Tal como anunció la FCPE (Federació Catalana de Penyes), en el minuto 12 del partido entre Espanyol y Alavés los pericos girarán sus espaldas al césped. No es una acción de protesta contra el equipo. Ni contra el míster. Es contra un sistema que vuelve a hacer aguas. Contra un arbitraje que desespera. Lo de Mestalla fue la gota que colmó el vaso de la paciencia blanquiazul.

Minuto 12: dar la espalda como grito silencioso de protesta
“Invitamos a todos los aficionados a dar la espalda al partido en el minuto 12”, dijo la FCPE tras el penalti en el 93’ ante el Valencia. Esa acción de protesta, que se hará visible en directo desde las gradas del RCDE Stadium, es una forma de decir basta sin dejar de animar. Una manera de plantar cara sin violencia. El simbolismo está claro: el número 12 es el jugador que nunca falla, y ahora ha dicho ‘hasta aquí’.
El club llama al civismo ante el riesgo de sanción
Desde las oficinas del club, el tono ha sido otro. Entienden el malestar, pero quieren evitar más líos. Y es que el RCDE Stadium está en el alambre: tras el incidente de las botellas contra Gazzaniga en el partido frente al Girona, el campo está oficialmente apercibido de cierre. Cualquier otro episodio grave, y puede venir la clausura.
Por eso el Espanyol ha emitido un comunicado en el que recuerda a todos los socios y asistentes “la importancia de mantener siempre un comportamiento cívico, respetuoso y responsable”. Y advierte: las sanciones por incumplir la normativa pueden ser durísimas, tanto para los infractores como para el propio club.
Bajo la lupa de Antiviolencia
Según detalla el escrito, se está investigando a los autores del lanzamiento de objetos ante el Girona, y se tomarán medidas conforme a la normativa interna. El reglamento del club habla de sanciones que van desde amonestaciones privadas hasta la pérdida de la condición de socio durante cinco años, y multas económicas de hasta 650.000 euros.
Por eso el mensaje final del club es claro: respeto, responsabilidad y sentido común. El Espanyol se juega mucho dentro y fuera del campo, y perder Cornellà por una sanción sería otro golpe muy duro para todos.







