El programa de hoy de La Grada Ràdio ha sido, directamente, un desahogo colectivo tras las últimas noticias respecto al arbitraje de De Burgos Benegoetxea en el Mallorca – Espanyol de la pasada jornada. No uno de esos debates tranquilos, de pizarra o de sistemas. No. Ha sido otra cosa. Un punto en el que ya no se habla solo de una jugada, sino de todo lo que arrastra. Porque lo de Son Moix no ha sido una más. Ha sido la gota que vuelve a colmar un vaso que lleva tiempo lleno.
Y lo más duro no es ni siquiera la jugada en sí. Es lo que viene después. El reconocimiento. Tarde. Frío. Sin consecuencias.
El CTA lo admite sin rodeos… pero llega cuando ya no sirve
El análisis de ‘Tiempo de revisión’ ha centrado buena parte del debate. Y ahí no hay matices. El propio organismo lo deja claro: «Se debería decretar falta en ataque. El árbitro decide mantener el gol. La falta existe y es una acción que debería ir acompañada de tarjeta amarilla. La decisión final del árbitro es errónea y el tanto debió anularse».
Así, directo.
Pero claro, lo que se repite en antena es casi automático: ¿de qué sirve ahora? Porque el partido ya pasó. El empate llegó. La remontada también. Y el Espanyol se quedó sin nada.
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— LA GRADA (@lagradaonline) March 18, 2026
Una jugada que sigue sin explicación, ni en directo ni revisada
Se volvió a repasar todo. La acción, el contexto, el momento. Samu Costa golpea a Urko. El VAR avisa —»pone el pie y le chuta el pie»—. El árbitro se va al monitor. Lo ve. Lo revisa.
Y decide que no hay falta.
Eso es lo que no entra en la cabeza. No es una jugada gris. No es de interpretación fina. Es clara. Visible. De las que se pitan sin dudar.
Y a partir de ahí, el partido se rompe. Empate. Luego el 2-1. Y todo cambia.
Fran Soto reconoce el error… pero no responde a lo importante
También se puso sobre la mesa la intervención de Fran Soto. El presidente del CTA admite el fallo. Lo dice. No se esconde: “Se explica en que detrás de un árbitro está una persona que a veces comete errores… tenemos que reconocer que ha habido un error”.
Pero el problema no es ese.El problema es que ahí se acaba todo. No hay más. No hay consecuencias visibles. No hay explicación de qué pasa después.
Francesc Via lo dice todo en voz alta: “Es un recochineo”
Y ahí es donde el programa cambia de nivel. Porque Francesc Via pone palabras a lo que muchos sienten. Y lo hace sin suavizar nada: “Es un recochineo, todo el planeta ve como te la meten, quedas tocado con consecuencias para la clasificación y la moral del grupo, pero luego se reúnen y tras unos cafés y unos puros evacuan la soberana decisión de que ‘nos hemos equivocado’”.
No se queda ahí. Va más allá.
“No te dicen como el Emérito que no lo volverán a hacer, porque lo volverán a hacer, y se quedan tan tranquilos. Es ridículo pero es un escarnio; si quisieran ser transparentes lo que deberían decir ‘el culpable es De Burgos Bengoetxea y lo va a pagar de esta manera’, igual que lo harán cuando le metan la sanción a Pickel”.
Aquí ya no se habla solo de una jugada. Se habla de un sistema. De cómo se gestiona el error.
Y aprieta más.
“Que me den la razón me importa un bledo, exijo saber cuántos partidos van a meter a De Burgos Bengoetxea, si se verá afectado en su internacionalidad, si va a ir al Mundial representando a nuestra Federación, todo eso quiero saberlo y deberían explicarlo, no darnos la razón de los tontos que no sirve para nada y señor Soto, esa risilla que se le escapa hágaselo mirar, estas cosas requieren más seriedad”.
Es una exigencia clara. Saber qué pasa. No solo escuchar un “nos hemos equivocado”.
Un dolor que va más allá del césped
Hay una frase que se queda flotando en el programa. De esas que resumen todo: “Los hijos de De Burgos Bengoetxea lloraban pero también lloran muchos pericos”. No es solo fútbol. Es lo que genera. Lo que arrastra. Lo que deja. Y aún más: “Y piense, si por este resultado se cesa a un entrenador o baja un equipo como nos ha sucedido, ¿también soltamos la risita?”. Ahí ya no hay debate. Hay frustración.
Sin transparencia, sin consecuencias… y con la sensación de siempre
Via lo deja claro en otro momento: “No hay seriedad, no hay transparencia ni hay vergüenza”. Y eso conecta con algo que se ha repetido durante todo el programa: la sensación de que esto no es aislado. Que viene de lejos. Que se repite.
Que siempre cae del mismo lado.
“Somos pequeños, pero no nos vamos a callar”
El cierre del speech de Via también deja mensaje. Puede que el Espanyol no tenga el peso de otros. Puede que su voz no sea la más escuchada. Pero no se va a quedar en silencio: “En La Grada vamos a seguir hablando, aunque el Espanyol no tiene poder y sus medios somos un reflejo de eso, somos pequeños, pero seguiremos hablando de esto”.
Y al final, todo vuelve a ese punto. El CTA ha admitido el error. Sí. Pero el Espanyol sigue sin los puntos. La clasificación no cambia. El golpe está dado. Y cuando un error te cuesta un partido, no basta con decir “nos hemos equivocado”.
