
Resumen: El Espanyol ha dejado escapar tres puntos en los minutos finales de sus dos últimos partidos. En Málaga perdió una victoria con el empate de Adrián Niño en el 93; ante el Atlético, Baena convirtió el empate en derrota cuando el encuentro terminaba. Los blanquiazules siguen con ocho puntos y acumulan cuatro jornadas sin ganar, aunque permanecerán fuera del descenso al término de esta jornada. Los errores en las últimas acciones vuelven a poner sobre la mesa la gestión de los partidos. Competir durante buena parte del encuentro está sirviendo de poco si el equipo no consigue proteger lo que tiene.
Cinco puntos clave
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- Tres puntos que se escaparon al final: el empate del Málaga restó dos y el gol del Atlético dejó al Espanyol sin otro que tenía cerca.
- Dos desenlaces consecutivos: Adrián Niño y Baena castigaron acciones mal defendidas cuando apenas quedaba tiempo para responder.
- Ocho puntos en nueve jornadas: los pericos encadenan cuatro encuentros sin ganar y necesitan cortar la dinámica.
- Fuera del descenso una jornada más: el equipo conserva un punto de margen, un alivio que no resuelve sus problemas.
- La gestión del final, bajo examen: concentración, colocación y decisiones deben acompañar al esfuerzo para evitar nuevos golpes.
El Espanyol pierde tres puntos en dos finales que vuelven a doler
El Espanyol está descubriendo lo caro que sale quedarse a unos minutos de terminar el trabajo. En Málaga tenía una victoria al alcance y regresó con un empate. Contra el Atlético resistía con un punto en el bolsillo y acabó sin ninguno. Entre las dos últimas jornadas han volado tres puntos en los instantes finales, una diferencia enorme para un equipo que solo suma ocho después de nueve partidos. No se trata de contar como ganados encuentros que todavía estaban abiertos, sino de señalar una dificultad que se está repitiendo: llegar con opciones al desenlace y no conseguir conservarlas. El balance real es un punto de los últimos seis y cuatro jornadas consecutivas sin ganar.
El gol de Adrián Niño en Málaga dejó escapar una victoria necesaria
En La Rosaleda, el golpe llegó en el minuto 93. El Espanyol había conseguido adelantarse, pero terminó concediendo a Adrián Niño un remate desde la frontal que transformó el triunfo en un 1-1. Era una oportunidad para volver del parón con una victoria, rebajar la tensión y afrontar al Atlético con otro ánimo. Todo quedó reducido a un punto que supo a muy poco. La acción merece revisión por cómo se defendió, aunque también importa el recorrido previo: cuando un equipo pierde capacidad para salir y amenazar, le cuesta mucho más alejar el partido de su portería. El último error termina llevándose toda la atención, pero no siempre explica por sí solo cómo se ha llegado hasta ahí.
Baena castigó al Espanyol ante el Atlético en otra última acción mal resuelta
Una jornada después cambió el escenario, pero el disgusto se pareció demasiado. Baena decidió el Espanyol-Atlético con el 0-1 en el tramo final, después de una transición visitante nacida de un córner favorable a los pericos. El equipo había aguantado hasta entonces y volvió a quedarse sin premio cuando ya quedaba poco margen para corregir nada. Manolo señaló después una decisión concreta que podía haber frenado el ataque: “una falta en esa acción y se habría acabado el partido”. La reflexión apunta al oficio, a reconocer el peligro antes de que el rival llegue a una zona desde la que puede hacerte daño. Esta vez el Espanyol permitió que la jugada siguiera y Baena puso la calidad que terminó decidiendo el encuentro.
Defender un resultado también exige saber qué hacer con el balón
Reducirlo todo a una falta que no se hizo o a un remate que no se tapó dejaría el análisis a medias. Cerrar un partido también consiste en conservar una salida, encontrar un apoyo y evitar que cada recuperación termine en otra pérdida inmediata. A veces hará falta despejar sin complicarse; otras, guardar la pelota unos segundos permitirá al equipo respirar y recuperar su posición. No hay una receta que sirva para todas las jugadas. Precisamente por eso se necesita claridad para elegir. Los jugadores deben resolver sobre el césped y el cuerpo técnico debe ayudarles a llegar a esos minutos con una organización que reduzca los riesgos. El cansancio puede explicar una dificultad, pero no convierte el desenlace en inevitable.
Los goles tardíos también están castigando la confianza del Espanyol
El daño no termina en la tabla. Después de dos golpes seguidos, el siguiente final puede jugarse con el recuerdo de los anteriores. Eso no permite afirmar qué siente cada futbolista, pero sí plantea un riesgo para el equipo: que el miedo a perder lo conseguido termine condicionando sus decisiones. Retroceder sin encontrar salida, precipitar un pase o dejar de ofrecerse puede hacer todavía más difícil sostener el resultado. El Espanyol necesita romper esa secuencia con un partido que termine bien, aunque para acercarse a él tendrá que corregir acciones concretas. La confianza también se recupera comprobando que las soluciones trabajadas funcionan cuando el reloj aprieta.
El Real Madrid ya castigó al Espanyol y el Sevilla dejó la excepción favorable
Los dos últimos encuentros tampoco son los únicos que han cambiado cerca del pitido final. Ante el Real Madrid, Carlos Espí decidió en el minuto 90 un partido que estaba empatado, después de que Cala hubiera igualado el tanto de Bellingham. La alegría llegó frente al Sevilla, cuando Marcos Fernández marcó en el 98 y rescató un punto. Son antecedentes que impiden hablar de una condena escrita de antemano: el Espanyol también ha sabido encontrar premio cuando quedaban pocos segundos. Lo que ocurre es que los disgustos pesan más. El objetivo debe ser reducir los finales que dependen de sobrevivir a una última acción, sin renunciar a buscar la portería contraria cuando aparece la oportunidad.
Seguir fuera del descenso ofrece margen al Espanyol, pero poca tranquilidad
Pese a la derrota contra el Atlético, el Espanyol seguirá una jornada más fuera del descenso, con un punto de margen. Es un alivio que conviene valorar, aunque resulta demasiado estrecho para instalarse en él. La posición no borra los cuatro partidos sin ganar ni devuelve los puntos perdidos en Málaga y Cornellà. Tampoco serviría sumar esos tres puntos a la clasificación como si ya fueran propios: los encuentros duran hasta que el árbitro señala el final y el equipo debe aprender a resolverlos completos. Lo que sí muestran esos desenlaces es dónde tiene una tarea urgente. Con una distancia tan pequeña respecto a la zona roja, proteger un empate o una ventaja puede cambiar mucho una semana.
Manolo necesita que el Espanyol convierta el esfuerzo en puntos
Para Manolo, la repetición aumenta la exigencia porque una mejora durante buena parte del encuentro pierde fuerza si el resultado vuelve a escaparse. El entrenador tiene trabajo en la colocación, en los cambios y en las instrucciones; los futbolistas, en las decisiones que solo ellos pueden tomar cuando la pelota está en juego. El Espanyol necesita una respuesta compartida para que competir mejor también signifique sumar. Málaga y Atlético ya no se pueden reparar. El siguiente paso será conseguir que, cuando vuelva a llegar con un resultado favorable a los últimos minutos, tenga recursos para llevarlo hasta el vestuario.









