
Resumen: El Espanyol de Eder Sarabia estrenó una propuesta mucho más dominadora ante el Deportivo, aunque no consiguió pasar del 0-0. El entrenador explicó sus decisiones tácticas, defendió la actuación de Roberto y Pere Milla y reconoció que debe mejorar la circulación interior. La segunda mitad dejó menos profundidad, pero el equipo mantuvo la solidez defensiva. Un debut que merece confianza, sin olvidar la necesidad de ganar.
5 claves
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- Una revolución con sentido. Sarabia justificó los cinco cambios según el plan de partido.
- Más fútbol del esperado. El entrenador destacó la sorprendente predisposición de sus jugadores.
- Problemas por dentro. El Espanyol debe mejorar la ocupación de espacios y la progresión.
- Cambios condicionados. Sarabia explicó las decisiones por el equilibrio defensivo y los problemas físicos.
- Optimismo sin euforia. El proyecto merece tiempo, pero necesita convertir el dominio en victorias.
De Sergio García a Eder Sarabia: el Espanyol cambia de libreto en una semana
¿Pero cuántos Espanyol diferentes hemos visto últimamente? Porque cuesta seguirles la pista. El que se hundió en Santander, el que protagonizó aquel desastre copero ante el Sestao River, el que resucitó de la mano de Sergio García en Villarreal y ahora este que presentó Eder Sarabia frente al Deportivo de La Coruña. Cuatro caras de un mismo equipo en muy poco tiempo y resultados que van de la decepción absoluta a la recuperación de cierta esperanza. El empate sin goles del sábado no fue precisamente el resultado que necesitaba el espanyolismo, pero tampoco sería justo despachar el estreno del nuevo entrenador con un simple 0-0. Pasaron bastantes cosas, algunas sorprendentes, y casi todas sirven para empezar a entender hacia dónde quiere llevar Sarabia al equipo.
Y hay un detalle que merece atención. El nuevo entrenador salió del encuentro incluso más convencido de las posibilidades de su plantilla de lo que estaba antes. No solamente por las ocasiones o por el dominio, sino por la respuesta de sus jugadores. Reconoció algo bastante significativo: «No esperaba tan buena predisposición, tanta convicción, tantas ganas de escuchar, de desarrollar lo que les pedimos». No es una frase menor en un vestuario que hace apenas dos semanas parecía completamente bloqueado. Otra cosa es que esa predisposición alcance para ganar partidos, pero al menos parece existir una base sobre la que trabajar.
Sarabia prometió cambios graduales y acabó revolucionando el once del Espanyol
Lo primero que llamó la atención fue la alineación. Sarabia había hablado de introducir progresivamente sus conceptos y de aprovechar algunas cosas que funcionaron en Villarreal. Pues bien, a la hora de la verdad decidió cambiar cinco futbolistas y presentar un dibujo bastante diferente al de Sergio García. Entraron Hartman, Pol Lozano, Dolan, Cala y Pere Milla, mientras que Drkušić, Roger Hinojo, Rafa Bauza, Javi Hernández y Bryan Zaragoza dejaron su sitio. La ausencia de Hinojo era obligada por sanción, pero las otras decisiones respondían al plan del entrenador.
La suplencia de Javi Hernández fue seguramente una de las decisiones más sorprendentes. El joven centrocampista venía siendo uno de los jugadores más regulares de la temporada y había tenido un papel importante en la victoria de La Cerámica. También llamó la atención la ausencia de Rafa Bauza, otro de los protagonistas de aquella reacción. En cambio, Sarabia apostó por Pere Milla, que todavía no había sido titular este curso, y por Cala, que no acababa de encontrar su mejor versión. Era una apuesta valiente. De esas que, si salen bien, convierten al entrenador en un genio y, si salen mal, hacen que la gente se pregunte para qué había que tocar tantas cosas.
Pero la rueda de prensa permitió entender mejor esas decisiones. Sarabia explicó que no pretende elegir siempre a sus mejores futbolistas sobre el papel, sino a los que considere más adecuados para desarrollar cada plan de partido. En defensa buscaba jugadores capaces de perseguir a los rivales lejos de su posición y un central con más poderío para disputar los duelos con Nsongo. En el centro del campo necesitaba la energía de Pol Lozano para recuperar la pelota, mientras que arriba quería más presencia y capacidad de finalización.
