El Espanyol y Manolo llegan a una encrucijada: tres partidos para cambiar el rumbo o tomar una decisión

19 de octubre de 2026
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Resumen: El Espanyol tendrá que afrontar una semana de mucho peso con ocho puntos en nueve jornadas y cuatro partidos sin ganar. Las visitas a Racing, Sestao River y Villarreal concentrarán tres pruebas distintas en siete días. Manolo conserva el crédito de su trayectoria y la apuesta de Monchi, pero necesita respuestas actuales para sostener esa confianza. La Copa tendrá una importancia especial: avanzar puede dar aire y una eliminación agravaría el escenario. Sin un ultimátum público confirmado, el equipo necesita resultados y una mejora que tenga continuidad.

Cinco claves

    • Un punto de los últimos doce: la derrota ante el Atlético aumenta la presión sobre un equipo que encadena cuatro jornadas sin ganar.
    • Tres salidas en siete días: Racing, Sestao River y Villarreal exigirán gestionar esfuerzos con muy poco tiempo para entrenar y corregir.
    • La Copa puede pesar mucho: pasar de ronda daría aire, mientras que una eliminación añadiría otro golpe en un momento especialmente delicado.
    • El crédito necesita renovarse: la trayectoria de Manolo merece reconocimiento, pero el presente exige soluciones que funcionen sobre el césped.
    • La apuesta de Monchi, a examen: sostener al entrenador necesita un diagnóstico claro y señales de que la reacción puede llegar.

El equipo afronta tres salidas en siete días después de sumar un punto de los últimos doce. El recorrido del entrenador y la apuesta de Monchi sostienen su continuidad, pero Santander y Sestao abren un tramo en el que el Espanyol necesita resultados y razones para seguir creyendo.

El Espanyol volverá a hacer dentro de unos días las maletas con demasiadas preguntas dentro. Ocho puntos en nueve jornadas, cuatro partidos consecutivos sin ganar y otro golpe cuando el empate parecía al alcance. La derrota ante el Atlético no convierte por sí sola la situación en insostenible, pero se añade a una mochila que ya pesaba antes del sábado. Porque el problema de perder contra los de Simeone es todo lo que venía de antes: las oportunidades desaprovechadas, los cambios sin una respuesta duradera y esa sensación de que al equipo le cuesta muchísimo conseguir lo que después puede perder en una sola jugada. El Espanyol necesita reaccionar y Manolo González, que se ha decidido que sigue de momento en el banquillo, necesita demostrar que todavía sabe por dónde hacerlo.

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Por delante aparece ese recorrido que en el entorno ya se presenta como un viaje por el norte de España. Primero, Santander; después, Sestao. Y, para cerrar la semana, una tercera salida en Vila-real. Racing el sábado 24 de octubre, Sestao River en la Copa el martes 27 y Villarreal el viernes 30. Tres partidos en siete días, todos lejos de casa, con muy poco espacio para corregir sobre el césped de entrenamiento. El calendario obliga a encontrar respuestas mientras se compite.

No hay que confundir ese escenario con un ultimátum confirmado. La información disponible, más allá que de momento Manolo sigue al frente del equipo, no permite afirmar que el club haya fijado una fecha de caducidad para el entrenador. Pero, desde el análisis deportivo, cuesta separar lo que viene del debate sobre su futuro. Si el Espanyol vuelve a atascarse en Santander, tropieza en la Copa y llega a Villarreal todavía más tocado, defender la continuidad exigirá argumentos que hoy el equipo está ofreciendo con cuentagotas.

La derrota ante el Atlético pesa por todo lo que había pasado antes

Un equipo puede perder contra el Atlético y salir reforzado. Puede competir bien, reconocer la superioridad del adversario y seguir adelante sin convertir la semana en un juicio al entrenador. El Espanyol, sin embargo, llegó a ese encuentro con muy poco colchón. Y cuando vienes de dejar puntos por el camino, cada partido termina examinando también los anteriores.

