La FIFA sanciona a España por los cánticos racistas en el RCDE Stadium: el Espanyol y su afición cargaron con una polémica que no les correspondía

16 de octubre de 2026
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Resumen: La FIFA ha sancionado a la Real Federación Española de Fútbol con 20.000 dólares, unos 18.000 euros, y una restricción del 15% del aforo en su próximo amistoso como local por los cánticos islamófobos que se escucharon durante el España-Egipto del pasado 31 de marzo en el RCDE Stadium. Una resolución que deja clara la responsabilidad disciplinaria de la Federación y recupera una polémica que salpicó injustamente al Espanyol y a su afición por el simple hecho de que los incidentes ocurrieron en su estadio. El club ya denunció entonces que se estaba señalando al espanyolismo por unos comportamientos que no podían atribuirse colectivamente a sus seguidores.

5 puntos clave

  • Sanción de la FIFA: multa de unos 18.000 euros a la RFEF y restricción del 15% del aforo en el próximo amistoso de España como local.
  • Los hechos: los cánticos «musulmán el que no bote» se escucharon durante el España-Egipto disputado en el RCDE Stadium el 31 de marzo.
  • La polémica perica: parte de las informaciones vincularon los incidentes con la grada habitual de animación del Espanyol, pese a tratarse de un partido de la selección.
  • La respuesta del club: el Espanyol condenó los cánticos y defendió públicamente a su afición frente a las acusaciones generalizadas.
  • La responsabilidad: la FIFA sanciona a la Federación como responsable del comportamiento de sus aficionados, no al Espanyol ni a sus seguidores como colectivo.

La FIFA sanciona a la Federación por los cánticos del España-Egipto en Cornellà

La polémica del España-Egipto disputado en el RCDE Stadium el pasado 31 de marzo ya tiene consecuencias. La FIFA ha decidido sancionar a la Real Federación Española de Fútbol con una multa de 20.000 dólares, alrededor de 18.000 euros, y una restricción del 15% del aforo en el próximo partido amistoso que España dispute como local. El motivo son los cánticos de carácter islamófobo que se escucharon durante aquel encuentro, cuando una parte de los aficionados presentes en Cornellà empezó a corear «musulmán el que no bote». Aquella noche, que debía ser una fiesta del fútbol internacional en el estadio blanquiazul, acabó convertida en una polémica de alcance nacional. Y con un daño añadido: el Espanyol y su afición se vieron metidos en un asunto que no habían organizado y cuya responsabilidad disciplinaria, como confirma ahora la resolución, correspondía a la Federación.

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Una multa de 18.000 euros y una grada parcialmente cerrada para España

El castigo económico no es especialmente elevado, aunque viene acompañado de una medida que sí afectará al público. España deberá dejar sin ocupar al menos el 15% de las localidades de su próximo amistoso como anfitriona, preferentemente en los fondos del estadio. La FIFA contempla una alternativa: que esos asientos puedan ser ocupados por familias, estudiantes o colectivos vinculados a la lucha contra la discriminación, siempre que exista autorización previa y se acompañe de iniciativas educativas. La Federación tendrá que presentar su propuesta con una antelación mínima de quince días. 

Los cánticos racistas que empañaron el España-Egipto del RCDE Stadium

Conviene recordar cómo empezó todo. España y Egipto se enfrentaron en Cornellà ante 35.895 espectadores en un amistoso que terminó sin goles. Antes del inicio ya se habían escuchado pitidos durante el himno egipcio, pero lo peor llegó con el partido en marcha. En distintos momentos, desde algunos sectores de la grada se repitió el cántico «musulmán el que no bote», dirigido contra la selección visitante. La situación obligó a intervenir a la organización mediante mensajes por megafonía y los videomarcadores, reclamando que cesaran esas conductas. El episodio generó una enorme repercusión, con críticas desde el mundo del fútbol y una investigación de los Mossos d’Esquadra. Los hechos fueron graves y merecían una condena rotunda. Lo que no tenía sentido era convertir automáticamente a toda la afición del Espanyol en responsable de lo sucedido.