Sobre Cala, justificó su elección porque «Me ha gustado la semana suya de entrenamiento, y creo que es un jugador que tiene gol». Y también se acordó de Bauza, admitiendo que le sabía mal dejar fuera a futbolistas que habían rendido muy bien en Villarreal. Su mensaje fue claro: las alineaciones cambiarán según las necesidades y todos tendrán oportunidades para convencerle. Es una explicación razonable, aunque evidentemente el entrenador tendrá que demostrar que sus elecciones mejoran el rendimiento colectivo.
El Espanyol de Sarabia demuestra ante el Deportivo que puede jugar a otra cosa
Y lo curioso es que durante buena parte de la primera mitad la apuesta funcionó mejor de lo que cabía esperar. El Espanyol salió decidido a llevar la iniciativa, recuperar la pelota cerca del área contraria y buscar superioridades mediante sus movimientos. No todo era perfecto, faltaría más. La defensa dejaba espacios y alguna acción del Deportivo recordó que jugar con tantos futbolistas por delante del balón tiene sus riesgos. Pero había una propuesta reconocible y, sobre todo, unos jugadores que parecían convencidos de lo que estaban haciendo.
Eso es algo que merece reconocimiento. Porque venimos de semanas en las que el Espanyol parecía incapaz de mantener un plan durante demasiado tiempo, y ahora, después de unos pocos entrenamientos con Sarabia, vimos a un conjunto que sabía bastante bien qué quería hacer con el balón. El equipo no se limitaba a recuperarlo para quitárselo de encima, sino que buscaba progresar, encontrar compañeros libres y llegar al área contraria. Una manera diferente de entender el juego y que, al menos durante los primeros 45 minutos, permitió generar ocasiones claras.
Roberto Fernández tuvo una de las primeras, con un remate de cabeza que obligó a Leo Román a realizar una gran parada. Poco después, Alejandro Santiago estuvo muy cerca de marcar su primer gol con el primer equipo tras un centro de Dolan, pero volvió a encontrarse con una intervención espectacular del portero visitante. También hubo alguna situación peligrosa en el área perica, como aquella acción de Amatucci que Omar El Hilali consiguió desbaratar. El Espanyol asumía riesgos, sí, pero durante bastante más tiempo fue quien estuvo cerca de adelantarse.
Sarabia hizo una lectura muy positiva: «Nos hemos impuesto claramente al rival, que ha estado incómodo creo que en todo momento». Incluso aseguró que el Deportivo no había generado ninguna situación clara de gol. Aquí se puede introducir un pequeño matiz. La ocasión de Amatucci y algún otro acercamiento visitante recuerdan que el equipo no tuvo un control absoluto de todo lo que sucedió. Pero también es cierto que Fortuño apenas tuvo trabajo y que el guardameta decisivo fue Leo Román. En ese sentido, hay argumentos para compartir buena parte del análisis del entrenador.
Además, el técnico subrayó algo interesante: el Espanyol no solamente hizo daño con la posesión, sino también mediante transiciones y situaciones de juego directo. Eso es importante porque una propuesta más dominadora no debería significar renunciar a otras armas que la plantilla ya tiene. La victoria de Villarreal había demostrado que el equipo sabía competir desde el orden; el partido contra el Deportivo enseñó que también puede intentar llevar la iniciativa.
Pere Milla y Alejandro Santiago reivindican las apuestas más sorprendentes de Sarabia
Uno de los nombres propios de la primera parte fue Pere Milla, probablemente el futbolista que más dudas había generado al conocerse el once inicial. Y hay que reconocerle lo que hizo. Salió con ganas, trabajó, ofreció movimientos interesantes y participó en varias acciones ofensivas. Milla tiene algo que no siempre se ve en las estadísticas: sabe competir cuando el partido exige carácter. Puede gustar más o menos su estilo, pero suele entender lo que necesita el equipo y no acostumbra a esconderse. Ante el Deportivo se ganó incluso los aplausos de una afición que, antes del encuentro, seguramente no esperaba verle de titular.
La explicación de Sarabia ayuda a entender la apuesta. El entrenador conoce bien a Milla, valora su inteligencia futbolística y considera que tiene gol. Sobre todo, entendía que era el jugador más adecuado para acompañar a Roberto en una delantera de dos. No parece, por tanto, una elección hecha simplemente para sorprender, sino una decisión relacionada con el funcionamiento que buscaba. El rendimiento de Pere Milla le dio argumentos, aunque habrá que comprobar si puede mantener ese nivel y esa influencia durante más minutos.
