
El Espanyol salió de Butarque con una derrota por 2-1, pero la sensación fue bastante más fea que el marcador. La primera parte de los de Manolo González fue un desastre de planteamiento, ejecución y respuesta, y eso es justo lo que pone sobre la mesa Juan José Caseiro en su contracrónica. El cambio de dibujo no salió mal: salió fatal. El Rayo encontró espacios, castigó errores y dejó al Espanyol corriendo siempre un paso por detrás.
La segunda parte cambió el tono del partido. Los tres cambios del descanso dieron aire, Roberto volvió a marcar un golazo y durante un rato pareció posible arreglarlo. Pero el daño ya estaba hecho. Caseiro retrata ese contraste entre el esperpento inicial y la reacción posterior con una idea muy gráfica: lo que debía ser un dibujo táctico terminó convertido en una caricatura. Y cuesta encontrar una imagen mejor para explicar lo que pasó.
El dibujo fue una caricatura
Cuesta imaginar a un arquitecto diseñando un plano improvisado después de haber realizado cientos. No lo veo eliminando columnas que sostienen o tapiando entradas de luz imprescindibles. Algo parecido se planificó para hoy, donde el cambio de dibujo nos dejó el bochorno de una primera parte para tacharla de esquina a esquina.
En la lámina aparece un Dmitrovic estático; la roja de Omar es el borrón que faltaba, Cabrera y Riedel fueron parte del paisaje si bien el alemán no dudó en salir al ataque e Hinojo estuvo, sí, desdibujado.
No mezclaron bien Urko y Moscardo; el vasco se pasó el partido fuera de su margen y el brasileño nos dejó un garabato en el primer gol rayista. Bauza le intentó poner color con un tiro lejano, pero acabó copiando a sus compañeros. Solo Javi mantuvo el compás de un primer tiempo para arrugarlo y tirarlo a la papelera.
Hartmann estuvo hipotecado 45’, porque su estilo sorprende cuando llega desde atrás y Roberto calcó el sobresaliente del Sadar, esta vez con un golazo.
Al descanso tres cambios porque once no se podían hacer: Marcos salió intenso y Edu puso el tiralíneas para suministrar esos pases que no hubo en la primera parte. El marcador en contra demostró que los minutos de Bryan en los dos partidos anteriores, eran pocos. Cala intentó poner notas fluorescentes en un equipo que palidecía y Pol jugó los decimales de un partido que se iba por el sumidero.
Seguro que en la pizarra parecía espectacular, pero el resultado y la exposición de la primera parte quedan inmortalizados. Mientras termino las líneas me escribe un buen amigo: “la primera parte va a ser difícil de olvidar”. Y tanto. Y es que el dibujo de hoy terminó siendo una caricatura.
Juan José Caseiro







