
Resumen: La etapa de Chen Yansheng en el Espanyol estuvo marcada por dos descensos, años de desencanto y una ruptura cada vez más evidente con la afición. Una información publicada por Iván Molero en AS explica ahora cómo las protestas de seguidores pericos ante el consulado chino, con mensajes que llegaron a interpretarse como ataques al propio país, pudieron acelerar la decisión de Rastar de vender el club. Pero lo curioso viene después. Algo más de un año después de la llegada de Alan Pace y Velocity Sports Partners, empiezan a aparecer voces que miran atrás y se preguntan si el cambio de propiedad ha servido realmente para dar el salto que esperaba el espanyolismo. La falta de explicaciones concretas sobre el proyecto, unas expectativas comerciales que no parecen haberse cumplido del todo, la inversión deportiva que muchos consideran insuficiente y unos resultados que no han mejorado claramente ni siquiera con la llegada de Monchi han alimentado una paradoja difícil de imaginar hace poco: algunos empiezan a echar de menos a Chen. No necesariamente porque su gestión fuera buena, sino porque todavía no ven qué ha venido a mejorar la nueva propiedad.
5 puntos clave
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- La salida de Chen, bajo otra luz: AS vincula la aceleración de la venta a las protestas ante el consulado chino.
- Una nostalgia inesperada: parte del espanyolismo empieza a comparar favorablemente algunos aspectos de la etapa Rastar.
- Las dudas sobre Alan Pace: falta una explicación más concreta del proyecto que quiere desarrollar Velocity.
- Monchi no basta: su fichaje fue un golpe de efecto, pero los resultados deportivos siguen sin despejar las dudas.
- La inversión, en el centro: patrocinadores, recursos económicos y ambición siguen siendo asuntos pendientes de aclarar.
El Espanyol descubre una paradoja inesperada: Chen Yansheng empieza a tener nostálgicos
Si hace un par de años alguien hubiera dicho que una parte del espanyolismo acabaría mirando con cierta nostalgia la etapa de Chen Yansheng, seguramente más de uno se habría echado a reír. El empresario chino se marchó del control del Espanyol después de años de críticas, protestas, dos descensos y un desgaste enorme de su relación con la afición. Había llegado un punto en el que su salida parecía casi una condición imprescindible para que el club pudiera empezar de nuevo. Lo que viniera después tenía que ser mejor. O, como mínimo, esa era la esperanza.
Pero el tiempo tiene estas cosas. Algo más de un año después de que Velocity Sports Partners asumiera el control del Espanyol, empiezan a surgir preguntas que pocos esperaban hacerse tan pronto. ¿Qué proyecto tiene realmente Alan Pace para el club? ¿Cuánto dinero está dispuesto a invertir? ¿Dónde están las grandes oportunidades comerciales que debía traer la nueva propiedad? ¿Por qué, después de fichar a Monchi, el equipo sigue teniendo tantas dificultades? Y la más incómoda de todas: ¿hemos cambiado de dueño para seguir prácticamente en el mismo sitio?
Que nadie se confunda. Recordar algunos aspectos de la gestión de Chen no significa olvidar sus errores. Fueron demasiados y demasiado importantes. Pero cuando una nueva propiedad llega acompañada de expectativas tan altas, lo normal es que se la juzgue por lo que consigue, no solamente por lo que promete. Y ahí es donde Alan Pace empieza a encontrarse con una afición bastante menos paciente que hace un año.
AS explica cómo las protestas ante el consulado chino aceleraron la salida de Rastar
El debate vuelve a cobrar fuerza a raíz de una información publicada este miércoles por Iván Molero en el diario AS, que recupera los episodios de protesta que precedieron a la venta del Espanyol. Según explica el periodista, las movilizaciones de aficionados pericos ante el consulado de China en Barcelona tuvieron un impacto que fue mucho más allá de la crítica a la gestión deportiva de Chen Yansheng. Para comprenderlo, el artículo establece una relación con la polémica generada recientemente por un meme de Kylian Mbappé en el que aparecía una referencia a Mao Zedong y que ha provocado un conflicto comercial entre el futbolista, el Real Madrid, LaLiga y China.