También merece un apartado Alejandro Santiago, que en su segundo partido en Primera volvió a demostrar que puede competir con el primer equipo. Esta vez tuvo que desenvolverse en una posición diferente, ocupando el carril derecho, con mucho recorrido y responsabilidades defensivas. No fue un encuentro perfecto, especialmente cuando apareció el cansancio, pero volvió a dejar detalles de futbolista preparado para ayudar. Su remate de cabeza pudo convertirse en el gol de la victoria y durante muchos minutos participó con personalidad en el juego colectivo.
Sarabia explicó que los cambios de posición de los dos carrileros, con Alejandro Santiago y Dolan intercambiando perfiles durante distintas fases, respondieron tanto a razones ofensivas como defensivas. Quería aprovechar determinadas orientaciones del juego, incomodar a los defensores rivales y encontrar mejores apoyos. No era un simple cambio de bandas por probar algo diferente. Y destacó especialmente el trabajo de ambos sin balón, una exigencia que será fundamental si pretende seguir utilizando futbolistas de características ofensivas en esas posiciones.
La21 vuelve a dejar buenas noticias, aunque no todos sus representantes tuvieron el mismo protagonismo. Rafa Bauza se quedó en el banquillo y Roger Hinojo no pudo participar por sanción, mientras que Santiago conservó la titularidad. No parece que Sarabia pretenda renunciar a los jóvenes, pero tampoco va a darles minutos solamente por ser canteranos. Su discurso apunta a una competencia abierta, donde deberán demostrar que encajan en las necesidades del equipo. Lo importante será que las oportunidades sean reales y que quienes respondieron en Villarreal no desaparezcan de los planes después de aquel buen partido.
Fortuño, Omar, Cabrera y Hartman: una defensa más exigida, pero también más protegida
La nueva propuesta cambió bastante las exigencias defensivas. Jugar con tres centrales, adelantar las líneas y mantener a los carrileros arriba obliga a los defensores a vivir situaciones comprometidas. Y aquí hubo varias noticias positivas. Fortuño consiguió su segunda portería a cero consecutiva y continúa ganando argumentos para mantenerse como titular. Su encuentro fue mucho más tranquilo de lo que cabía imaginar ante un sistema todavía poco trabajado, algo que también habla bien del funcionamiento colectivo.
Omar El Hilali firmó otro partido muy serio. Después de haber recibido críticas en etapas anteriores, el defensa ha recuperado una versión que recuerda por qué es un jugador tan valorado. Su intervención para evitar el remate de Amatucci fue decisiva, pero también destacó por la manera de defender hacia delante y resolver situaciones individuales. Cabrera, por su parte, supo compensar con experiencia las dificultades que puede tener un central de sus características cuando debe jugar con tantos metros a la espalda.
Y Hartman ofreció posiblemente su actuación más convincente desde que llegó al Espanyol. Se mostró competitivo, respondió bien en defensa y ayudó a sacar el balón desde atrás. Su partido ganó todavía más valor cuando le tocó enfrentarse a Adama Traoré, un futbolista físicamente exigente al que consiguió controlar. El propio Sarabia quiso destacar su rendimiento, especialmente por su agresividad defensiva y su capacidad para imponerse en ese tipo de duelos.
Aquí aparece otro matiz importante del análisis del entrenador. Sarabia no entiende la defensa como algo separado del ataque. Para él, recuperar pronto la pelota, jugar en campo contrario y obligar al rival a defender durante mucho tiempo son también maneras de proteger la portería. Y en eso el Espanyol respondió bastante bien.
Ahora bien, el técnico reconoció que hubo problemas de coordinación, especialmente para interpretar cuándo Pol Lozano o Edu Expósito debían asumir una referencia individual y cuándo tenían que ayudar a la línea defensiva. Con los movimientos del Deportivo durante la segunda mitad esas responsabilidades cambiaron. Es decir, la defensa funcionó, pero todavía necesita automatismos. No se trata solamente de correr y ganar duelos, sino de que todos sepan cuándo saltar, a quién perseguir y qué espacios deben proteger.
Pol Lozano entiende la propuesta, pero el Espanyol necesita más de Edu Expósito y Cala
En el centro del campo también hubo diferencias importantes. Pol Lozano pareció sentirse bastante cómodo con lo que le pedía Sarabia. Se ofreció constantemente, ayudó en las recuperaciones y tuvo criterio para jugar rápido cuando la presión rival lo exigía. Es un futbolista que puede encajar bien en esta idea si consigue mantener la confianza y la regularidad. No necesita hacer grandes gestos para ser útil: muchas veces basta con estar bien colocado y dar el pase adecuado.