La polémica que salpicó injustamente a la afición del Espanyol

Y aquí está una de las cuestiones que más molestaron al espanyolismo. Los cánticos procedían de una zona del estadio donde habitualmente se ubica La Curva, la grada de animación del Espanyol, un detalle que apareció repetido en numerosas crónicas de aquella noche. El problema es que se trataba de un partido de la selección española, no de un encuentro del conjunto blanquiazul. Las gradas habían sido ocupadas por seguidores de España llegados de diferentes lugares y con distintas simpatías futbolísticas. La ubicación de los incidentes acabó generando una asociación con el Espanyol que no estaba justificada. Que los gritos salieran del fondo donde normalmente anima La Curva no demostraba que fueran miembros de ese colectivo quienes los protagonizaran. 

El Espanyol salió en defensa de su afición y denunció una campaña de desprestigio

La reacción del club no se hizo esperar. El 1 de abril, apenas unas horas después de lo ocurrido, el Espanyol publicó un comunicado oficial en el que condenaba los comportamientos racistas, pero también mostraba su indignación por las acusaciones que estaban recibiendo sus seguidores. La entidad expresó su «profundo malestar ante la campaña de desprestigio gratuita y generalizada que está afectando a su afición en las últimas horas». Una protesta que tenía un motivo bastante claro: el Espanyol consideraba injusto que su nombre y el de sus aficionados acabaran asociados a los comportamientos de una parte del público de un partido organizado por otra entidad. El comunicado recordaba que aquella cita había reunido a seguidores de España «de muy diversa procedencia geográfica y futbolística», precisamente para evitar que todo se redujera a una acusación contra quienes habitualmente acuden al RCDE Stadium.

El comunicado del Espanyol fue contundente: no aceptaba que se señalara al espanyolismo

El club tampoco se quedó en una defensa genérica de su gente. Fue bastante contundente. En su comunicado dejó claro que «resulta profundamente injusto, excesivo y desproporcionado atribuir estos comportamientos a la afición del RCD Espanyol», y recordó la pluralidad de una masa social que no podía quedar marcada por lo sucedido aquella noche. La entidad insistió en que «El club no acepta ni aceptará que se ponga en duda su reputación por la actuación aislada de un grupo reducido de personas que no representan ni a la entidad ni a la diversidad de su masa social». No era una manera de quitar importancia a los cánticos. Todo lo contrario: el propio Espanyol había empezado su comunicado condenándolos con firmeza. Lo que reclamaba era algo tan sencillo como separar a quienes habían protagonizado los incidentes de una afición que no tenía por qué cargar colectivamente con ellos.

La FIFA señala a la RFEF, no al Espanyol, como responsable de los incidentes

La resolución conocida este viernes 16 de octubre devuelve el asunto a su verdadero marco disciplinario. La FIFA considera responsable a la Federación Española por el comportamiento discriminatorio de los aficionados durante el amistoso frente a Egipto. No aparece una sanción contra el RCD Espanyol, ni se atribuye al club la organización del encuentro. La RFEF fue quien preparó el partido y quien asumió las obligaciones correspondientes a su celebración. Es una diferencia fundamental, especialmente después del ruido generado en marzo.

El caso deja también una reflexión sobre la facilidad con la que un estadio puede acabar identificado con determinados comportamientos aunque el club propietario no sea quien organiza el evento. El RCDE Stadium acogió a la selección española, pero aquello no convertía a todos los espectadores en aficionados del Espanyol ni a la entidad blanquiazul en responsable deportiva del partido. La propia Federación gestionó la venta de localidades, con un período inicial de compra para los socios pericos y una posterior apertura al público general. Es decir, podían acudir seguidores blanquiazules, pero también aficionados de otros equipos. La distinción parece evidente, aunque durante aquellos días quedó bastante desdibujada en parte del debate público.

Una sanción que cierra el expediente y recuerda el daño que sufrió la imagen del espanyolismo

Seis meses y medio después, la sanción de la FIFA permite volver sobre una polémica que dejó dos cuestiones muy diferentes. La primera es que los cánticos fueron inadmisibles y que sus responsables deben responder por ellos. La segunda es que el Espanyol y su afición no merecían verse señalados de forma generalizada por unos hechos ocurridos durante un partido ajeno a la competición del club. La Federación tendrá que pagar la multa y aplicar las medidas impuestas por la FIFA. El espanyolismo, en cambio, no recibirá ninguna reparación por las acusaciones que circularon entonces. Y quizá esa sea la parte más amarga de todo lo ocurrido: resulta muy fácil asociar una polémica al nombre de un club cuando sucede en su estadio, pero bastante más difícil deshacer esa asociación cuando se aclara dónde recaen realmente las responsabilidades.