El Espanyol agrava su mala racha tras caer ante el Getafe, entra en una dinámica muy preocupante y la figura de Manolo González empieza a generar debate; el descenso ya se mira de reojo

21 de marzo de 2026

Lo del Espanyol empieza a ir más allá de una mala racha puntual. La derrota ante el Getafe en el RCDE Stadium (1-2) fue otra vez la misma historia que ya se ha repetido demasiadas veces este 2026: el equipo compite, genera, tiene tramos de dominio claro… pero no gana. Y cuando no ganas, todo lo demás pierde valor. El partido volvió a dejar esa sensación de oportunidad perdida, con dos goles anulados, un posible penalti que encendió a la grada y dos errores defensivos que acabaron costando el encuentro. Es un resumen bastante fiel de lo que le está pasando al equipo: hace cosas bien, pero los detalles siempre caen en contra.

Una racha que ya no se puede explicar solo desde la mala suerte

El problema es que esto ya no es algo aislado. Son 12 jornadas sin ganar, con solo cuatro puntos de los últimos 36. Una cifra que, mirándola en frío, es insostenible en Primera división. Y lo más preocupante no es solo el número, es la sensación de que el equipo está atrapado en un bucle del que no sabe salir. Porque el Espanyol no se cae, no da la imagen de equipo roto, pero tampoco encuentra ese punto que te hace dar el paso definitivo para ganar partidos. Y en esta categoría, quedarse a medio camino suele pagarse caro.

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Manolo González, de figura incuestionable a foco del debate

En medio de todo esto aparece la figura de Manolo González, que ha pasado en pocos meses de ser prácticamente unánime a generar debate. Durante la primera vuelta, con aquel equipo que sumaba, competía y sorprendía, el discurso era claro: Manolo había dado con la tecla. Incluso él mismo se encargaba de frenar la euforia cuando se hablaba de Europa, insistiendo en que el objetivo real eran los 42 puntos. Ahora, con el equipo en caída libre en cuanto a resultados, ese discurso vuelve a coger sentido, pero desde otro ángulo mucho más incómodo.

manolo gonzalez espanyol getafe 1

Entre la defensa al técnico y las dudas por los resultados

Hay una buena parte del espanyolismo que sigue defendiendo al técnico, y con argumentos. No se puede olvidar que en enero no llegaron los refuerzos que pidió, que la plantilla tiene carencias evidentes y que la estructura deportiva, un pegote mal arreglado por una propiedad ausente -¿dónde está Alan Pace ahora que se le necesita, y por qué hacen salir ante las televisiones a dar explicaciones a un Rafa Marañón obligado a comerse el marrón?- genera más dudas que certezas. En ese escenario, Manolo aparece más como alguien que intenta sostener el equipo que como el principal responsable de la caída. Pero también hay otra lectura que va directamente a los resultados, porque en el fútbol todo acaba pasando por ahí. El Espanyol no gana, la segunda vuelta es muy pobre y los errores se repiten. Y eso, inevitablemente, también señala al entrenador.

La clasificación se aprieta y el margen desaparece

Mientras tanto, la tabla se ha ido estrechando casi sin margen de reacción. El Espanyol ha caído a la décima posición con 37 puntos, superado por Getafe y Osasuna, y con la posibilidad real de seguir bajando en función de otros resultados. El descenso está a nueve puntos, una distancia que hace no tanto parecía cómoda. Ahora, en cambio, se mira de otra manera. Porque cuando no ganas, cualquier colchón empieza a parecer más pequeño.

Un calendario exigente y una dinámica que pesa

Y el calendario no ayuda. Tres salidas consecutivas tras el parón ante Betis, Barcelona y Rayo Vallecano. Escenarios complicados y la necesidad de sumar de inmediato. El Espanyol ya no solo juega contra sus rivales, también contra su propia dinámica. Y eso es lo más difícil de revertir. El equipo necesita una victoria que cambie el ánimo, que rompa esa sensación de bloqueo que empieza a instalarse.

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El parón, una pausa necesaria… pero sin margen de error

El parón llega en medio de todo este contexto como una oportunidad para resetear. Tiempo para ajustar, para recuperar confianza y para intentar que el equipo vuelva a reconocerse. Pero el margen ya no es el de hace semanas. Antes había tiempo; ahora hay urgencia.

La figura de Manolo González sigue teniendo crédito, pero ya no es infinito. Está en ese punto en el que cada partido empieza a pesar más que el anterior. Y eso, en el Espanyol, es una señal clara de que la situación se está tensando.

Porque al final todo se resume en algo muy sencillo: el equipo necesita ganar. Si esa victoria no llega pronto, lo que ahora es preocupación puede convertirse en un problema real.