El partido de Edu Expósito dejó más dudas. El centrocampista tuvo protagonismo con balón, pero en varias ocasiones condujo demasiado y ralentizó ataques que pedían una circulación más rápida. No significa que hiciera un mal encuentro en todos los aspectos, pero el Espanyol necesita que uno de sus futbolistas de mayor calidad sea capaz de encontrar ventajas cerca del área. Edu puede ser muy importante para Sarabia, aunque tendrá que adaptar algunas decisiones a un sistema que exige mover al rival y detectar espacios.
Las explicaciones del entrenador sobre la segunda mitad ayudan a comprender parte de esas dificultades. Sarabia detectó que, en determinadas situaciones, los futbolistas que debían recibir el balón se acercaban demasiado al compañero que tenía la posesión. Lo hacían buscando seguridad, para ofrecer una línea de pase sencilla, pero esa cercanía terminaba perjudicando la siguiente acción. El equipo conseguía conservar la pelota, aunque después tenía problemas para progresar. Es una diferencia fundamental: tener el balón no significa necesariamente estar atacando bien.
También habló de la necesidad de ocupar mejor los espacios a la espalda de los rivales y de generar superioridades en los carriles interiores. Son movimientos que requieren coordinación y tiempo. No basta con pedir a los jugadores que se junten por dentro: tienen que entender cuándo acercarse, cuándo alejarse para liberar una línea de pase y cómo atacar el espacio contrario una vez superada la presión.
Más preocupante fue lo de Cala, que volvió a quedarse bastante lejos de lo que se espera de él. Sarabia había apostado por su titularidad porque le había gustado su semana de entrenamientos y confiaba en su capacidad para llegar al gol. Sobre el césped, en cambio, le costó asociarse, tomó algunas decisiones poco acertadas y terminó perdiendo influencia. Todavía es pronto para sacar conclusiones definitivas, especialmente después de un cambio de sistema tan importante, pero necesita dar un paso adelante. Que el entrenador le vea condiciones es una buena noticia; ahora tendrá que demostrarlas con mayor continuidad.
Antonio Hidalgo corrigió al Deportivo y el Espanyol perdió profundidad tras el descanso
La segunda mitad fue bastante diferente. Antonio Hidalgo movió el banquillo en el descanso con las entradas de Aubameyang y Diego Villares, y el Espanyol empezó a tener dificultades para mantener la claridad que había mostrado antes. El Deportivo ajustó su presión y consiguió cerrar mejor algunos espacios. Ya no resultaba tan sencillo encontrar pases interiores ni progresar con la misma continuidad.
Durante varios minutos dio la impresión de que el Espanyol estaba intentando entender cómo responder a los cambios del rival. Tenía el balón, pero cada vez resultaba más previsible. Pere Milla perdió la presencia que había mostrado en la primera parte, Dolan ya no encontraba tantas situaciones favorables y Cala seguía sin ofrecer soluciones. El equipo había perdido chispa arriba y empezaba a necesitar algo diferente.
Hidalgo volvió a mover ficha con Adama Traoré, buscando más potencia física y capacidad para atacar los espacios. El Espanyol respondió con la entrada de Javi Hernández por Cala, pero el cambio no consiguió devolverle inmediatamente la claridad ofensiva de los primeros minutos. El encuentro entró en una fase más espesa, con posesiones largas y poca profundidad.
Sarabia reconoció que algunos ajustes del rival habían dificultado la circulación, pero defendió que su equipo siguió encontrando alternativas mediante acciones más directas y transiciones. Y aquí conviene darle parte de razón. El Espanyol perdió capacidad para dominar con balón, pero no perdió el control defensivo del encuentro. Aubameyang y Adama tampoco consiguieron convertir sus apariciones en una amenaza constante, y Fortuño apenas tuvo que intervenir.
Por tanto, quizá sería injusto presentar toda la segunda mitad como un bajón completo del Espanyol. Fue, sobre todo, una pérdida de claridad ofensiva. El equipo seguía compitiendo, seguía protegiéndose razonablemente bien y mantenía posibilidades de ganar, pero ya no encontraba con tanta facilidad el camino hacia la portería rival. Es una diferencia que importa, porque señala con bastante precisión dónde debe trabajar Sarabia durante las próximas semanas.
