LA OPINIÓN DEL DÍA | Martín Chico: confianza en Monchi y crítica al oscurantismo del Espanyol; reclama más apertura institucional, más presencia de Alan Pace y un club más cercano al socio

18 de junio de 2026

La llegada de Monchi al RCD Espanyol ha cambiado el ambiente. Eso se nota en la calle, en redes, en las tertulias y en cualquier conversación entre pericos. Después de años de bandazos, mercados raros y demasiadas temporadas mirando hacia abajo, el simple hecho de tener a un director deportivo con nombre, recorrido y peso ya ha levantado algo que parecía medio enterrado: la esperanza. Pero ojo, que una cosa es esperar cosas buenas y otra muy distinta es venirse arriba como si esto ya estuviese arreglado. Y justo por ahí ha ido la opinión del día de Martín Chico en La Grada Ràdio.

“Esperanzados, no eufóricos”

Martín arrancó con una frase que resume muy bien el momento del espanyolismo: “Hoy mi comentario va simplemente sobre los esperanzados que podemos estar esta temporada, esperanzados, no eufóricos, no confundamos, sobre la llegada de Monchi”. Y es que ese matiz importa. Mucho. Porque el perico tiene ganas de ilusionarse, claro, faltaría más. Pero también viene de muchos golpes. De vendernos proyectos que luego eran humo. De fichajes que no encajaban. De temporadas en las que parecía que el club iba siempre con el agua al cuello. Así que sí, hay ilusión. Pero con prudencia.

Monchi sabe dónde ha aterrizado

Para Martín Chico, la clave está en que Monchi no parece haber llegado engañado. No ha aterrizado pensando que venía a un club con chequera infinita ni a un proyecto sin problemas. Al contrario. Según su lectura, el nuevo director deportivo sabe perfectamente dónde está. “Ya ha demostrado, para mí al menos, que sabe lo que quiere, realmente sabe al club que ha venido, que eso es lo más importante, y sabe las limitaciones”, explicó. Esa frase tiene bastante sentido, porque si Monchi ha aceptado venir al Espanyol, lo lógico es pensar que conoce el terreno. Y el terreno, seamos sinceros, no es precisamente una alfombra roja.

Si Monchi ha venido, es porque tiene un plan

El comentario de Martín también deja una reflexión interesante: Monchi ha aceptado el reto sabiendo las condiciones. Y eso, en cierta manera, tranquiliza. “Si ha aceptado venir al Espanyol con las limitaciones que este club seguramente le habrá impuesto, repito, y si ha aceptado, es porque realmente tiene en mente lo que sabe y debe hacer”, apuntó. Dicho de otra manera: nadie le ha obligado. Ha venido porque cree que puede meter mano, ordenar y construir algo decente. Luego el mercado dirá. Porque el fútbol, ya se sabe, castiga mucho al que habla antes de tiempo.

“El director deportivo que fue en el Sevilla”

Martín tiró de ironía para explicar lo que espera del de San fernando: “Yo espero que este Monchi sea el director deportivo que fue en el Sevilla y no el portero que fue en el Sevilla”. La frase tiene su gracia, pero también va con mensaje. El Espanyol necesita al Monchi que detectaba talento, que armaba plantillas competitivas, que encontraba valor y que daba forma a equipos ganadores. No necesita un nombre de cartel para calmar al personal durante dos semanas. Necesita trabajo. Mucho. Y acierto. Más todavía.

El fútbol ha cambiado, pero la confianza está ahí

Martín no vendió fantasías. También recordó que el contexto actual no es el mismo que hace 15 o 20 años. El mercado se ha puesto carísimo, los clubes compiten por perfiles muy parecidos y ya no hay tanto margen para encontrar chollos sin que media Europa los tenga controlados. “Aunque lógicamente han pasado muchos años, las circunstancias y el mundo futbolístico ha cambiado muchísimo, pero yo sigo confiando y confío en que Monchi, aunque seguramente tendrá más dificultades que las que tenía hace 15 o 20 años, pues que al menos sepa reconducir este club en el aspecto deportivo”, dijo. Y ahí está el deseo de muchos: no pedir milagros, pero sí dirección.

El palo llega en el plano social

Pero Martín separó muy claramente lo deportivo de lo social. Con Monchi hay esperanza. Con la propiedad, de momento, bastante menos. Y aquí fue directo: “Porque en el aspecto social realmente no veo absolutamente nada, no veo nada, no veo el naming right del estadio, no veo sponsors, no veo ninguna novedad, el oscurantismo sigue siendo el de siempre, con Mao o con Pace, me da igual”. Es una crítica dura, pero bastante compartida en una parte del entorno perico. El club ha cambiado de manos, sí. Hay nueva etapa, sí. Pero a nivel de comunicación, cercanía y señales externas, muchos siguen viendo la misma niebla de siempre.