El Espanyol sube un 12,2% en Transfermarkt y es 12º en LaLiga… pero el dato engaña y obliga a Pace a dar un salto real
Pasando a otros temas, se ha recordado que el RCD Espanyol ha crecido hasta los 124,20 millones de euros (+12,2%) por lo que respecta a valor de plantilla, colocándose en la 12ª posición de LaLiga, un avance que en frío parece positivo pero que deja una lectura más incómoda cuando se rasca un poco: el impulso viene en gran parte de casos individuales como Carlos Romero -que sube hasta los 25 millones- pero ni siquiera es propiedad del club, lo que ya marca una primera limitación clara; la plantilla muestra estabilidad, con subidas puntuales como las de Urko o Edu Expósito y pocos cambios más, lo que refleja un bloque sólido pero sin grandes saltos colectivos, mientras que la distancia con los equipos de arriba sigue siendo enorme, con Real Madrid, Barça o Atlético en otra dimensión y otros como Villarreal, Betis o Real Sociedad aún varios escalones por encima, así que sí, el Espanyol crece y está en el mapa, pero no convierte ese crecimiento en poder estructural ni en patrimonio real, y ahí es donde aparece la “trampa” del dato: subir no significa acercarse de verdad; si el objetivo de Alan Pace es meter al club en el grupo de los seis que pelean arriba, los números dejan claro que todavía queda mucho trabajo por delante, porque esto no va solo de subir valor en una actualización, va de construir una base propia, sostenida y competitiva en el tiempo.
Marta Mendoza apela a la unidad en un momento crítico: “Tenemos que ser aliados del equipo”
La intervención de Marta Mendoza en La opinión del día de La Grada Ràdio dejó un mensaje claro, directo y muy alineado con el momento que atraviesa el Espanyol. Lejos de buscar un tono complaciente, su reflexión partió de una realidad incómoda, asumida sin rodeos: “Buenos días, ¿qué tal? ¿Cómo estáis? En la mierda, ¿eh?”. Una forma de arrancar que refleja con bastante precisión el estado de ánimo actual del entorno perico.

Una racha que condiciona todo el discurso
El contexto es evidente. La dinámica de resultados ha llevado al equipo a una situación compleja, y Marta lo sintetiza con una frase que resume la magnitud del problema: “4 puntos de 33 y…”. No hace falta desarrollarla más. El dato, por sí solo, explica el clima de preocupación.
A partir de ahí, también aborda el reconocimiento del error arbitral por parte del CTA. No lo ignora, pero le resta peso práctico: “No sirve de nada que reconozcan, que no reconozcan”. Y añade una reflexión que conecta con una percepción instalada en parte de la afición: “Esta gente nos envió descaradamente a la Segunda división. No lo podemos olvidar”.
El foco cambia: del enfado a la responsabilidad inmediata
Más allá de la crítica, el eje central de su intervención gira hacia la necesidad de redirigir la energía. En ese sentido, plantea un mensaje de responsabilidad colectiva: “Tenemos que centrar las fuerzas en ser aliados con el equipo”.
El partido ante el Getafe aparece como un punto de inflexión inmediato. “El sábado tenemos una cita ineludible. Y tenemos que estar ayudando”, insiste, subrayando la importancia del apoyo en un contexto en el que la presión sobre el equipo es cada vez mayor.
Cerrar filas ante un escenario adverso
Uno de los aspectos más relevantes de su intervención es la llamada a la cohesión. Mendoza identifica claramente dónde sitúa el conflicto principal: “De enemigos los tenemos así. Y los tenemos allá afuera. Por lo tanto, cerremos filas”.
Se trata de una invitación a reforzar la unidad interna en un momento en el que el ruido externo es elevado. La idea es clara: minimizar divisiones dentro del entorno y centrar el esfuerzo en lo que puede influir directamente en el rendimiento inmediato del equipo.
El papel de la afición como factor competitivo
Mendoza también pone el acento en el rol de la grada. Lo hace desde una perspectiva realista, sin exageraciones: “Los goles no los marcaremos nosotros. Tampoco los podremos evitar. Pero sí, el sábado tenemos este papel de jugador número 12”.
Es una forma de trasladar la importancia del acompañamiento sin caer en discursos grandilocuentes, pero reconociendo que el contexto emocional puede tener impacto en el desarrollo del partido.
Crítica institucional y preocupación contenida
La intervención no evita tampoco una crítica directa a la situación institucional del club: “Caguémonos en toda esta directiva que sigue teniéndonos huérfanos de todo”. Una expresión que evidencia el malestar existente más allá de lo estrictamente deportivo por lo poco defendida que se siente la afición perica por parte de sus dirigentes..
El cierre, en cambio, introduce un matiz más personal. “Estoy preocupada, sí, no os lo negaré”, admite. Aun así, intenta mantener un cierto equilibrio emocional agarrándose a lo que sea: “Intento aplicarme estos mensajes de taza de Mr. Wonderful”.
Entre la preocupación y la necesidad de reaccionar
El mensaje final no es optimista en el sentido clásico, pero sí pragmático. La situación preocupa, el contexto es complicado, pero el foco inmediato está claro.
El Espanyol necesita reaccionar, y el primer paso pasa por afrontar el partido ante el Getafe con unidad, tanto dentro como fuera del campo.