En el caso del Espanyol, las protestas contra Rastar habían ido creciendo hasta trasladarse fuera del estadio. En febrero de 2024 apareció ante el consulado una pancarta con el mensaje “Chen, go home; devuélvenos el Espanyol”, una iniciativa que los grupos de animación extendieron a representaciones diplomáticas chinas de varias ciudades europeas. Meses después, el 28 de noviembre, centenares de seguidores volvieron a concentrarse ante el consulado de Barcelona. Se vieron lemas como “Fora, Rastar” y “Chen, go home”, junto a otros mensajes mucho más agresivos, y se promovió la presencia de banderas de Taiwán y del Tíbet como forma de presión.
La información de AS sostiene que aquellas protestas dejaron de interpretarse únicamente como un rechazo a Chen y Rastar para entenderse también como una ofensa dirigida a China. El artículo relaciona esa reacción con la importancia cultural de la reputación y el respeto público, el llamado “Mianzi”, y con el uso político de la expresión “herir los sentimientos del pueblo chino”. Según este relato, ese componente habría contribuido a acelerar la voluntad de Rastar de abandonar el control del club. Es una explicación que aporta una perspectiva distinta sobre la operación, aunque no permite reducir una venta empresarial de tanta importancia a un único motivo.
Chen se fue, pero Rastar nunca desapareció completamente del Espanyol
Hay un detalle de aquella operación que conviene recordar. Rastar dejó de controlar directamente el Espanyol, pero no rompió por completo su relación económica con el club. En octubre de 2025 se completó oficialmente la adquisición mayoritaria por parte de Velocity Sports Partners, el vehículo inversor vinculado a ALK Capital y encabezado por Alan Pace. El acuerdo estuvo valorado en unos 130 millones de euros, una parte en efectivo y otra mediante acciones del grupo comprador.
La antigua propiedad china conservó un 16,45% de la sociedad matriz que controla el Espanyol y el Burnley, no del capital directo del club blanquiazul. Así que el cambio de dueño tampoco significó una separación absoluta entre el pasado y el presente. Chen perdió el control del proyecto, pero Rastar siguió teniendo intereses económicos en la estructura que pasó a gobernarlo.
La nueva etapa llegó acompañada de mensajes sobre crecimiento, estabilidad, colaboración internacional y una forma diferente de gestionar el club. La unión con el Burnley debía ofrecer oportunidades deportivas y empresariales. El problema es que, más de un año después, todavía cuesta encontrar una explicación suficientemente concreta de hasta dónde pretende llegar Velocity con el Espanyol. Y esa falta de claridad es precisamente una de las cuestiones que empiezan a generar malestar.
Alan Pace y las promesas de una nueva era que todavía esperan resultados
Cuando Alan Pace apareció en escena, la sensación general era que el Espanyol iniciaba una etapa con más posibilidades. Se hablaba de modernización, de crecimiento económico, de nuevas oportunidades comerciales y de un proyecto capaz de dar estabilidad a un club acostumbrado a vivir demasiado cerca del precipicio. La propiedad de un equipo de la Premier League como el Burnley parecía abrir puertas que antes no estaban al alcance de los blanquiazules.
Pero una cosa es anunciar una nueva era y otra explicar con cifras y decisiones qué significa exactamente. ¿Cuál es el objetivo deportivo de Velocity a tres o cinco años? ¿Qué recursos económicos piensa destinar al Espanyol? ¿Cuánto depende el crecimiento del club de sus propios ingresos y cuánto está dispuesta a aportar la propiedad? Son preguntas que la afición tiene derecho a hacerse y que no quedan contestadas con referencias generales a la estabilidad o al crecimiento sostenible.
También convendría conocer qué papel real tiene el Espanyol dentro del grupo. El club siempre ha defendido que mantendrá su autonomía respecto al Burnley, algo que resulta positivo para preservar su identidad. Pero seguir siendo independiente no debería significar que el vínculo con Velocity apenas se note en el día a día. Si formar parte de una estructura internacional tiene ventajas, lo razonable es que los aficionados puedan identificarlas con cierta claridad.
Los patrocinadores y la inversión comercial: el Espanyol esperaba un salto mayor
Uno de los asuntos que más dudas genera es el comercial. La llegada de una propiedad vinculada al fútbol inglés alimentó la expectativa de que el Espanyol pudiera captar patrocinadores de mayor dimensión y mejorar sus ingresos. Había motivos para pensar que las relaciones internacionales del nuevo grupo podían ayudar a abrir mercados y encontrar empresas dispuestas a apostar por el club.
