El Espanyol recibe al Real Madrid en el RCDE Stadium con una obligación que va bastante más allá de sacar un resultado bonito para la foto. El equipo de Manolo González se está jugando la permanencia, viene de dos partidos muy pobres ante Rayo Vallecano y Levante, y necesita revertir una imagen que ha dejado tocado al espanyolismo. Porque una cosa es no ganar. Eso ya duele. Pero otra distinta es transmitir esa sensación de equipo bloqueado, sin colmillo y con miedo a que cualquier balón acabe siendo una desgracia.
El Madrid llega con ausencias, pero sigue siendo el Madrid
Es verdad que el Real Madrid puede llegar con bajas y con la Liga bastante lejos de sus manos, pero cuidado con relajarse con eso. El Madrid, incluso cuando parece que no se juega gran cosa, sigue teniendo futbolistas capaces de decidir un partido en dos acciones. Y el Espanyol no está precisamente para pensar que el rival vendrá de paseo. Si el equipo perico quiere sacar algo, tendrá que hacer un partido serio, incómodo y con muchísima concentración. No hay otra. Ante un rival así, regalar media parte o salir con dudas es casi firmar la condena antes de tiempo.
La defensa, el gran derrumbe respecto a la primera vuelta
La diferencia más bestia entre el Espanyol de la primera vuelta y el de este 2026 está atrás. En el primer tramo del curso, el equipo llegó a encadenar tres partidos seguidos sin encajar y cerró de septiembre a diciembre con 17 goles recibidos en 17 jornadas, cifras de equipo ordenado, competitivo y hasta con pinta europea. Ahora la película es otra. Desde que arrancó 2026, el Espanyol ha encajado 32 goles en 16 partidos, una media de 2 goles por jornada, el doble de lo que venía recibiendo. Ahí empieza casi todo el problema: si antes el equipo resistía, ahora se rompe demasiado fácil.
Dmitrović ha evitado que el golpe sea todavía peor
Y ojo, porque esos números defensivos podrían ser incluso más feos sin Marko Dmitrović. El portero serbio ha sido de los pocos que se salvan de la quema, con paradas de esas que sostienen puntos y evitan hundimientos. Ya suma 9 porterías a cero, dos de ellas en plena racha negativa, ante Betis y Levante. Que tu portero sea tantas veces el mejor habla bien de él, pero también deja un aviso al resto: el equipo está concediendo demasiado. Ante el Madrid, eso puede ser veneno.
El balón parado ha pasado de arma a problema
Otro cambio muy duro está en la estrategia. Durante la primera vuelta, la pizarra de Manolo era casi una firma del equipo. El Espanyol hacía daño a balón parado, generaba miedo en cada córner y sacaba mucho partido de esas acciones. De hecho, sigue siendo uno de los equipos con más goles a balón parado de LaLiga, con 12 tantos entre córners, faltas y penaltis. Pero el detalle duele: 11 de esos 12 goles llegaron en 2025. En 2026, esa vía se ha apagado.
De hacer daño en estrategia a sufrirla en contra
Lo peor es que el Espanyol no solo ha dejado de marcar con esa frecuencia a balón parado, sino que ha empezado a sufrir muchísimo por ahí. En lo que va de 2026, el equipo ha encajado 10 goles de estrategia en 16 jornadas. Para ponerlo en contexto, hasta enero solo había recibido 3 goles a balón parado; ahora la cifra ya ha subido hasta 13. Es un giro total: lo que antes era una ventaja perica se ha convertido en una amenaza contra el propio Espanyol. Y ante el Madrid, cada córner defendido mal puede ser medio gol.
El ataque tampoco se ha hundido tanto, pero se ha apagado
Arriba la caída no es tan salvaje como atrás, pero también se nota. Al acabar 2025, el Espanyol llevaba 22 goles a favor en 17 jornadas, una media de 1,29 por partido. Desde el derbi de enero, que fue como abrir una puerta a todos los fantasmas, el equipo ha marcado 15 goles en 16 partidos, una media de 0,94. No es una ruina absoluta, pero sí es claramente insuficiente para un equipo que defiende peor. Si encajas dos por partido y no llegas ni a uno marcado de media, las cuentas no salen.
Los delanteros no han dado el salto que necesitaba el equipo
La foto goleadora también explica parte del problema. A estas alturas, con solo cinco jornadas por delante, los máximos goleadores del Espanyol son Kike García, Roberto Fernández y Pere Milla, todos con 6 goles. Les sigue Carlos Romero, con 5. Son cifras muy repartidas, sí, pero también bastante cortas si pensamos en un equipo que necesita cerrar la permanencia sin vivir de milagros. La baja de larga duración de Javi Puado ha sido un golpe enorme. El Espanyol ha perdido a su referencia ofensiva y nadie ha terminado de coger ese papel con autoridad.
