El Girona volvió a salir ileso del RCDE Stadium, esta vez con victoria, gracias a dos rigurosísimos penaltis señalados por el colegiado Iosu Galech Apezteguía que han encendido al espanyolismo. La primera parte fue de dominio gerundense, con más presencia en campo rival y una presión alta que incomodó mucho al Espanyol. Vanat y Bryan Gil fueron los más incisivos de los de Míchel, mientras Dmitrović tuvo que sacar una mano milagrosa para evitar el primero. El partido cambió tras un agarrón leve de El Hilali a Hugo Rincón en un córner que el árbitro convirtió en penalti. Vanat falló el primer disparo, pero el colegiado mandó repetirlo por adelantamiento del portero blanquiazul. A la segunda, el ucraniano no perdonó y lo celebró de forma provocativa mirando a la grada. La bronca fue general. Manolo González miraba al césped con cara de pocos amigos, sabiendo que el partido se les había puesto muy cuesta arriba con una decisión que condicionaba todo el plan de partido. El Espanyol apenas se asomó con peligro y se fue al descanso entre silbidos, muchos de ellos para el árbitro.
En la segunda parte, los blanquiazules mejoraron, sobre todo tras la entrada de Jofre. El extremo fue de lo más vertical y activo por banda, generando varias llegadas claras que murieron en las manos de Gazzaniga. Cabrera tuvo un remate franco de cabeza que se fue por poco. El Girona, mientras tanto, se replegó, cambió sistema y jugó a aguantar. Míchel movió bien el banquillo para frenar el ímpetu local, y su equipo apenas concedió ocasiones claras en los últimos minutos. El Espanyol atacaba con corazón, pero con poca claridad. Y ya en el descuento, una contra conducida por Asprilla terminó en otro polémico penalti más, tras una acción con Rubén. Vanat repitió desde los once metros y volvió a marcar. 0-2, noche negra y estallido final: hubo lanzamiento de objetos desde la grada que podrían acarrear sanción, justo en un RCDE Stadium ya apercibido. Una noche para olvidar, una derrota dura que deja muchas heridas abiertas.







