El programa de hoy de La Grada Ràdio ha arrancado con el espanyolismo haciendo cuentas. Y malas cuentas, de esas que uno hace con el móvil en la mano, la clasificación abierta y cara de pocos amigos. El Espanyol sigue fuera del descenso, sí, pero después del triunfo del Sevilla ante la Real Sociedad el colchón se ha quedado en solo tres puntos. Tres. Con cuatro jornadas por delante y una visita al Sánchez-Pizjuán este sábado que ya no se puede vender como un partido más. El equipo de Manolo González va a Nervión con el agua demasiado cerca del cuello.
Francesc Via pide carácter: el Espanyol no puede ir a Sevilla “como si fuera al matadero”
En su introducción, Francesc Via ha puesto palabras a una sensación que ahora mismo está muy metida en la calle perica: el Espanyol transmite demasiado poco. Demasiado miedo. Demasiada resignación. Via ha lamentado que el equipo parezca llegar al partido del sábado como si fuese “al matadero”, con esa imagen de quien va al cadalso ofreciendo el cuello antes incluso de competir. Y eso, para un club que tantas veces presume de inconformismo y rebeldía, duele el doble. El Espanyol no puede entregar la categoría con cara de víctima. Tiene que ir a Sevilla a plantar cara.
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El Sevilla enseñó intensidad y el Espanyol necesita copiar esa energía
El partido del lunes en Nervión dejó un mensaje bastante incómodo para el Espanyol. El Sevilla no hizo una obra de arte, ni falta que le hizo. Corrió, mordió, empujó y jugó como un equipo que se sabe metido hasta el cuello en la pelea por la permanencia. Via ha remarcado que el conjunto hispalense puso ganas, intensidad y ambiente de final, ayudado también por una Real Sociedad bastante plana, con pinta de tener ya la temporada hecha. Ese es justo el espejo que más molesta: el Sevilla pareció entender la urgencia y el Espanyol lleva semanas sin transmitirla.

“Manolo, saca huevos, cógelos y el que no valga que vaya a la calle”
El mensaje más duro de Francesc Via ha ido dirigido al banquillo y al vestuario. Sin violencia, sin pedir escenas raras ni ir al entrenamiento a montar ningún numerito, pero sí reclamando presión, carácter y una reacción real. Lo ha expresado con una frase muy directa: “Manolo, saca huevos, cógelos y el que no valga que vaya a la calle”. La idea es clara: si hay futbolistas que no están mentalmente preparados para este final de temporada, no pueden seguir teniendo peso. Ahora ya no va de nombres, ni de jerarquías, ni de discursos bonitos. Va de salvar al Espanyol.

La pregunta que flota en el aire: ¿el equipo va a luchar o va a entregar la categoría?
El gran miedo del espanyolismo no es solo perder en Sevilla. Es perder dando la misma sensación de las últimas semanas: poca respuesta, poco colmillo y mucho gesto hundido. En La Grada Ràdio se ha insistido en que el equipo debe demostrar este sábado que quiere ganar, que quiere seguir en Primera y que no se va a dejar arrastrar por la mala dinámica. Porque, siendo sinceros, la pregunta ya está encima de la mesa: ¿van a ir a Sevilla a luchar de verdad o van a entregar la categoría sin más? Y esa pregunta, a estas alturas, ya es bastante grave.
El desplome desde enero explica el miedo actual
La situación duele más cuando se mira de dónde venía el Espanyol. Antes del derbi del 3 de enero ante el Barça en el RCDE Stadium, el equipo era quinto, con Europa en el horizonte y un colchón enorme sobre el descenso. Cuatro meses después, la foto es casi irreconocible: el Espanyol está con 39 puntos, solo tres por encima de la zona roja y sin ganar desde hace una eternidad. El viaje ha sido brutal: del sueño europeo al miedo real a Segunda. Y eso no se explica solo con mala suerte.
El dato que lo resume todo: cinco puntos de los últimos 51
La cifra es demoledora. El Espanyol ha sumado solo cinco puntos de los últimos 51 posibles. No hace falta adornarlo demasiado, porque el número ya pega solo. Una primera vuelta brillante tapó muchas carencias, pero la segunda ha sido un derrumbe total. Se puede hablar de arbitrajes, lesiones, calendario o momentos puntuales, pero al final hay una verdad que no se puede esquivar: si no ganas nunca, acabas metido en el lío. Y eso es exactamente lo que le ha pasado al equipo de Manolo González.
La Jornada 34 acabó de la peor forma para el Espanyol
La jornada empezó con el triunfo del Mallorca en Girona, siguió con derrotas de Levante, Valencia y Alavés, y parecía que el Espanyol podía salvar parte del daño pese a caer ante el Real Madrid. Pero el remate llegó el lunes, con el Sevilla 1-0 Real Sociedad. Ese gol de Alexis Sánchez movió toda la parte baja: el Sevilla salió del descenso, subió hasta los 37 puntos y dejó al Alavés en zona roja con 36. El Espanyol, con 39, sigue por encima, pero ya no mira el descenso desde lejos. Lo tiene a un partido. Y eso cambia completamente el ambiente.