El Espanyol sí ha conseguido avances. En agosto presentó a ARCTEMPUS como nuevo patrocinador principal, ocupando el frontal de la camiseta después de la etapa de Conservas Dani. Mantiene también acuerdos con otras empresas y marcas vinculadas a la entidad. El problema no es que no existan patrocinadores, sino que el salto comercial que muchos esperaban todavía no resulta especialmente visible. ARCTEMPUS cubre una necesidad importante, pero por ahora no se conocen públicamente las cifras económicas del contrato, anunciado inicialmente para la temporada 2026-27.
Por eso la cuestión sigue abierta. ¿Está consiguiendo Velocity atraer al Espanyol una capacidad comercial claramente superior a la de la etapa anterior? Puede que existan negociaciones o proyectos en marcha, pero para valorar un avance real hacen falta cifras de ingresos, acuerdos consolidados y una comparación con ejercicios anteriores. La afición no puede vivir indefinidamente de la expectativa de que algún día llegarán grandes marcas.
Monchi fue el gran golpe de efecto de Pace, pero el equipo sigue sin despegar
En el apartado deportivo, la nueva propiedad sí consiguió un golpe de efecto importante. La incorporación de Monchi como director general deportivo en mayo de 2026 fue una noticia de enorme impacto. Pocos esperaban que el Espanyol pudiera incorporar a un profesional con su trayectoria, especialmente después de años en los que el club había tenido enormes dificultades para competir económicamente en el mercado.
Su llegada despertó ilusión y parecía demostrar que Alan Pace podía atraer talento de primer nivel a los despachos. Pero fichar a Monchi no garantiza que el equipo vaya a mejorar si el proyecto no dispone de recursos suficientes o si las decisiones deportivas no funcionan. Y el inicio de esta temporada ha sido bastante decepcionante. El Espanyol ha vivido una crisis de resultados, cayó eliminado de la Copa del Rey ante el Sestao River y terminó destituyendo a Manolo González después de diez jornadas de Liga.
La victoria en Villarreal con Sergio García permitió respirar y sumar once puntos, pero el equipo continúa cerca del descenso. Ahora Monchi ha apostado por Eder Sarabia, un entrenador con una propuesta muy diferente a la que había defendido su antecesor. El cambio puede salir bien, pero también deja preguntas sobre la coherencia de la planificación. Si se quiere construir un Espanyol de posesión y juego asociativo, ¿por qué se confeccionó una plantilla para una idea tan distinta? ¿Y qué margen económico tendrá Sarabia para incorporar en el futuro a los futbolistas que necesita?
Monchi tiene experiencia, prestigio y una trayectoria difícil de discutir. Pero el espanyolismo no necesitaba solamente un nombre importante en el organigrama. Necesitaba que ese fichaje se tradujera en un equipo mejor. Y, de momento, esa mejora todavía no se ha consolidado.
¿Cuánto dinero tiene realmente Velocity para invertir en el Espanyol?
La otra gran incógnita es económica. Existe la percepción, cada vez más extendida entre los sectores críticos de la nueva propiedad, de que Velocity no dispone de una potencia financiera tan grande como algunos imaginaron cuando se anunció la venta. Es una percepción que conviene separar de los datos comprobados. Sin conocer con detalle las cuentas consolidadas del grupo, su capacidad de financiación y sus compromisos de inversión, no se puede asegurar que carezca de recursos.
Lo que sí puede discutirse es la distancia entre las expectativas y lo que se ve sobre el terreno. La entrada de Velocity no ha convertido al Espanyol en un club capaz de acudir al mercado con grandes cantidades de dinero ni ha eliminado las limitaciones económicas que condicionan su planificación. Es cierto que la propiedad ha destinado recursos a la entidad y que el margen de inversión también depende de las normas económicas de LaLiga. Pero una afición que llevaba años reclamando un propietario con mayor capacidad esperaba notar un cambio más claro.
También sería injusto olvidar que la etapa de Chen incluyó importantes aportaciones económicas y momentos de inversión, junto a decisiones deportivas que terminaron saliendo muy caras. La pregunta no es solamente quién tiene más dinero, sino quién está dispuesto a ponerlo al servicio de un proyecto deportivo coherente y sostenible. Y, sobre todo, cómo piensa hacerlo.
¿Se echa de menos a Chen o se echa de menos lo que Pace prometía representar?
