Tyrhys Dolan celebra su primer gol con el Espanyol con un salto mortal y lo dedica a Jeremy Wisten, pero lamenta el empate ante el Celta tras un partido “de locos”

14 de febrero de 2026

El RCDE Stadium vivió un momento de esos que se recuerdan cuando Tyrhys Dolan hizo el 2-1  en el Espanyol – Celta y salió disparado a celebrarlo como si le fuera la vida en ello. Primer gol como perico, salto mortal incluido y celebración con la grada, todo muy de película… hasta que Borja Iglesias apareció en el descuento para aguar la fiesta. El extremo inglés habló después con una mezcla rara de orgullo y tristeza.

“Sí, fue un partido de locos. Mucha ida y vuelta, un poco como un partido de básquetbol”, resumió, dejando claro que el encuentro fue de esos que no te dejan respirar. Dolan reconoció que el equipo tuvo fases buenas, momentos en los que parecía capaz de llevarse el partido, pero también desconexiones que acabaron pesando demasiado. Sensaciones agridulces, en sus propias palabras.

Autocrítica clara: “Nos metimos demasiado atrás”

Lejos de escudarse en el rival o en la mala suerte, el inglés fue bastante honesto con lo que pasó sobre el césped. “Sí, creo que nos metimos demasiado atrás, así que permitimos que la presión llegase”, explicó. Para Dolan, el problema no fue solo el empuje del Celta, sino la propia actitud del equipo en ciertos tramos. Invitar al rival a atacar suele salir caro, y esta vez no fue diferente.

También apuntó a la cantidad de llegadas concedidas en el área. “Contra buenos equipos, pueden crear oportunidades… les permitimos que tuvieran muchas oportunidades”, admitió. Un análisis sencillo pero muy directo. No hay misterios: si te encierran, acabas sufriendo.

Un gol con dedicatoria muy especial

Más allá de lo futbolístico, la imagen del salto mortal tras marcar tenía un significado que iba mucho más allá de la celebración. Dolan lo explicó con emoción contenida. “Después de haber hecho mi flip, lo he dedicado a Jeremy Wisten”, contó, recordando a su amigo fallecido. Un gesto íntimo en medio del ruido de un estadio lleno, de esos que solo entienden quienes saben lo que hay detrás.

También quiso acordarse de su gente. “He tenido un montón de seguidores de mi club anterior que vinieron hoy a ver el partido… lo he dedicado a todos, a mi familia”, dijo. Se notaba que el gol era importante para él, no solo por lo deportivo. Era una pequeña liberación.

Orgullo por estrenarse… y frustración por no ganar

El atacante no escondió que, pese a la alegría personal, el vestuario se marchó con mal sabor de boca. “Estoy muy orgulloso. Pero como he dicho, queríamos llevarnos los tres puntos”, concluyó. Una frase corta que resume todo: felicidad individual, decepción colectiva.

El Espanyol sigue sin encontrarse del todo, aunque al menos mostró capacidad para reaccionar cuando peor pintaba. Dolan, con su primer gol y su energía contagiosa, dejó una chispa de optimismo. Pero también recordó que en Primera no basta con momentos bonitos: hay que cerrar los partidos. Y hoy, otra vez, no se hizo.