Diciembre fue gasolina para soñar. Pero enero ha sido un cubo de agua fría que ha devuelto al Espanyol a la tierra. El equipo de Manolo encadena cinco partidos sin ganar y lo que hace nada era una zona europea con aroma a premio, se ha vuelto un lugar incómodo y lleno de dudas. La derrota ante el Alavés (1-2) acabó de dinamitar la buena racha: cuatro derrotas (Barça, Girona, Valencia y Alavés) y un único empate (Levante) en el arranque de 2026. Un punto de quince posibles que deja al equipo en la sexta plaza con 34 puntos, superado por el Betis (35) y con el Celta (33) respirándole en la nuca.

«Tanta polla de Europa…»
La frase marcó la presencia del técnico blanquiazul en la sala de prensa. Manolo González, visiblemente quemado, soltó un «Tanta polla de Europa y tanta pusegunda… esta mierda de Europa» que resume bastante bien lo que respira el vestuario: presión, expectativas y algo de descontrol. Lo soltó tras el batacazo contra el Alavés, y fue más allá: «Para ir a Europa hay que competir igual que para salvarse». Directo y quizá con más razón que maneras, pero el mensaje caló: el Espanyol debe volver a poner los pies en el suelo.

Cinco partidos, una montaña de dudas
La cuesta de enero ha sido literal. Y dolorosa. El equipo arrancó bien en el derbi ante el Barça pese al 0-2, pero desde ahí fue cayendo sin freno. Girona, Valencia y Alavés terminaron de tocar una moral que venía de ganar cinco partidos seguidos en diciembre. ¿Qué ha pasado? Falta de acierto, bajón físico, errores atrás, arbitrajes incomprensibles… y quizá un exceso de confianza. La realidad es que el Espanyol ahora mismo está fuera del Top 5 y necesita reaccionar ya. Febrero no da tregua: Villarreal, Atlético y Celta. Palabras mayores. Manolo ha demostrado que ha sabido sacar adelante al equipo en momentos delicados y mayritariamente hay confianza en que viuelva a hacerlo, qunaque con los malos resultados, era inevitable, han vuelto a aparecer las críticas.
Ngonge ilusiona, pero no es suficiente
En medio de todo este lío, el mercado de invierno ofrece la otra gran vía de escape. Y no solo para fichar, sino para airear una plantilla que parece atascada. De momento, solo un refuerzo: Cyril Ngonge, extremo belga cedido por el Nápoles. Rápido, vertical y con desborde. Pero claro, con un punto de quince no basta con ilusión: hacen falta soluciones. En el apartado de salidas, se fueron Javi Hernández (cedido al Mirandés) y Koleosho (rescindido y vuelto a Inglaterra). Y quedan horas para que suene el teléfono con algo más.

Roca, ¿posible salida?
Uno de los nombres calientes del último día de mercado es Antoniu Roca, extremo de 23 años que apenas ha jugado 90 minutos en toda la Liga. La situación es incómoda: el jugador quiere minutos y no vería con malos ojos una cesión. El club, de momento, no lo ve claro. Pero la llegada de Ngonge le cierra aún más el paso, y eso puede terminar por empujarle a buscar salida. Tiene ofertas de Segunda y sabe que salir no es rendirse, sino preparar el salto.

Quedan horas, y el teléfono sigue caliente
Desde los despachos se sigue rastreando el mercado en busca de una última bala. Una cesión, un tapado, un perfil que refuerce el once y devuelva al grupo ese punto de confianza perdido en enero. Lo que está claro es que el Espanyol va a pelear hasta el último minuto de ventana, como ya ha hecho otras veces. Y porque sabe que eel calendario no perdona. No hay tiempo para lamerse las heridas. Toca apretar los dientes y volver a competir.
Febrero, el mes de la verdad
El mensaje interno es claro: «La permanencia sigue siendo el objetivo», aunque el entorno sueñe con Europa. La clave será no perderse en la presión ni el runrún de la grada. Si el equipo recupera el espíritu de diciembre, puede volver al buen camino. Pero si arrastra el de enero… el riesgo de quedarse fuera de todo es real. El Espanyol se ha ganado el derecho a ilusionarse. Pero también el deber de no olvidarse de competir. Todo lo demás, vendrá después.