Así queda la zona baja: muchos equipos, muy poco margen
La parte baja está comprimida hasta el límite. El Rayo ya empieza a respirar algo mejor, pero por detrás el grupo es una auténtica trampa: Valencia y Espanyol con 39 puntos, Elche, Mallorca y Girona con 38, Sevilla con 37, Alavés con 36, Levante con 33 y Oviedo con 28. La tabla todavía dice que hay margen. Pero las sensaciones dicen otra cosa. El problema del Espanyol es que varios rivales transmiten vida, mientras el equipo perico transmite bloqueo.
Los modelos aún salvan al Espanyol, pero la calle perica no está tranquila
Algunos modelos siguen viendo al Espanyol con un peligro de descenso relativamente bajo. Tras la Jornada 34, el superordenador de OPTA sigue viendo al Espanyol salvado, pero cada vez con menos margen de tranquilidad: lo mantiene en la 13ª posición final, con 43,64 puntos previstos, aunque el peligro de bajar sube del 4,14% al 8,07%, casi el doble respecto a la anterior actualización. La previsión de puntos también cae, de 44,74 a 43,64, mientras la zona baja aparece apretadísima, con Mallorca, Valencia, Elche y Girona en diferencias mínimas. La IA no manda al Espanyol al descenso, pero sí le lanza un aviso serio, sobre todo porque el Sevilla ya no aparece tan hundido, el Alavés, Levante y Oviedo siguen peor, pero el equipo perico no puede vivir solo esperando fallos ajenos. Los datos esperados tampoco son para presumir: el Espanyol aparece 14º, con más peligro concedido que generado, y aunque mejora algo en puntos esperados, las sensaciones siguen siendo malas. Europa ya ha desaparecido del mapa y la pelea real es cerrar la permanencia cuanto antes. OPTA aún salva al Espanyol, pero el mensaje ya no es “calma”, sino “espabila”.

El Pizjuán puede decidir mucho más que tres puntos
El Sevilla – Espanyol del sábado tiene doble valor. Primero, por la clasificación. Si el Espanyol gana, deja muy tocado al Sevilla y respira de golpe. Si empata, al menos frena a un rival directo y mantiene distancia. Si pierde, el lío puede ser enorme. Y segundo, por el goal average particular, ya que en la primera vuelta el Espanyol ganó 2-1 en el RCDE Stadium. Eso significa que también hay una batalla escondida en el marcador. No es solo sumar: es impedir que el Sevilla te pase por encima en la tabla y en el pulso directo.
El calendario no da demasiadas caricias
Después de Sevilla, al Espanyol le esperan Athletic en casa, Osasuna en El Sadar y Real Sociedad en el RCDE Stadium. No hay ningún partido de paseo. El Athletic siempre compite, Osasuna en casa aprieta y la Real, aunque pueda llegar con menos urgencias, tiene calidad para hacer daño a cualquiera. Por eso el duelo de Nervión pesa tanto. El Espanyol necesita una victoria como el comer, pero nadie se atreve ahora mismo a señalar dónde puede llegar.
El goal average tampoco permite demasiadas alegrías
En los cruces directos, el Espanyol tiene alguna ventaja, pero no va sobrado. Lo tiene ganado con Elche y Oviedo, empatado con Mallorca, Rayo y Levante, perdido con Alavés, Girona y Valencia, y pendiente con el Sevilla. En una pelea tan ajustada, estos detalles pueden acabar siendo decisivos. Y por eso el sábado no admite despistes. Perder en Sevilla sería perder puntos, autoestima y posiblemente una herramienta clave para un hipotético empate final.
El corte de la salvación puede irse por encima de los 40 puntos
Durante años, los 40 puntos han sido esa frontera psicológica que todo el mundo repite. Pero esta temporada puede quedarse corta. Con tantos equipos metidos y tantos duelos directos por jugar, el corte podría moverse hacia los 42 o 43. Y ahí el Espanyol vuelve al mismo problema: está en 39 y no gana. Con una victoria, todo cambiaría. Sin ella, cada jornada será una tortura. No hay mucho más misterio.
La permanencia sigue en manos del Espanyol, aunque cada vez cuesta más decirlo
La frase sigue siendo cierta: el Espanyol depende de sí mismo. Pero cada semana suena más floja, más insegura, más agarrada con pinzas. Depender de ti está muy bien cuando ganas, compites y transmites firmeza. Cuando llevas 17 jornadas sin ganar, depender de ti puede sonar casi cruel. El equipo tiene cuatro oportunidades para salvarse, pero la primera es la que más quema: Sevilla, Pizjuán y un rival directo con el cuchillo entre los dientes.
