
Dos caras de la misma moneda
Una misma realidad puede presentarse de dos formas completamente opuestas. Ejemplos, muchos, pero el que nos interesa es el de nuestro equipo. Esas situaciones en las que nos quedamos a una peseta del duro son repetitivas, en el césped, en la dirección del equipo y en los resultados finales.
De la desbordada zona defensiva, Dmitrovic se lleva los elogios, sí, pero Hinojo salvó él solito tres goles. Sumemos otro de Omar sobre la raya en una actuación regular y sin sobresaltos. Esos los provocaba Drkusic en algunas atolondradas salidas a campo abierto y Unai tuvo que tapar demasiadas veces su zona y la de su compañero.
El partido de Urko disipa las dudas del aficionado de la Real, que creía necesitarlo. Sin ser su mejor día, Edu no era el cambio tras el 2-1, complacencia de la que sí gozó Cala, asistente del gol rival. Para Javi, vale lo de Edu: otros debieron irse antes del máximo asistente del equipo.
El resumen de Dolan es aquella jugada de la primera parte en la que corre avanzando igual para delante que para atrás, sin regatear y con el balón en los pies: extremo difuminado. Roberto se sacó un gol donde nadie lo imaginó.
El mal primer tiempo obligaba al cambio. La buena noticia fue la puesta en escena de Moscardo; alguno ya puede poner las barbas a remojar. Bauza se sumó al ida y vuelta y Marcos quiso comerse el mundo. Jofre al menos se libra de la imagen que me queda de Milla, deambulando con las medias del revés.
La moneda al aire cayó cruz y realmente se hizo méritos para lograrlo. Llegamos a pensar que igual caía de canto, un empate como mal menor tras marcar cuando menos lo merecíamos y dejarlo escapar cuando mejor estábamos. Los análisis sesudos quedan para los expertos y para el resto encomendarnos a la búsqueda de nuevas esperanzas, quizá ‘La vida de Bryan’, película a estrenar la semana que viene.
Juan José Caseiro