Los cambios de Sarabia llegaron tarde, aunque el entrenador dio sus motivos
Si hay un reproche que se le puede hacer a Sarabia en su estreno, más allá del resultado, es la gestión de los cambios cuando el equipo empezó a perder presencia ofensiva. Es verdad que Javi Hernández entró en el minuto 63, pero la reacción no llegó y hubo que esperar hasta el minuto 78 para introducir a Moscardo, Bryan Zaragoza y Marcos Fernández. Para entonces, el encuentro llevaba bastante tiempo pidiendo algo diferente.
Hay que tener presente que el técnico no estaba en el banquillo por la sanción que arrastraba y fue Jon López quien dirigió al equipo desde la zona técnica. Eso no le impedía decidir el plan ni intervenir en su desarrollo, pero sí añadía una circunstancia particular a su estreno. En cualquier caso, la sensación desde fuera fue que el Espanyol podía haber buscado antes una reacción ofensiva.
La rueda de prensa permitió conocer las razones de Sarabia. Explicó que quiso mantener a Pol Lozano porque estaba aportando mucha energía defensiva, aunque también valoraba la posibilidad de introducir a Moscardo para ganar claridad por dentro. Además, señaló que Bryan Zaragoza y Javi Puado habían tenido pequeños problemas físicos durante la semana y no habían podido completar todas las tareas con normalidad. Eso condicionó sus decisiones.
También admitió algo que ayuda a entender el tramo final: «El último cambio lo queríamos aguantar un poco, estábamos esperando que llegara el gol y igual quizás meter algo un poquito más defensivo». Finalmente, Vanja Drkušić entró en los últimos minutos. No era solamente una cuestión de retrasar las sustituciones por indecisión, sino de conservar un margen de maniobra por si el partido cambiaba.
La explicación tiene sentido, aunque no elimina completamente el debate. El Espanyol necesitaba ganar en casa y durante varios minutos daba la impresión de que el ataque pedía piernas frescas, desborde y alguna solución diferente. Sarabia tuvo motivos para esperar, pero también es legítimo preguntarse si una intervención más temprana habría aumentado las posibilidades de victoria. Son decisiones que forman parte del trabajo de cualquier entrenador y que habrá que seguir observando cuando lleve más tiempo con la plantilla.
Los cambios ofrecieron resultados diferentes. Moscardo intentó jugar hacia delante y aportar algo de personalidad en la medular. Sarabia explicó que había visto precisamente esa valentía durante un ejercicio de posesión en el entrenamiento anterior y que buscaba trasladarla al partido. Bryan Zaragoza, en cambio, volvió a quedarse lejos de lo que se espera de un futbolista de su calidad. Y Marcos estuvo a punto de convertirse en el héroe de la tarde cuando, ya en el minuto 90, Roberto Fernández obligó a Leo Román a intervenir y el delantero no pudo aprovechar el rechace por la oposición de Diego Villares.
Roberto Fernández, mejor acompañado y respaldado por Sarabia, pero sin el premio del gol
La falta de gol sigue siendo uno de los grandes problemas del Espanyol. Porque podemos hablar de sistemas, presión, carrileros y superioridades todo lo que queramos, pero el equipo necesita transformar sus ataques en tantos. Frente al Deportivo generó ocasiones suficientes para ganar, especialmente durante la primera parte, y tuvo enfrente a un Leo Román que firmó una actuación excelente. Eso hay que reconocerlo. Pero también es verdad que el dominio no sirve de demasiado si al final no aparece el gol.
Roberto Fernández volvió a dejarse la piel y estuvo cerca de marcar en varias ocasiones. Esta vez, además, contó con más compañía en las zonas de remate. La presencia de Pere Milla a su lado y las llegadas desde segunda línea buscaban precisamente evitar que tuviera que fabricarse todas las acciones prácticamente solo. Una de las intenciones de Sarabia es que Roberto reciba en mejores condiciones, más cerca del área y con compañeros a los que asociarse.
El entrenador también explicó que quiere ayudarle a reducir parte del desgaste defensivo que venía acumulando. No se trata de que deje de trabajar para el equipo, sino de que no tenga que realizar esfuerzos innecesarios que después le resten frescura en los momentos decisivos. Es un planteamiento interesante para un delantero que ya ha demostrado que, cuando recibe en posiciones favorables, tiene capacidad para hacer daño.