La cuestión va más allá de si el sábado mereció rascar un empate; según la visión del técnico, que llegó a decir que se había hecho un buen partido, sí, aunque la mayoría de pericos consideran que para nada. Lo preocupante es que el equipo ha entrado en una dinámica en la que competir no le alcanza para sumar y los ajustes tampoco terminan de cambiar el rumbo. Siempre queda alguna explicación más o menos razonable para cada tropiezo. El problema aparece al juntarlos todos.

Ahí es donde está la encrucijada. El club debe valorar si atraviesa una mala racha que puede corregirse con el entrenador actual o si está viendo señales de desgaste más profundas. Y Manolo necesita que sus próximas decisiones ayuden a responder esa pregunta. Con hechos.

Un balance más que preocupante

La preocupación tampoco se explica únicamente por este inicio de temporada. El Espanyol solo ha ganado cuatro de los 30 partidos disputados en 2026: dos ante Osasuna, uno frente al Levante y otro contra el Athletic, que permitió cortar la racha de 18 encuentros sin vencer del curso pasado. Un dato que ayuda a entender por qué cada nuevo tropiezo pesa tanto y por qué el crédito de Manolo vuelve a estar bajo examen pese al ascenso y las dos permanencias. Monchi mantiene públicamente su respaldo, como explicó antes del Atlético: “En el club lo que estamos es intentando estar cerca del cuerpo técnico, de los jugadores, sumar lo que podamos desde nuestra parcela e intentar que la racha cambie lo antes posible”. El entrenador también conserva el apoyo expresado por futbolistas como Edu Expósito, Roberto Fernández y Javi Puado. Ese respaldo cuenta, pero el viaje a Santander y Sestao, antes de visitar al Villarreal, pondrá a prueba hasta qué punto esa confianza encuentra una respuesta en el campo.

Manolo tiene un recorrido que merece respeto y un presente que exige respuestas

El crédito de Manolo tiene una base real. Cogió al equipo en Segunda, consiguió el ascenso y después logró mantenerlo en Primera durante dos temporadas. La última, pese a la lamentable mala segunda vuelta terminó con el Espanyol undécimo. Son resultados que explican la confianza depositada en él y que obligan a analizar su situación con algo más de memoria que la del último domingo. El propio club reivindicó ese trabajo al respaldar su continuidad.

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Pero reconocer ese mérito no resuelve la pregunta de ahora. Lo conseguido explica por qué Manolo sigue en el banquillo; lo que haga el equipo debe explicar por qué conviene que continúe. Son dos cuestiones relacionadas, aunque distintas.

La dirección deportiva necesita valorar a partir de los próximos resultados si el entrenador conserva capacidad para mejorar a los futbolistas, fijar unas referencias compartidas y corregir los problemas que se repiten. También debe medir cuánto de lo que ocurre depende del banquillo y cuánto responde a las limitaciones de la plantilla. Atribuírselo todo al técnico sería tan cómodo como dejarlo al margen de cualquier responsabilidad.

Porque cambiar de entrenador tampoco garantiza que aparezcan soluciones. Antes de tomar una decisión así hay que saber qué se espera corregir y con qué alternativa. El Espanyol necesita criterio para sostener a Manolo, pero también lo necesitaría para relevarlo.

Los cambios necesitan construir algo que dure más de un partido

Ante el Atlético, Manolo volvió a recurrir a tres centrales. El Espanyol consiguió mantenerse con opciones hasta el tramo final, pero acabó perdiendo por un gol de Baena en una transición nacida de un córner favorable a los blanquiazules. Una derrota especialmente amarga por el momento y por el origen de la acción.

El dibujo puede ayudar. Tener cinco defensas no impide competir bien ni atacar con peligro. La cuestión es cómo se conectan las piezas: dónde recuperas, quién ofrece el primer pase y cuánta distancia debe recorrer el delantero antes de encontrar a un compañero.

