Lo del Espanyol ante el Elche, una oportunidad perdida y dudas persistentes en un equipo que no remata los partidos

1 de marzo de 2026

El 2-2 del Espanyol en el Martínez Valero ante el Elche deja ese sabor raro, agrio, de partido que se tenía donde se quería y se acabó escapando entre los dedos. El equipo se puso por delante dos veces, compitió bien durante muchos tramos y aun así volvió a encajar goles evitables. La sensación no es de punto ganado, sino de oportunidad perdida clarísima. Llegar a los 36 puntos fuera de casa no está mal, pero el problema es que el equipo sigue transmitiendo esa fragilidad que hace que cualquier rival, aunque no esté fino, acabe marcando. Y así es muy difícil construir victorias.

Una primera parte esperanzadora… hasta el golpe final

El arranque fue de manual para un equipo que quería esperar y salir rápido. Posesión baja, sí, pero con sentido. Recuperar, correr y hacer daño. Y a la primera, zarpazo. La contra culminada por Kike García fue pura eficacia: pase largo de Pol Lozano y punterazo de obrero del gol, sin adornos y directo a la red.

celebracion gol kike garcia elche espanyol

El Espanyol concedió poco, estuvo ordenado y llegó con peligro en transiciones. Parecía un plan claro y bien ejecutado. Pero justo antes del descanso llegó la jugada absurda que lo cambia todo: un centro sin demasiado peligro, un despeje flojo, un rebote extraño… y gol. Otro de esos tantos que no se entienden y que caen como una losa. Porque no fue mérito rival, fue un error propio.

Romero, gol de artista para volver a creer

Tras el descanso el guion no cambió demasiado. El Elche tenía el balón, el Espanyol esperaba su momento. Y volvió a encontrarlo. Carlos Romero, que llevaba partidos lejos de su mejor versión, apareció en la frontal y soltó un zurdazo tremendo, limpio, a la escuadra, de esos que no necesitan ni repetición para saber que es golazo. Un disparo obra de un defensa que ya no marca goles normales. El 1-2 devolvía la sensación de control y la idea de que, esta vez sí, podía caer la victoria.

celebracion carlos romero elche espanyol

El racismo, la mancha que lo ensucia todo

En medio del partido irrumpió algo mucho más grave que cualquier error defensivo. Omar El Hilali denunció un insulto racista por parte de un personaje con un historial tan oscuro como Rafa Mir, que obligó a detener el juego y activar el protocolo. El fútbol quedó congelado durante unos minutos, aunque luego continuó como si fuera posible volver a la normalidad sin más. Fue un momento incómodo, tenso, difícil de digerir. Y lo más duro es que acabó teniendo un papel directo en el desenlace, porque el propio Mir sería quien marcaría después el gol del empate.

protocolo antirracista elche espanyol 1

El problema no es el plan, es no cerrar los partidos

Más allá de la polémica, el Espanyol tuvo opciones claras para sentenciar. La más evidente, el disparo de Terrats al palo que habría supuesto el 1-3. Ahí está una de las claves de este equipo en 2026: hace cosas bien, pero no remata. No mata los partidos cuando puede, y luego lo paga. En la segunda parte se concedieron demasiadas acciones dentro del área, pese a un Cabrera bastante firme. El equipo se defendió con sacrificio, pero cada centro lateral parecía una amenaza real.

El penalti final, castigo máximo a un error

Cuando el reloj ya parecía aliado, llegó la acción definitiva: mano clara de Romero con el brazo extendido. Penalti. Rafa Mir no falló. Fue la pena máxima en todos los sentidos, porque convirtió un triunfo casi hecho en un empate frustrante. El añadido se hizo eterno, con el Espanyol incluso con uno menos tras la expulsión de Pickel, resistiendo como podía ante el empuje local.

Manolo González y un equipo que “vuelve a ser reconocible”… pero no resolutivo

El propio técnico lo explicó con claridad en sala de prensa. El plan, según él, funcionó. “No queríamos que corrieran al espacio. El plan de partido fue bueno, nos pusimos 0-1 y, desafortunadamente, nos empataron. Tuvimos el 1-2 con Pere Milla, luego lo marcamos, tuvimos el 1-3… Tuvimos la sensación de que se nos escapó”. La idea era clara: controlar al Elche lejos del área y castigar en transición. Y durante muchos minutos se consiguió. Pero también señaló lo que está condenando al equipo semana tras semana: los errores propios. “Sus goles son errores nuestros… Con los errores individuales, el partido se nos va”.

manolo gonzalez omar el hilali elche espanyol

Ese matiz es importante: no es un equipo superado, sino uno que se penaliza a sí mismo. El propio entrenador insistió en que “el equipo ha conseguido defenderse bien” y que “los goles son acciones desafortunadas”. Una lectura que, siendo cierta en parte, no deja de evidenciar una preocupación mayor: cuando esas acciones desafortunadas se repiten cada semana, dejan de ser casualidad para convertirse en tendencia.

Jugadores lejos de su mejor versión

Ahí aparece otra sensación incómoda que sobrevuela al equipo desde hace semanas: hay futbolistas que siguen muy lejos de su nivel real. Algunos parecen atenazados, otros imprecisos, otros simplemente desconectados por momentos. En un equipo que vive mucho del orden colectivo, cuando varias piezas bajan el rendimiento a la vez, el sistema se resiente de inmediato. Urko, por ejemplo, alternó fases de buena colocación con momentos de inseguridad con balón; otros jugadores clave en la construcción ralentizaron demasiado las jugadas o tomaron decisiones precipitadas.

No es una cuestión de falta de esfuerzo, sino de confianza y claridad. El Espanyol corre, trabaja y se sacrifica, pero a menudo le falta esa chispa de precisión que marca la diferencia entre competir y ganar. Y cuando llega la ocasión clara para sentenciar, aparece la duda, el mal control o el disparo precipitado.

Un equipo que no termina de arrancar

La lectura final es dura pero sencilla: el Espanyol hizo suficiente para ganar, pero sigue sin saber cerrar partidos. Diez encuentros sin dejar la portería a cero, goles encajados en acciones evitables y esa sensación de que lo que antes salía ahora no sale. Estamos en marzo y el equipo sigue sin despegar. El empate suma, sí, pero no soluciona nada. Y lo peor es que el rival era vulnerable, de esos partidos marcados en rojo para dar un paso adelante. El equipo se va dolido porque sabe que lo tuvo en su mano. Mientras no convierta el buen trabajo en resultados, seguirá instalado en esa tierra incómoda donde ni se pierde del todo… ni se gana lo suficiente como para respirar tranquilo.