El mensaje de La Grada Ràdio es claro: toca activar a todo el club
Francesc Via ha insistido en que este momento exige que todo el club esté a la altura. Jugadores, entrenador, dirigentes y entorno. No se trata de montar un incendio fuera del campo, sino de despertar de una vez. De transmitir al vestuario que la situación es límite. De hacerles entender que el sábado no se puede salir con miedo ni con cara de resignación. El Espanyol debe ir a Sevilla a elegir ganar, no a esperar que el desastre no sea demasiado grande.
El espanyolismo necesita hechos, no más frases
La afición está cansada de escuchar que el equipo compite, que lo intenta, que quedan partidos o que todavía hay margen. Todo eso puede ser verdad, pero ya no basta. El sábado el Espanyol tiene una oportunidad enorme para callar el ruido, cambiar la semana y recuperar parte de la fe perdida. Pero si vuelve a fallar, la alarma será brutal. El equipo no necesita un discurso perfecto. Necesita correr, morder, ganar duelos y volver con algo del Pizjuán. Lo demás ya suena a excusa.
El futuro de los cedidos queda abierto: la categoría, el banquillo y el nuevo director deportivo pueden cambiarlo todo
La situación de algunos cedidos del Espanyol parecía hasta ahora bastante negra en clave blanquiazul, pero el escenario todavía puede moverse mucho en verano. No será lo mismo planificar en Primera que hacerlo en Segunda, ni tampoco será igual hacerlo con continuidad en el banquillo o con un nuevo entrenador que quiera revisar de cero la plantilla. A eso se suma otro factor clave: la certeza de que el club tendrá un nuevo director deportivo, una figura que deberá decidir qué jugadores regresan para quedarse, cuáles salen otra vez cedidos y quiénes dejan definitivamente de contar. En ese contexto, hay nombres que no pueden darse por descartados ni por seguros. El verano puede cambiar muchas lecturas que hoy parecen cerradas, porque el Espanyol va camino de una reestructuración profunda y cada cedido dependerá de la categoría, del nuevo proyecto y de quién tome las decisiones deportivas.
Según publicó el propio Carlos en La Grada este fin de semana, el Espanyol Femenino ya trabaja en la planificación de la próxima temporada pese a llegar al tramo final de la Liga F con tres derrotas seguidas. La base del nuevo proyecto empezaría con la continuidad de Sara Monforte y Marta Cubí, mientras en la parcela deportiva se preparan bastantes movimientos. Judit Pablos dejará el club a final de temporada tras más de siete años como perica y después de haber sido importante en el ascenso a Liga F, y junto a ella podrían salir también nombres como Mar Torras, Amaia Martínez, Simona Botero, Daniela Caracas, Cristina Baudet, Naima García, Paula Arana u Olivia Fergusson, mientras Lucía Vallejo, Paula Perea y Phoenetia Browne apuntan a seguir. La gran duda está en Ainoa Campo, una de las futbolistas con más cartel tras su buena temporada y con ofertas de clubes como Granada, Sevilla o Badalona, por lo que el Espanyol deberá decidir si iguala esas propuestas o la deja marchar. El otro gran asunto está en la estructura del fútbol base femenino, ya que, tras un informe encargado por Alan Pace a una ojeadora de la FIFA, sobre la mesa está la posibilidad de eliminar varias categorías inferiores y quedarse solo con el Femenino C, el B y el primer equipo, con el objetivo de ahorrar costes y destinar más recursos al primer equipo.
La posible renovación de Raúl Jardiel destapa otro pulso interno en la cantera del Espanyol
El Espanyol B, por su parte, cayó en su último partido ante el Atlético Baleares en un encuentro bastante cruel para los de Raúl Jardiel. El filial perico fue mejor durante muchas fases, tuvo más presencia, generó más sensación de dominio y dejó la impresión de estar haciendo méritos para llevarse algo positivo, pero volvió a topar con el problema que le persigue desde hace tiempo: la falta de pólvora arriba.

Tal y como publicó Francesc Via este fin de semana en La Grada, la posible continuidad de Raúl Jardiel al frente del Espanyol B ha vuelto a abrir el debate sobre el funcionamiento interno del área deportiva blanquiazul. El técnico del filial explicó tras el último partido que ha recibido una propuesta de renovación por una temporada más, algo que sorprendió porque en el entorno se daba por hecha su salida a final de curso. El problema no es solo Jardiel, sino quién toma realmente las decisiones en la cantera: la oferta habría partido de la dirección deportiva, con Garitano y Fran Garagarza en el foco, pese a que Garagarza sigue de baja y no debería aparecer vinculado a decisiones relevantes del club por posibles riesgos legales. El caso conecta también con la tensión entre Garagarza y Marco Otero por el control del Espanyol B y el modelo de fútbol base: uno apostó por una reestructuración profunda y el otro defiende recuperar perfiles con pasado perico, como ya hizo con Javi Chica en el Juvenil B. En ese contexto aparece incluso el nombre de Sergio García como posible opción futura para el filial. Más que una simple renovación, el caso Jardiel parece otro síntoma de una estructura deportiva poco alineada y con demasiadas dudas sobre quién manda realmente en la cantera.