Si protegerse significa quedarse sin salida, cada recuperación acaba pareciendo una mudanza de ochenta metros. El equipo corre, se vacía y termina defendiendo otra vez. Y cuando consigue llegar, siente que tiene que aprovechar esa ocasión porque quizá tarde demasiado en disponer de otra.

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Santander planteará una exigencia diferente a la del Atlético. El Espanyol tendrá que responder a lo que proponga el Racing, pero también encontrar momentos para imponer algo propio. Necesita unas referencias que sobrevivan al cambio de rival: saber cómo salir de la presión, cómo acompañar el ataque y cómo quedar colocado cuando pierde la pelota.

Adaptarse tiene sentido. Lo que desgasta es que cada partido parezca empezar desde cero.

Los finales dolorosos obligan a revisar lo que pasa antes

Málaga y Atlético dejaron desenlaces distintos con una consecuencia compartida: otro viaje de vuelta a casa -o de salida del estadio- pensando en lo que se había escapado. Cuando esos golpes se encadenan, resulta inevitable fijarse en la última acción. El marcaje, la vigilancia, la falta que no se hace, el despeje que no llega.

Todo eso cuenta. Pero el análisis no puede empezar siempre en el minuto 89. También hay que revisar cómo alcanza el equipo ese momento: si llega demasiado hundido, si conserva una salida, si los cambios le permiten respirar o si acumula tanto tiempo defendiendo que cualquier error acaba siendo decisivo.

Eso no elimina la responsabilidad individual. Un futbolista debe resolver acciones que el entrenador no puede ejecutar desde la banda. Pero el trabajo colectivo consiste, entre otras cosas, en evitar que cada fallo deje al equipo al borde del precipicio.

Además, la repetición tiene un coste anímico. Después de varios golpes, el miedo a encajar puede llevar a retroceder unos metros más, precipitar una salida o renunciar a un pase que permitiría descansar con el balón. No podemos saber cuánto de eso está sintiendo cada jugador. Sí cabe exigir que el equipo encuentre herramientas para que el siguiente final se parezca menos a los anteriores.

Santander puede condicionar todo lo que venga después

El Racing, que espera con las uñas afiladas tras caer ayer en El Sadar ante Osasuna y tiene también 8 puntos en el casillero, será el primer examen de esta secuencia y tendrá una influencia que irá más allá de sus tres puntos. Una victoria permitiría preparar la Copa con otro ánimo. Un nuevo tropiezo trasladaría a Sestao una presión adicional, con apenas margen para enfriar el ambiente. Y está por ver si con Manolo en el banquillo, o ya con otro ocupante en el mismo, aunque fuese un recambio de emergencia a la espera de otro técnico ya definitivo.

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Por eso el Espanyol necesita algo más que esperar a ver qué partido sale. Debe viajar con una propuesta clara para competir, generar ocasiones y sostenerse cuando el encuentro se ponga incómodo. Manolo necesita que el equipo reconozca el camino incluso después de encajar un golpe.

También será una prueba para los jugadores con más peso. En momentos así se espera que el entrenador encuentre soluciones, pero quienes tienen experiencia y jerarquía deben ayudar a que esas soluciones se vean. Pedir la pelota cuando quema, ordenar una transición o frenar una fase de nervios también forma parte de sacar adelante un partido.

El banquillo concentra las miradas. La respuesta tendrá que ser compartida.

La Copa ocupa un lugar central en esta semana

Entre las dos jornadas de Liga está el Sestao River. Y ese partido puede adquirir un peso enorme en la situación de Manolo. La Copa ofrece la posibilidad de pasar de ronda, recuperar confianza y dar minutos a futbolistas que deben ayudar durante una semana cargada. También presenta una eliminatoria en la que un tropiezo dejaría al Espanyol sin margen de reparación.

Una eliminación tendría una lectura que iría mucho más allá de la Copa, especialmente si llegara después de otro mal resultado en Santander. No supondría automáticamente una destitución -eso sería atribuir al club una decisión que no conocemos- pero aumentaría de forma evidente la dificultad de sostener el momento deportivo.

