cabeza.
Uno de nueve: el bache ya es oficial, pero no es tiempo de saltar del barco
Que la dinámica no es buena lo dicen los números: 1 punto en tres jornadas, dos derrotas en casa, y lo que es peor, esa sensación de que el equipo se está peleando con sí mismo. Pero también lo decía Manolo: “No hay que volverse locos. Hay que ver las cosas positivas y volver a coger ese punto de finura que teníamos antes”. El Espanyol no está muerto, ni mucho menos, y se ha ganado con su buena primera vuelta de campeonato margen suficiente para tropezar. Pero tampoco puede permitirse mirar hacia otro lado.

Una grada encendida… y un posible castigo que puede costar caro
La celebración provocadora de Vanat fue el inicio, después vinieron otras actitudes que deberían haber sido castigadas por parte de los jugadores del Girona, pero lo que vino después puede salir muy caro. Botellas volando, una que impactó en el portero argentino y un acta arbitral que seguro no va a pasar desapercibida en Competición. Manolo intentó apuntar a los que incendiaron la grada con sus gestos de nula deportividad y ediucación: “Tú no tienes que tirar botellas, está claro, pero tú no tienes que provocar al público”. La bronca ya está hecha, y todo apunta a que el Espanyol tendrá que pagarla. ¿Cierre parcial? ¿Total? Lo sabremos en unos días. Pero nos estaban esperando, y dentro del club lo saben.
Alan Pace tiene que mover ficha: ¿refuerzos o resignación?
Y aquí llega el otro foco. Con el equipo cogido con pinzas, con Puado lesionado, la propiedad tiene que decidir si quiere reforzar la plantilla o seguir tirando con lo que hay. Porque si este bache se alarga, no valdrá solo con ánimo ni con fe. Hará falta algo más. Y la pelota ya no está en los pies de los futbolistas. Está en el tejado de Alan Pace.
Mestalla en el horizonte, y la afición como termómetro
La próxima parada es Mestalla, un campo difícil donde ya se vivieron injusticia lacerantes que siguen clavadas en la mente de los pericos, pero también una buena oportunidad para levantarse. Para eso, el equipo necesitará cabeza fría, confianza y un poco de justicia. Y sobre todo, que la afición no se desenganche y que aguante este bache con el mismo orgullo que celebró las cinco victorias seguidas.







