El nuevo Espanyol de Manolo pierde el miedo: más presión, más balón y menos complejos

27 de agosto de 2026

Dos jornadas no sirven para hacer una sentencia definitiva. Ni cuando se gana 3-0 ni cuando se pierde en el minuto 90 ante el Real Madrid. Pero sí permiten detectar algunas pistas. Y en este nuevo Espanyol aparece una bastante clara: el equipo quiere ser más valiente, jugar más tiempo en campo contrario y dejar de vivir permanentemente cerca de su portería.

Se vio ante el Levante, un rival al que los blanquiazules dominaron con bastante comodidad. Y volvió a verse, con todos los matices que exige el adversario, frente al Madrid. Manolo González no cambió el once, no llenó el centro del campo de futbolistas defensivos ni renunció a los jóvenes. Salió con Javi Hernández, Calatrava, Dolan y Roberto Fernández. Una declaración de intenciones bastante fácil de entender.

Después el fútbol puso cada cosa en su sitio. El Madrid acabó ganando 1-2 gracias al tanto de Carlos Espí en el minuto 90 y obligó al Espanyol a defender durante varias fases. Era inevitable. Pero incluso en ese escenario quedó la sensación de que este equipo ya no entra al campo convencido de que su única posibilidad consiste en aguantar, despejar y esperar un milagro.

Del 3-0 al Levante a discutirle el partido al Madrid

El estreno contra el Levante fue casi perfecto. Roberto Fernández abrió pronto el marcador, volvió a golpear antes del descanso y Dolan cerró la goleada en la segunda mitad. El resultado llamó la atención, pero también lo hizo la manera de conseguirlo.

roberto espanyol levante

El Espanyol presionó arriba, recuperó balones en zonas peligrosas y consiguió que su rival nunca estuviera cómodo. No fue uno de esos partidos en los que el conjunto perico marca y se pasa una hora mirando el reloj. Siguió buscando la portería contraria y acabó el encuentro con tres goles, la portería a cero y una sensación de control poco habitual durante demasiadas etapas recientes.

La pregunta era si esa idea aguantaría ante un rival de verdad grande. La respuesta llegó seis días después.

Manolo repitió exactamente el mismo once ante el Real Madrid. Roger Hinojo continuó en el lateral izquierdo, Javi Hernández mantuvo su sitio por delante y Calatrava siguió siendo uno de los encargados de generar peligro. No hubo un cambio de dibujo para protegerse ni entraron futbolistas más experimentados únicamente por el peso del escudo que había enfrente.

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El Madrid se adelantó pronto mediante Bellingham, pero el Espanyol no desapareció del partido. Poco a poco consiguió avanzar metros, juntar pases y acercarse al área de Courtois. El empate fue la mejor muestra de lo que busca el equipo: una acción colectiva por la derecha, una aparición rápida de Javi Hernández y la llegada de Calatrava para rematar dentro del área.

No fue un rebote, una falta lejana ni un balón colgado a la desesperada. Fue un gol construido desde el juego, seguramente la noticia más interesante que dejó la derrota.

Manolo quiere personalidad con el balón

Antes del encuentro, Manolo González ya había dejado clara su postura: “¿Miedo al Madrid? Ninguno. Respeto, sí, pero al Madrid y a todos los equipos de Primera”. Aquello podía sonar al típico mensaje valiente de una rueda de prensa, pero el entrenador fue coherente cuando llegó el momento de tomar decisiones.

El Espanyol intentó sacar la pelota desde atrás incluso con la presión madridista encima. Riedel y Unai Núñez asumieron riesgos, Urko se ofreció como primera salida y Edu Expósito trató de dar continuidad al juego. No siempre salió bien y hubo pérdidas peligrosas, pero la intención estuvo ahí.

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También lo explicó Urko esta semana. El centrocampista reconoció que Manolo les pide “que con el balón tengamos personalidad” y hacer más hincapié en juntar pases. El Espanyol continúa siendo un equipo físico, agresivo en los duelos y preparado para correr cuando recupera. No pretende convertirse de repente en un conjunto de posesiones eternas. La diferencia es que ahora no quiere regalar la pelota sin intentarlo antes.

Eso cambia muchas cosas. Permite respirar a la defensa, acerca a los atacantes al área rival y evita que cada partido contra un grande se convierta en un ejercicio de supervivencia de noventa minutos.

Queda mucho por mejorar

Todo esto tampoco puede esconder los problemas. Durante el tramo final ante el Madrid, el Espanyol perdió capacidad para salir al contraataque y acabó demasiado cerca de Dmitrovic. Los cambios no consiguieron mantener la amenaza que habían ofrecido los titulares y el conjunto de Mourinho aprovechó su enorme fondo de armario para apretar.

El segundo gol nació de una acción que el Espanyol no supo cerrar cuando el partido parecía encaminado hacia el empate. Es uno de los aprendizajes que deja el encuentro: ser valiente no significa perder el orden ni jugar todos los minutos como si el marcador estuviera 0-0.

También será necesario mejorar la pelota parada defensiva. El Madrid generó buena parte de su peligro mediante acciones a balón parado y Bellingham abrió el marcador tras una falta lateral. El Espanyol compitió bien, pero todavía dejó demasiadas segundas jugadas cerca de su área.

Y hay otra cuestión importante: la calidad del banquillo. Mientras Mourinho pudo introducir a Cucurella, Diomande y Carlos Espí, Manolo no encontró cambios capaces de sostener el mismo nivel ofensivo. La llegada de Bryan Zaragoza debería ayudar precisamente en ese punto, dando al técnico una alternativa de desequilibrio cuando el partido se rompe y aparecen espacios.

Anoeta dirá si la idea también funciona fuera

El siguiente examen llegará en Anoeta. Ya no será un partido en casa, con el empuje del RCDE Stadium, ni tampoco una cita ante un recién ascendido. La Real Sociedad querrá tener la pelota y obligará al Espanyol a elegir cuándo presionar y cuándo esperar.

Ahí se verá hasta dónde llega este cambio. El equipo tendrá que defender, seguramente durante bastante tiempo, pero la clave será comprobar qué hace cuando recupera el balón. Si intenta jugar, si junta pases y si logra que la Real también tenga que mirar hacia atrás.

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El comienzo deja tres puntos de seis y una derrota dolorosa ante el Madrid. No es una cifra espectacular, pero tampoco cuenta toda la historia. El Espanyol parece tener más recursos, más velocidad y, sobre todo, menos complejos.

Aún es pronto para saber hasta dónde podrá llegar. Lo que sí empieza a quedar claro es que Manolo quiere un equipo que compita mirando hacia delante. También contra los grandes. Y después de tantos partidos vividos con el agua al cuello, ese cambio ya merece ser tenido en cuenta.