La anécdota de Kike García ante el Madrid
En este contexto, aparece una curiosidad bonita con Kike García. El delantero ha marcado cuatro goles en 15 partidos ante el Real Madrid en LaLiga, y lo curioso es que los ha hecho con tres equipos distintos: dos con el Eibar, uno con Osasuna y otro con el Alavés. Si marcara con el Espanyol, lograría algo que ningún jugador ha hecho en todo el siglo XXI: anotar al Real Madrid con cuatro equipos diferentes en la competición. Sería una anécdota potente, sí. Pero si ese gol ayuda a sumar, ya pasaría de curiosidad a bendición perica.
El 4-4-2 con dos puntas no ha dado la respuesta esperada
Manolo ha probado el 4-4-2 con Kike y Roberto arriba, buscando más presencia en el área y una solución rápida al problema del gol. Sobre el papel, se entiende. Cuando no marcas, meter dos delanteros parece una respuesta casi natural. Pero la realidad no ha acompañado. El equipo no ha generado lo suficiente, no ha conectado bien con ellos y muchas veces ha acabado demasiado partido, con los puntas aislados y el centro del campo sufriendo. Para atacar mejor, el Espanyol primero necesita sostenerse mejor.
Ante el Madrid, el centro del campo vuelve a ser clave
Por eso el partido ante el Real Madrid pide una versión más seria por dentro. Sin Pol Lozano, sancionado tras su expulsión ante el Levante, Manolo pierde una pieza útil para dar equilibrio. Y eso obliga a que jugadores como Edu Expósito, Urko González o Ramon Terrats tengan un papel muy importante. El Espanyol no puede partirse. No puede atacar con cuatro y defender con seis. No puede regalar transiciones. Ante el Madrid, cada pérdida mala puede convertirse en una carrera hacia el área de Dmitrović.
Lo primero: dejar de parecer un equipo con miedo
El Espanyol necesita cambiar algo que va más allá de la táctica. Necesita dejar de parecer un equipo que juega esperando el golpe. Contra el Rayo y el Levante se vio demasiado temor, demasiada duda y muy poca autoridad. Y eso la afición lo nota. La gente puede aceptar perder ante el Madrid si el equipo compite, si va a los duelos, si chuta, si aprieta y si no se esconde. Lo que no va a aceptar es otra tarde con cara de susto. Ahora mismo, el mínimo exigible es competir con orgullo.
La permanencia obliga a algo más que resistir
El Espanyol sigue teniendo margen con el descenso, pero ese margen cada vez se vive peor porque el equipo no gana. Y cuando no ganas durante tanto tiempo, hasta los puntos de ventaja parecen menos. El partido ante el Madrid puede ser una oportunidad para cambiar el ánimo, aunque parezca raro decirlo. No hace falta vender heroicidades ni prometer una noche mágica. Hace falta algo más básico: ser un equipo reconocible, duro, solidario y capaz de hacer sufrir al rival.
La primera vuelta demuestra que este equipo pudo ser otra cosa
Lo que más rabia da es que el Espanyol ya enseñó una versión muy distinta. Defendía mejor, hacía daño a balón parado, competía con seguridad y encontraba maneras de ganar partidos incluso sin dominarlo todo. Ese equipo existió. No fue una ilusión completa. Pero ahora está enterrado bajo una segunda vuelta lamentable. La misión de Manolo y de los jugadores es recuperar, aunque sea a trozos, algo de aquel Espanyol que no se caía a la primera.
Un partido para recuperar orgullo antes que estética
Contra el Real Madrid, el Espanyol no necesita hacer el partido más bonito del año. Necesita hacer un partido de verdad. Ganar duelos. Cerrar el área. Defender las acciones de estrategia con concentración. Volver a ser peligroso a balón parado. Chutar. Correr hacia atrás. No regalar el primer gol. Y si aparece una ocasión, meterla. El fútbol, en este tramo, ya no va de quedar bien. Va de sobrevivir.
El RCDE Stadium necesita ver otra cosa
La afición llega cansada, enfadada y con miedo. Pero también llega sabiendo que el equipo se juega demasiado como para abandonar antes de tiempo. El RCDE Stadium puede empujar, sí, pero necesita recibir algo desde el césped. Un inicio fuerte. Un equipo metido. Una acción que levante a la gente. Algo. La grada no pide milagros; pide señales de vida. Y ante el Madrid, esas señales valen casi tanto como un punto.
El Espanyol tiene que romper el 2026 antes de que sea tarde
Este 2026 está siendo una losa. Defensivamente, ofensivamente, mentalmente. Todo se ha torcido. Pero quedan cinco partidos y la permanencia todavía está en la mano. El Madrid es un rival enorme, aunque venga con ausencias y sin demasiada vida en LaLiga. Precisamente por eso el Espanyol debe mirar el partido como una ocasión para rebelarse. No se trata solo de ganar o perder: se trata de demostrar que el equipo sigue vivo.
.