Y hubo una reflexión de Sarabia que merece destacarse. Sobre las ocasiones en las que Roberto prefirió buscar a un compañero en lugar de finalizar, dejó claro que no lo considera un exceso de generosidad: «Para mí un delantero jamás tiene que ser egoísta». Su argumento es que un atacante debe elegir la mejor opción en cada jugada, sea rematar o asistir. Y consideró que Roberto había tomado buenas decisiones.
Es un respaldo importante. Porque Roberto no marcó, pero participó en varias de las mejores ocasiones y generó situaciones que sus compañeros estuvieron cerca de aprovechar. La última acción, con el remate que Leo Román rechazó y el intento posterior de Marcos, resume bastante bien su partido: peligro, capacidad para atacar los espacios y una falta de acierto final que volvió a dejar al Espanyol sin la recompensa.
Ahora bien, la responsabilidad del gol no puede recaer solamente en él. Edu Expósito, Cala, Dolan o Bryan Zaragoza deben aportar bastante más en el último tercio del campo. Tienen calidad para marcar diferencias, cada uno a su manera, pero todavía no están consiguiendo hacerlo con la continuidad que necesita el equipo. El fútbol de Sarabia puede ayudarles a recibir más balones en mejores posiciones, pero después tendrán que transformar esas ventajas en ocasiones y goles.
La comparación con Villarreal confirma que el Espanyol tiene más recursos de los que parecía
Hay una reflexión que empieza a hacerse inevitable después de estos dos últimos partidos. ¿Cómo puede ser que un equipo que parecía completamente hundido haya sido capaz de ganar en Villarreal y competir con tanta personalidad ante el Deportivo en apenas una semana? La respuesta no es sencilla, pero seguramente tenga que ver con varios factores. El cambio de entrenador, la recuperación de confianza, las decisiones tácticas y una plantilla que ha empezado a responder de una manera que llevaba demasiado tiempo sin mostrar.
En La Cerámica, Sergio García consiguió que el Espanyol recuperara el orden, la intensidad y la capacidad para competir. Fue una victoria de enorme mérito, construida desde el compromiso colectivo y con una participación importante de los jóvenes de La21. Ante el Deportivo, Sarabia apostó por una idea mucho más ambiciosa con balón y también encontró respuesta. Son dos maneras diferentes de jugar, pero ambas han permitido ver a futbolistas que hace unas semanas parecían incapaces de salir de una dinámica muy negativa.
Esto no significa que ahora haya que convertir a la plantilla en un grupo extraordinario ni olvidar lo sucedido con Manolo González. La crisis existió, las actuaciones anteriores fueron muy malas y los futbolistas tienen una parte importante de responsabilidad. Tampoco sería justo afirmar que dejaron de competir deliberadamente con el anterior entrenador. Pero sí resulta razonable preguntarse por qué no fueron capaces de ofrecer antes una reacción parecida.
El propio Sarabia admitió que el equipo le había sorprendido positivamente durante su primera semana, hasta el punto de reforzar su confianza en las posibilidades que tiene entre manos. Y eso permite una lectura doble. Por un lado, demuestra que el entrenador ha encontrado una plantilla más receptiva y con más recursos de los que quizá esperaba. Por otro, vuelve a poner sobre la mesa la responsabilidad de unos futbolistas que antes no estaban ofreciendo ese nivel de compromiso y convencimiento.
En cualquier caso, Sarabia también dejó claro que pretende construir su propio camino sin despreciar lo anterior. Explicó que algunas cosas que había visto le gustaría hacerlas de manera diferente, pero sin considerar que lo anterior fuera necesariamente peor. Esa idea es importante. El Espanyol no necesita borrar todo lo que hacía con Manolo González, sino conservar aquello que funcionaba y añadir nuevas soluciones. La victoria en Villarreal fue una demostración de que el equipo tiene recursos competitivos que no debería perder.
Sarabia sale satisfecho: el Espanyol tiene más potencial del que esperaba
La rueda de prensa posterior dejó a un entrenador muy satisfecho, quizá incluso más de lo que algunos aficionados podían esperar después de otro empate en casa. Sarabia consideró que el Espanyol había sido superior, destacó que el portero del Deportivo había sido su mejor futbolista y defendió que su equipo mereció ganar. También puso en valor las recuperaciones en campo contrario, el rendimiento físico y la segunda portería a cero consecutiva.