Pace tiene que aparecer más

Uno de los puntos más claros de la opinión fue la petición a Alan Pace. Martín no reclama una comparecencia diaria ni una exposición constante, pero sí algo más de presencia. “Espero que el señor Pace se dé cuenta de que nosotros, hombre, no es que vaya a tener una rueda de prensa todos los días, pero caray, desde que llegó, una vez, una vez, y no ha vuelto a vérsele el pelo por aquí”, señaló. Y eso conecta con una sensación muy del socio: si empieza una etapa nueva, el aficionado quiere verla, escucharla, tocarla un poco. No basta con nombres importantes en el organigrama. Hace falta cara, voz y explicaciones.

JJ Watt, el famoso “cervecero”, también aparece en la crítica

Martín también tuvo una mención para JJ Watt, uno de los nombres mediáticos de la nueva propiedad, aunque lo hizo con su estilo particular: “Y mucho menos al cervecero, que no recuerdo cómo se llama la verdad”. La broma tiene su punto, pero el fondo vuelve a ser el mismo. Si se vende una propiedad nueva, con caras conocidas y músculo internacional, el espanyolismo espera señales. No solo fotos sueltas o apariciones contadas. El club necesita abrir ventanas. El aficionado quiere saber quién manda, qué idea hay y hacia dónde se quiere ir.

Un Espanyol más abierto al socio

La petición de Martín es sencilla: que el club se abra. Que no parezca siempre una habitación con la persiana bajada. “Lo que quiero decir es que espero que este club de verdad sea un club abierto, abierto sobre todo al socio, al aficionado”, explicó. Esta frase va más allá de Monchi. Habla de identidad. De trato. De entender que el Espanyol no puede vivir de espaldas a su gente, porque su gente ha sido muchas veces lo único que ha sostenido al club en los peores momentos. El socio perico ha tragado demasiado. Ahora quiere respeto. Y eso también se demuestra comunicando mejor.

Monchi como camino hacia un club más serio

La esperanza de Martín pasa por que Monchi no solo mejore la plantilla, sino que ayude a dar otra sensación de club. “Y que de la mano del director deportivo, de Monchi, realmente seamos un club más serio”, dijo. Aquí está una de las claves. El Espanyol lleva demasiado tiempo pareciendo un club que improvisa. Que reacciona tarde. Que no explica. Que cambia de idea. Que sufre por costumbre. Monchi, por sí solo, no arregla todo eso. Pero puede ser una pieza muy importante para empezar a ordenar la parte deportiva, que ya sería bastante.

Basta ya de normalizar el Espanyol ascensor

Martín también tocó una herida muy sensible: el Espanyol convertido en equipo ascensor. Y ahí fue muy claro. “Por supuesto no sufrir, pero ojo, no hablo de luchar por el descenso, yo estoy hasta de acuerdo de luchar por el descenso, vamos, que el Espanyol se haya convertido en un equipo ascensor en los últimos años, para mí no tiene ningún sentido, y mucho menos gracia”. Esta frase seguramente la firmarían muchísimos pericos. Porque una cosa es saber que la realidad económica manda y otra aceptar como normal vivir entre descensos, ascensos y sustos permanentes. El Espanyol tiene que recuperar suelo. Primero eso. Suelo.

Una opinión con esperanza, pero con memoria

Lo interesante del comentario de Martín Chico es que no cae ni en el pesimismo automático ni en la euforia barata. Cree en Monchi, pero no se olvida de todo lo que falta. Confía en que el club mejore en lo deportivo, pero exige mucho más en lo social. Y esa mezcla suena bastante a perico adulto. Ilusión, sí. Pero con la libreta de agravios todavía cerca. El espanyolismo quiere creer, pero necesita hechos. Quiere mercado, quiere proyecto y quiere un club que mire a su gente a la cara.

“Que esto marche”

Martín cerró con un deseo muy simple, casi de aficionado de toda la vida: “Eso es todo pericos, yo lo único que quiero es que esto marche y que todos podamos alegrarnos de los triunfos de nuestro club en los próximos meses. Nada más pericos, hasta la próxima, y ya sabéis, Fruta Far$a, visca l’Espanyol.” No hay mucho más misterio. Al final todo va de eso. De que el Espanyol marche. De no sufrir siempre. De poder hablar de fútbol sin estar con la calculadora del descenso en la mano. De volver a disfrutar un poco. Monchi ha abierto una puerta. Ahora falta que el club entero se atreva a cruzarla.

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