Marash Kumbulla fue uno de esos nombres que el espanyolismo tuvo bastante presente el pasado verano. Venía de hacer una buena temporada como cedido en el Espanyol, había dejado una imagen seria, de central fuerte, competitivo, de esos que no se esconden cuando el partido se pone feo, y el club blanquiazul intentó que siguiera. No era ninguna locura. Al revés. En aquel momento parecía bastante lógico pensar que Kumbulla podía ser una pieza importante para construir una defensa más fiable. Pero el fútbol, que muchas veces va por caminos rarísimos, ha acabado dejando una foto bastante distinta unos meses después.
Del interés perico al paso gris por el Mallorca
El central albanés terminó en el Mallorca, cedido por la Roma, con cartel de futbolista importante y con una opción de compra que hablaba bastante claro de la apuesta bermellona: 6 millones de euros más otros dos en variables. No era un fichaje cualquiera. Llegaba como una especie de tercera espada para la defensa, incluso con la idea de poder ser relevo de Raíllo a medio plazo. Pero nada de eso ha cuajado. Kumbulla ha pasado por Son Moix sin dejar apenas huella, con solo ocho partidos disputados, 438 minutos en Liga y una sensación general de oportunidad perdida.
Demichelis le pone la puntilla: «No sé nada de Marash»
La escena de este viernes ha sido bastante dura para Kumbulla. Martín Demichelis, en la previa del último partido de la temporada ante el Real Oviedo, no se mordió la lengua cuando le preguntaron por el central. Y la frase fue de las que pesan: «No sé nada de Marash. A buen entendedor, pocas palabras bastan. No sé nada y sé much»». Así, tal cual. Sin decorar demasiado la cosa. El técnico argentino no solo explicó una ausencia, sino que dejó caer una crítica bastante clara a la profesionalidad del jugador. Cuando un entrenador habla así en público, normalmente es porque por dentro la paciencia ya se ha terminado.
El compromiso, en el centro de todo
Demichelis fue incluso más allá, dejando claro qué valores considera intocables en un vestuario profesional. «Con el tiempo fui conociendo a todos los integrantes. Parta mí esta profesión solo hay una manera de vivirla: disciplina, respeto y compromiso. Todo esto no se puede negociar, como tampoco el rendimiento. Cuando soy entrenador en el día a día soy muy frontal. Hay cosas que no convienen decirlas. Pero cada uno de los jugadores sabe lo que pienso de sus situaciones. El que no ha querido estar no está». La frase final, «El que no ha querido estar no está», suena casi como una puerta cerrándose. Y no precisamente despacio.
Un caso extraño con lesiones, molestias y pruebas sin resultado
El caso tiene también una parte rara, porque Kumbulla ha estado muchísimas semanas fuera por molestias físicas, sobre todo en la zona de los isquiotibiales. Según la información publicada, en marzo se le hicieron varias pruebas médicas y resonancias, pero no apareció ninguna lesión que explicara esas molestias. Aun así, el jugador seguía diciendo que tenía dolor. Ahí el tema se torció del todo. El Mallorca no encontraba lesión, el futbolista no se sentía disponible y el entrenador terminó perdiendo la confianza. Y claro, cuando pasan las jornadas y no hay solución, el asunto deja de ser solo médico y empieza a ser también de convivencia interna.
Abdón, el ejemplo que deja peor parado a Kumbulla
Para rematar el mensaje, Demichelis comparó la situación con la de Abdón Prats, un futbolista que no ha tenido mucho protagonismo pero que, según el técnico, ha seguido apretando cada día. «Hay otros que hacen esfuerzos, pongo de ejemplo a Abdón, al que no tengo nada que reprocharle. Es el mejor de los ejemplos de los que no juegan. Muchos de los jugadores que no han jugado o que no lo han hecho de inicio deberían copiar mucho de esa personalidad. Abdón no juega porque está Muriqi, que ojalá meta un hat-trick y acabe como pichichi de LaLiga. No ha bajado la intensidad. He buscado compromiso para elegir, sin confundirme, un once con compromiso para luchar cada pelota». No hace falta ser Sherlock Holmes para entender hacia dónde iba el recado.
En el Espanyol dejó otra imagen, y por eso sorprende más
Lo más curioso, visto desde el lado perico, es que Kumbulla no dejó precisamente un mal recuerdo en el Espanyol. Al contrario, fue un central que encajó bien, que tuvo momentos de autoridad y que parecía tener todavía margen para crecer. Por eso el club intentó ficharlo el pasado verano tras aquella cesión positiva. El problema es que la versión que ha visto el Mallorca no se parece demasiado a la que el Espanyol quiso retener. Y ahí queda esa sensación extraña de jugador que en Cornellà parecía tener sentido y que en Palma ha acabado siendo casi un expediente incómodo.
Kumbulla, una oportunidad que se ha apagado lejos de Cornellà
La historia deja un punto triste, porque no hablamos de un futbolista cualquiera para el espanyolismo reciente. Kumbulla gustó, se le vio útil y durante un tiempo pareció uno de esos cedidos que valía la pena intentar retener. Pero su paso por el Mallorca ha sido otra cosa. Pocos minutos, muchas ausencias, dudas médicas, críticas públicas y un entrenador diciendo prácticamente que no cuenta con él. De aquel central que el Espanyol miraba con interés queda ahora una pregunta incómoda: qué ha pasado con Marash Kumbulla para acabar así.







