El partido del sábado entre Espanyol y Getafe tiene ese punto curioso que no siempre se ve, porque no es solo un duelo entre dos equipos que están compitiendo en una zona similar de la tabla y que necesitan sumar, sino que llegan marcados por algo que no tiene que ver directamente con el balón, sino con lo que pasó alrededor de él. Ambos aterrizan en el encuentro con una sensación muy parecida, esa de haber sido perjudicados en la jornada anterior, aunque cada uno desde su propia jugada, su propio contexto y su propia lectura. No es habitual que dos entrenadores se planten en la previa con ese mismo tono de fondo, pero aquí pasa, y eso ya le da al partido un aire distinto, como si no empezara de cero, como si arrastrara algo que todavía no se ha cerrado del todo.
Bordalás explota tras el Metropolitano: una roja que no entra en su cabeza
El caso del Getafe viene del Metropolitano, de un partido que se le escapa pero que queda muy condicionado por una acción concreta, la expulsión de Abqar, y ahí José Bordalás no disimuló nada, fue directo al punto, como acostumbra, dejando una de esas frases que se quedan dando vueltas: “Yo no veo que le coja, vulgarmente, de los huevos. Le tira del pantalón y se ve claramente la imagen. Nunca vi expulsar a un jugador por eso”, una declaración que resume perfectamente su incredulidad con la decisión arbitral. Pero su enfado no se queda solo en esa jugada, porque también señala otra acción que para él cambia el criterio del partido, la del codazo de Sorloth, y lo expresa sin medias tintas: “Claramente le da con el codo en la cara y no me vale la explicación de que había falta”, dejando claro que no entiende por qué una acción se sanciona con dureza y otra no.
Todo eso construye un relato de partido que, más allá del resultado, deja al Getafe con la sensación de haber competido, pero condicionado, algo que Bordalás repite varias veces y que se queda flotando de cara al siguiente encuentro.
Manolo también llega al límite: “La acción del gol es clamorosa”
En el lado del Espanyol, la historia es diferente en la forma, pero muy parecida en el fondo, porque lo de Son Moix con De Burgos engoetxea también ha dejado huella, y bastante profunda. Manolo González no puedo evitar decir lo que pensabe, y lo hizo con una frase que no necesita explicación: “La acción del gol es clamorosa, la ha visto todo el mundo”, una forma de cerrar cualquier debate antes de que empiece, como si no hubiera nada que discutir.
A partir de ahí, su discurso fue más allá de una jugada concreta, entraba en el terreno del cansancio acumulado, de lo que se repite, y lo deja claro cuando dice: “No he querido hablar con el árbitro porque no tengo nada que hablar. No quiero que me expliquen historias, no soy un niño pequeño”, una frase que refleja más hartazgo que enfado puntual. Y cuando remató con ese “Empiezo a estar un poco cansado ya, la verdad”, lo que transmite es que esto no viene de un día, sino de una serie de situaciones que se van acumulando y que terminan pesando en el equipo y en el entorno.
Dos equipos, dos jugadas… y una sensación compartida
Lo que hace especial este partido es que, sin buscarlo, los dos equipos llegan con una historia muy parecida en la mochila, porque aunque las jugadas no tengan nada que ver entre sí, el sentimiento sí coincide, esa sensación de que el partido anterior no se decidió solo por lo que pasó en el campo. Bordalás habla de una expulsión que no entiende y de un criterio desigual en las decisiones, mientras que Manolo insiste en una acción que considera evidente y que, aun así, no se señaló como debía. Dos relatos distintos que acaban en el mismo punto: la frustración, y eso genera un contexto que inevitablemente se traslada al siguiente encuentro, porque cuesta olvidar algo así en pocos días, y menos cuando ambos técnicos han sido tan claros en sus valoraciones.
‘Tiempo de revisión’ intentó ponder luz sobre ambas jugadas… sin contentar a nadie
Y todo esto tiene un añadido que no hace más que alimentar el debate, porque el programa de análisis arbitral “Tiempo de revisión” también puso lupa sobre las dos acciones… y lo hizo con conclusiones distintas. En el caso del Espanyol, el mensaje fue claro, sin margen para interpretaciones: se reconoció que la acción previa al gol del Mallorca era falta y que el tanto no debió subir al marcador. Un error admitido, negro sobre blanco. En cambio, en la jugada del Getafe, la lectura fue otra, validando la expulsión de Abqar al entender que encajaba dentro de la normativa. Es decir, dos jugadas polémicas, dos revisiones… y dos desenlaces diferentes. Y claro, eso no calma nada. Más bien al revés.
Un partido condicionado por lo reciente, aunque nadie lo diga en voz alta
Y con todo esto de fondo, el Espanyol – Getafe del sábado no es un partido cualquiera, porque aunque luego todo se juegue en el césped y durante noventa minutos, hay una carga previa que no desaparece tan fácil. Son dos equipos que compiten, que no se guardan nada, y que llegan con la sensación de haber salido perjudicados, lo que puede hacer que cada decisión, cada contacto, cada revisión se mire con lupa. No es que el partido vaya a girar sobre el arbitraje, pero es imposible no pensar que cualquier acción dudosa va a tener un eco mayor de lo normal, simplemente por lo que ha pasado hace apenas unos días. Y ahí está lo curioso de todo esto: antes de empezar, ya hay algo en juego que no se ve en el marcador, pero que pesa igual o más.