Aquí aparece la paradoja que resume buena parte del debate. Durante años, Chen Yansheng fue señalado como uno de los principales responsables de los problemas del Espanyol. Su gestión dejó dos descensos, cambios de rumbo, decisiones difíciles de entender y una relación con la afición cada vez más deteriorada. Todo eso sigue formando parte de la historia del club y no desaparece porque ahora existan dudas sobre Alan Pace.
Pero la comparación entre ambas etapas empieza a resultar incómoda para la nueva propiedad. Algunos aficionados recuerdan que Chen, con todos sus errores, sí llegó a realizar inversiones importantes y asumió personalmente decisiones que marcaron el rumbo económico de la entidad. No significa que aquellas inversiones se gestionaran bien, ni que debamos idealizar su presidencia. Significa que el espanyolismo esperaba de Velocity una alternativa claramente superior y todavía no tiene suficientes motivos para estar convencido de haberla encontrado.
Quizá ni siquiera se trate de nostalgia por Chen. Puede que lo que realmente se esté echando de menos sea la ilusión que provocó su marcha. Aquella sensación de que el Espanyol cerraba una etapa de frustraciones y empezaba otra con mayores recursos, mejores profesionales y una dirección más clara. Un año después, buena parte de esas expectativas continúan pendientes de convertirse en hechos.
El Espanyol necesita que Alan Pace explique qué club quiere construir
La solución no pasa por mirar constantemente hacia atrás ni por discutir si Chen era mejor o peor propietario. El Espanyol necesita saber qué piensa hacer Alan Pace con el club. Y necesita conocerlo con algo más de precisión que la ofrecida hasta ahora. Qué objetivos deportivos se marca, qué inversión contempla, cómo quiere mejorar los ingresos comerciales, cuál será la relación con el Burnley y qué papel tendrá Monchi en la construcción del proyecto.
También debe existir una explicación convincente de cómo encaja Eder Sarabia dentro de esa planificación. Si se ha apostado por un entrenador con una identidad futbolística tan marcada, lo lógico sería que el club estuviera dispuesto a acompañarlo con decisiones deportivas y económicas acordes con esa idea. No tendría demasiado sentido anunciar un cambio profundo de modelo para después exigirle resultados inmediatos con una plantilla diseñada para jugar de otra manera y sin margen para adaptarla.
Alan Pace todavía tiene tiempo para demostrar que su llegada ha sido positiva para el Espanyol. Un año no basta para valorar definitivamente una operación de propiedad ni para construir un proyecto estable. Pero sí es tiempo suficiente para empezar a exigir una dirección reconocible, objetivos concretos y una explicación clara de los recursos disponibles. La paciencia de la afición no debería confundirse con un cheque en blanco.
La gran ironía del cambio de propiedad: el Espanyol quería olvidar a Chen y ahora vuelve a hablar de él
La información publicada por AS sobre las protestas que pudieron acelerar la salida de Rastar sirve para recordar hasta qué punto llegó el hartazgo de la afición con Chen Yansheng. Hubo un momento en el que conseguir que vendiera el club parecía casi tan importante como ganar un partido. El espanyolismo quería recuperar la esperanza, dejar atrás los descensos y sentir que la propiedad tenía la ambición necesaria para devolver al Espanyol a una posición más acorde con su historia.
Hoy esa esperanza sigue esperando respuestas. Velocity no ha fracasado definitivamente, ni mucho menos, pero tampoco ha demostrado todavía que el cambio de propietario haya supuesto el salto que tantos aficionados imaginaban. Monchi llegó como gran símbolo de ambición, Sarabia acaba de hacerse cargo del banquillo y el club continúa buscando estabilidad deportiva. Los grandes avances económicos y comerciales tampoco se perciben con la claridad que se esperaba.
Y así hemos llegado a una situación que hace poco habría parecido un chiste. El mismo espanyolismo que empujó durante años para que Chen abandonara el club empieza a preguntarse qué tenía de malo aquello que ahora, con Pace, sigue sin solucionarse. La nostalgia puede ser engañosa, porque tiende a borrar los errores del pasado. Pero también puede actuar como una advertencia para el presente. Si Alan Pace no quiere que la comparación siga creciendo, tendrá que demostrar con hechos que el Espanyol ha cambiado de verdad. Porque para quedarse como estaba, no hacía falta despertar tantas expectativas.