Pero lo más interesante fue su valoración de las posibilidades de crecimiento. El entrenador explicó que esta primera semana le había reforzado la confianza en el potencial de la plantilla. No es que considere que el trabajo esté terminado, porque reconoció problemas para encontrar superioridades interiores, progresar con balón y ajustar determinadas situaciones defensivas. Lo que ha visto es una respuesta suficiente para pensar que puede avanzar más deprisa de lo previsto.
Y hay un detalle que merece atención. Sarabia dijo que lo importante no era únicamente haber tenido más posesión o más ocasiones, sino que los jugadores empezaran a sentirse capaces de provocar lo que sucede en el campo en lugar de limitarse a reaccionar ante el rival. Ese es seguramente el cambio más ambicioso de su propuesta: pasar de esperar a que sucedan las cosas a intentar que sucedan las que quiere el Espanyol.
Puede parecer una diferencia pequeña, pero no lo es. Significa pedir a los futbolistas que jueguen con iniciativa, que asuman responsabilidades y que tengan respuestas cuando el adversario cambie su comportamiento. El problema es que ese modelo requiere automatismos y una confianza que no se adquiere en cuatro entrenamientos. Por eso el estreno invita al optimismo, pero no permite sacar conclusiones definitivas.
También hay que poner en contexto la satisfacción de Sarabia. Ha llegado a un vestuario golpeado por los malos resultados y ha conseguido que sus jugadores respondan a una propuesta exigente en muy poco tiempo. Es lógico que valore ese punto de partida. Pero el entrenador sabe que un buen estreno en cuanto a sensaciones no equivale a haber solucionado los problemas del Espanyol. Si algo quedó claro contra el Deportivo es que todavía falta trabajo para que la iniciativa termine convirtiéndose en victorias.
Javi Puado, una pieza importante que Sarabia todavía no puede aprovechar
La comparecencia también dejó una noticia importante relacionada con Javi Puado. El capitán sigue recuperando su mejor condición física y el nuevo entrenador no quiso precipitar su regreso. Aunque llegó a mencionar la posibilidad de tenerlo disponible para San Mamés, enseguida dejó entrever que quizá fuera demasiado pronto y apuntó a un plazo aproximado de un mes para verlo en buenas condiciones. No es una fecha médica definitiva, pero sí una señal de que el club pretende ir con prudencia.
Sarabia habló del capitán con especial admiración. Destacó su liderazgo, su compromiso y la importancia que puede tener en su manera de jugar. Incluso dejó una frase muy significativa: «A mí me ha parecido siempre un futbolista maravilloso». También explicó que ya se lo había transmitido personalmente.
La recuperación de Puado puede ser muy importante para este nuevo Espanyol. Es un futbolista capaz de asociarse, atacar espacios y llegar al gol desde distintas posiciones. Precisamente algunas de las cosas que al equipo le faltaron durante varios momentos contra el Deportivo. Pero tampoco tendría sentido cargarle con la responsabilidad de arreglar todos los problemas ofensivos. Primero debe recuperar su mejor versión física y después encontrar su sitio en el nuevo sistema.
La concentración en La Garrotxa será el primer gran laboratorio del nuevo proyecto
El parón de selecciones llega en un momento especialmente oportuno para el nuevo entrenador. El Espanyol se concentrará del 10 al 14 de noviembre en La Vall d’en Bas, en las instalaciones de Royalverd, con varias jornadas de dobles sesiones de entrenamiento. Sarabia dispondrá de tiempo para profundizar en los conceptos del nuevo cuerpo técnico, mejorar los mecanismos de presión y ensayar diferentes salidas de balón.
También será una buena ocasión para trabajar precisamente aquello que señaló después del Deportivo: encontrar mejores distancias entre los jugadores, ocupar los espacios interiores y aprender a progresar cuando el rival consigue cerrar las líneas de pase. Son detalles que pueden parecer pequeños, pero que terminan marcando la diferencia entre un equipo que solamente tiene la pelota y otro que consigue dominar de verdad.
Eso sí, no estarán todos los futbolistas. Roberto Fernández, Javi Hernández y Vanja Drkušić tienen compromisos internacionales, por lo que Sarabia deberá adaptar parte del trabajo a esas ausencias. La concentración servirá también para conocer mejor a los jugadores y crear relaciones dentro de un grupo que acaba de cambiar de entrenador y de manera de jugar.
