Serginho, sí, ese Serginho. Aquel nombre que apareció tímidamente en el radar del Espanyol durante el mercado de invierno, y que más de uno buscó en Google cuando los medios daneses lo vincularon con nosotros. No acabó viniendo, pero el chaval no ha parado de dar motivos para que alguien vuelva a acordarse de él.
Sérgio Pereira Andrade, o simplemente Serginho, tiene 23 años, es portugués, juega en el Viborg de la liga danesa y está en un gran momento. No es una exageración. En esta primavera, ha participado en siete goles en siete partidos. Uno por jornada, como quien va tachando días en un calendario. Lo suyo no parece flor de un día, y por eso, aunque su contrato no expira hasta verano de 2026, las preguntas sobre su futuro ya vuelan por ahí.
Y claro, él tampoco es que las esquive del todo. Con un tono tranquilo, ha declarado a la prensa de su país: “Tengo algunas metas que quiero alcanzar como jugador y como persona, y veremos qué sucede, pero cada día mi enfoque está simplemente en convertirme en una mejor versión del jugador y la persona que era ayer”. Unas palabras que suenan a charla motivacional de vestuario, pero que también dejan claro que no está cerrado a moverse.
Como decimos, en enero, según contaban desde Dinamarca, el Espanyol tanteó su situación. Una de esas operaciones que suenan a “si se dan las condiciones” que tan bien conocemos los pericos. Al final no cuajó nada, pero la conexión está ahí, latente. ¿Y por qué no especular un poco ahora que vuelve a sonar con fuerza? Más aún si escuchamos al propio Serginho hablar de la Liga: «Me gusta cómo se juega al fútbol en España. Pero mi objetivo general es simplemente poder jugar en una de las cinco mejores ligas en algún momento”. No ha dicho Espanyol con todas las letras, pero tampoco ha dicho que no. Y el chico tiene claro que está en un buen momento para dar el salto a una liga mayor: “Veremos qué pasa este verano. Sólo tengo que intentar trabajar para el equipo y ayudar con asistencias y goles. Eso es todo en lo que me voy a concentrar en los próximos partidos. Ya veremos este verano si me cambio o me quedo en Viborg”. Así que, ahí está, dejando la puerta entreabierta. No es un “me voy seguro”, pero tampoco es un “ni me lo planteo”. Y si sigue a este ritmo, ofertas no le van a faltar.
Serginho llegó al Viborg el verano pasado por 3,7 millones de coronas danesas (unos 500.000 euros al cambio). Un fichaje que, visto lo visto, les ha salido redondo. Extremo zurdo de origen, aunque se maneja bien por todo el frente de ataque, su perfil encajaría como un guante en la pizarra de Manolo González, especialmente si pensamos en un Espanyol que necesita desborde, juventud y talento.
Ahora solo queda esperar. Quizás el nombre de Serginho vuelva a sonar en verano por Cornellà-El Prat. Y quién sabe, tal vez esta vez sí llegue algo más que un rumor desde tierras nórdicas. Mientras tanto, el chaval sigue a lo suyo: marcar, asistir y dejarse querer. Y nosotros, por qué no, a seguirle la pista.