Manolo tendrá que repartir esfuerzos. Tres encuentros en siete días obligan a hacerlo. La cuestión será cuánto cambia y qué estructura conserva para que el equipo siga teniendo sentido. Rotar exige preparar a quienes entran y ofrecerles un contexto en el que puedan rendir.

El Espanyol tampoco debería acudir a la Copa pensando únicamente en evitar un disgusto. Necesita avanzar por ambición deportiva y porque ganar un partido puede ayudar a cortar esa costumbre de terminar cada semana repasando lo que salió mal. Pasar no arreglará por sí solo la Liga. Caer sí podría agravar mucho el escenario.

Villarreal pondrá a prueba lo que el equipo conserve al final del recorrido

La visita a La Cerámica llegará al cierre de la semana, después de dos desplazamientos y con menos tiempo de recuperación. El estado físico importará, aunque también el ánimo con el que el Espanyol llegue al viernes.

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De ahí que la gestión empiece antes de Santander. Habrá que repartir minutos, valorar esfuerzos y preparar alternativas sin hipotecar ninguno de los tres encuentros. Es una tarea del entrenador y de su cuerpo técnico, pero también una prueba de los recursos que ofrece la plantilla.

Este tramo permitirá comprobar cuántas soluciones tiene realmente el Espanyol cuando necesita recurrir a ellas. Si los cambios mantienen el nivel, habrá motivos para confiar en una reacción. Si el equipo depende siempre de los mismos y pierde demasiado con cada relevo, el análisis deberá alcanzar también a la construcción del grupo.

Monchi también se juega el sentido de su apuesta

Monchi apostó por la continuidad de Manolo y volvió a respaldarlo después de la derrota ante el Elche; también ha optado por no ejecutar esa destitución que muchos en el entorno reclamaban tras la derrota frente al Atlético. Ese apoyo forma parte del contexto actual: el entrenador sigue al frente de un proyecto que la dirección deportiva decidió sostener.

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Por eso esta situación también examina a quien toma las decisiones. Mantener la confianza puede ser una elección acertada si se apoya en un diagnóstico claro y en señales de mejora. Pero necesita algo más que esperar a que llegue una victoria que calme el ruido.

Monchi debe valorar cómo entrena el equipo, qué respuesta obtiene el cuerpo técnico y si los problemas que aparecen tienen corrección con los recursos disponibles. Desde fuera solo podemos analizar lo que se ve y lo que se comunica. Dentro disponen de más información y tienen la responsabilidad de utilizarla.

La confianza tiene sentido cuando sirve para trabajar mejor y acercarse a una solución. Si pasan las semanas y el equipo continúa en el mismo sitio, también hay que revisar qué está aportando ese tiempo.

El Espanyol necesita salir del viaje con algo a lo que agarrarse

Sería excesivo exigir tres victorias como única prueba válida. También sería conformista aceptar cualquier balance apelando a la dificultad del calendario. El Espanyol necesita sumar en la Liga, avanzar en la Copa y mostrar una mejora que pueda reconocerse de un encuentro al siguiente.

Importará el resultado y también cómo se construya. Si el equipo logra defender sin desaparecer en ataque, si los cambios ayudan, si deja de desordenarse en los momentos decisivos y si quienes entran ofrecen respuestas. Son señales que permiten valorar si hay un camino. Aunque, con ocho puntos en nueve jornadas, ese camino tiene que empezar a dar puntos.

Manolo ha sacado al Espanyol de situaciones difíciles y tiene derecho a que se recuerde. La afición, a su vez, tiene motivos para pedir algo más que memoria. Santander y Sestao abren un viaje que puede devolverle aire al entrenador o dejarlo ante una situación mucho más comprometida; Villarreal cerrará una semana con muy poco espacio para esconder los problemas.

El futuro del banquillo no puede darse por decidido. Lo que sí está claro es que el Espanyol necesita volver de este recorrido con razones nuevas para confiar. Y la primera tendrá que aparecer sobre el césped.