Habrá un trabajo importante en el aspecto individual. Futbolistas como Cala, Dolan, Edu Expósito o Bryan Zaragoza necesitan encontrar su mejor versión, mientras que otros, como Pol Lozano, Hartman o Alejandro Santiago, tienen la oportunidad de consolidar las buenas sensaciones que dejaron ante el Deportivo. Y habrá que ver cómo se integran algunos de los jugadores que destacaron en Villarreal y que esta vez tuvieron menos protagonismo.
El objetivo es llegar al siguiente compromiso, el viernes 20 de noviembre ante el Athletic Club en San Mamés, con un equipo que entienda mejor lo que quiere su entrenador. Será además el primer encuentro en el que Sarabia pueda dirigir desde el banquillo después de cumplir su sanción. No se trata de aprender un dibujo de memoria, sino de saber cómo responder cuando el rival presiona, modifica su estructura o consigue frenar la circulación del balón.
El Espanyol de Sarabia invita a un optimismo moderado, pero ahora tiene que empezar a ganar
El estreno de Sarabia no dejó una victoria, pero tampoco puede considerarse un mal punto de partida. El Espanyol volvió a competir, mostró una propuesta reconocible y demostró que puede jugar a algo diferente. La primera mitad fue seguramente lo mejor del encuentro, con futbolistas comprometidos, ocasiones claras y una actitud que invitaba a pensar que el cambio puede funcionar. Después llegaron las dificultades, la pérdida de profundidad y la sensación de que el equipo todavía está lejos de dominar todos los mecanismos que exige su nuevo entrenador.
Las declaraciones posteriores ayudan a entender muchas de las decisiones de Sarabia y permiten matizar algunas críticas. Los cambios no fueron únicamente una cuestión de conservadurismo, la elección de determinados futbolistas respondió a necesidades concretas y el técnico identificó problemas tácticos bastante precisos. Eso es positivo, porque demuestra que tiene un diagnóstico de lo que debe mejorar. Pero explicar las decisiones no significa que todas fueran necesariamente las mejores. Y también debe formar parte del análisis reconocer dónde pudo equivocarse.
Hay motivos para ser moderadamente optimistas. El Espanyol suma cuatro puntos de los últimos seis, ha dejado la portería a cero en dos partidos consecutivos y parece haber recuperado una parte importante de su confianza. No es poca cosa después de lo vivido en Santander y Sestao. Pero tampoco hay que confundir la mejoría con la solución definitiva a todos los problemas. El equipo sigue teniendo dificultades para marcar, algunos futbolistas no están respondiendo a su nivel y la clasificación obliga a seguir sumando.
El nuevo entrenador tiene por delante un trabajo considerable, y lo tendrá que hacer con una presión que no desaparecerá porque el equipo juegue mejor. El empate ante el Deportivo deja esperanza, sí, pero también la sensación de que se escapó una victoria perfectamente posible. Y hay un detalle que tampoco se puede pasar por alto: el Espanyol sigue sin volver a ganar en casa desde la primera jornada. El RCDE Stadium necesita recuperar esas tardes en las que el equipo no solamente compite, sino que consigue imponer su fútbol y sacar adelante los partidos.
Quizá la conclusión más razonable sea que todavía es demasiado pronto para juzgar de manera definitiva a Eder Sarabia, tanto para bien como para mal. El primer partido ha dejado más argumentos para confiar que para desconfiar, aunque también ha demostrado que el nuevo Espanyol está lejos de ser un equipo terminado. El proyecto se ha ganado un margen de confianza, y sería absurdo negárselo después de una sola jornada. Ahora bien, ese margen no puede ser ilimitado. El Espanyol necesita puntos y su entrenador tendrá que encontrar el equilibrio entre construir una identidad reconocible y competir con eficacia desde el primer momento.
Porque al final esa es la cuestión. Sarabia quiere un equipo que tenga el balón, que presione arriba, que disfrute jugando y que sea capaz de imponer su voluntad. El sábado vimos bastantes cosas de ese Espanyol, pero también comprobamos que todavía le falta colmillo. La idea ilusiona a ratos, las sensaciones son mejores y el equipo parece tener más fútbol del que había enseñado durante su crisis. Ahora toca conseguir que todo eso se traduzca en goles y victorias. Porque el espanyolismo puede ilusionarse con el cambio de estilo, pero lo que realmente necesita es volver a celebrar triunfos. Y cuanto antes, mejor.














