Así funcionan los cuadrados del Espanyol: Gerard Garrido explica el sistema de Manolo

11 de agosto de 2026

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Gerard Garrido, segundo entrenador de Manolo González, ha explicado algunas de las claves tácticas y metodológicas del Espanyol durante una entrevista en el programa “Profesionales en la sombra”. El técnico ha detallado cómo se posiciona el equipo cuando tiene el balón, en qué consiste la estructura conocida como el cuadrado y cómo organiza el cuerpo técnico una semana normal de competición.

El Espanyol puede defender en 4-4-2 o 4-2-3-1

El punto de partida defensivo puede variar según el partido y las necesidades del equipo. Garrido ha citado el 4-4-2 y el 4-2-3-1 como dos estructuras habituales. Ese dibujo inicial cambia cuando el Espanyol recupera la pelota y comienza a construir desde atrás. La colocación de los jugadores ya no responde tanto al sistema defensivo como a los espacios que se pretende ocupar.

Una salida de tres para iniciar la jugada

Una de las posibilidades consiste en formar una primera línea de tres jugadores con la participación del lateral derecho. A partir de ahí, el otro lateral puede situarse en una posición más alta para dar amplitud, mientras el extremo ocupa una zona interior y varios centrocampistas se colocan por dentro. El delantero queda por delante fijando a los centrales. Garrido lo define así: “Más un punta fijando, que nosotros le llamamos el cuadrado”.

El cuadrado concentra cuatro jugadores por dentro

El nombre procede de la forma que dibujan los cuatro futbolistas situados en las zonas interiores. A ellos se suman dos jugadores abiertos y un delantero encargado de mantener ocupada a la última línea contraria. La intención es ofrecer varias líneas de pase y evitar que el rival pueda cerrar todas las salidas al mismo tiempo. No se trata únicamente de acumular jugadores en el centro, sino de repartirlos en distintas alturas.

El sistema obliga al rival a elegir

La clave de esta estructura está en las decisiones que debe tomar el adversario. Garrido lo resume en una frase: “A que en el fútbol no se puede defender todo.” Si el contrario estrecha sus líneas para proteger el centro, el Espanyol conserva una salida hacia las bandas. Si decide defender a los futbolistas abiertos, aparecen espacios interiores. Cada movimiento defensivo abre una posible respuesta.

Las alturas interiores dificultan la presión

Los jugadores del cuadrado no se sitúan todos sobre una misma línea. Ocupan alturas diferentes para crear nuevos ángulos de pase y dificultar las marcas. Esta colocación complica la presión porque los pivotes rivales deben decidir si abandonan su zona. Si saltan hacia delante, pueden dejar libre a otro futbolista. Si permanecen cerca de sus centrales, el Espanyol puede progresar con mayor comodidad desde la base.

Siempre debe existir una respuesta con balón

El cuerpo técnico pretende que el equipo reconozca qué espacio concede el rival. Si la presión cierra el pase exterior, la pelota puede entrar por dentro. Si los pivotes adelantan su posición, quedan libres los jugadores situados a su espalda. Si el contrario iguala todas las marcas, aparece espacio para correr. “Y entonces obligo al rival a tener que tomar muchas decisiones y yo en función de la decisión que tomo, tengo una respuesta”, explica Garrido.

La superioridad en banda nace desde el centro

Durante la entrevista se plantea que esta estructura puede obligar al contrario a desplazarse hacia la banda para defender una posible superioridad. El entrevistador señala: “Aquí también obligas, viendo esto, pues obligas al rival siempre pues intentar buscar esta superioridad en banda, que a lo mejor estás obligando al rival a hacer algo que no está acostumbrado”. Garrido confirma que esa es una de las consecuencias buscadas.

Los jugadores en posiciones intermedias generan dudas

La colocación de un futbolista entre el lateral y el extremo contrario provoca una pregunta difícil de responder: ¿quién debe salir a presionarlo? “Con este posicionamiento aquí, el rival por ejemplo, si tú a este jugador lo pones en intermedias, casi nunca sabe quién es el que le salta”, expone el segundo entrenador. Ese instante de duda puede conceder el tiempo necesario para recibir, girarse o encontrar al compañero libre.

Si salta el extremo, el Espanyol puede atacar su espalda

Cuando el extremo rival baja para seguir al jugador situado entre líneas, el Espanyol puede atacar el espacio que deja a su espalda. Garrido explica que, en ese caso, el atacante perico puede terminar corriendo contra un extremo y no contra un lateral, una situación favorable para avanzar por fuera y acercarse al área.

Si salta el lateral, se abre otro espacio

La respuesta cambia cuando quien abandona su posición es el lateral. Ese futbolista debe recorrer una distancia mayor para llegar a la presión y deja una zona libre detrás. Si el movimiento lo realiza un central, el Espanyol puede generar un uno contra uno dentro del área. El objetivo consiste en mover al adversario hasta que alguna parte de su estructura pierda estabilidad.

Tomar demasiadas decisiones aumenta el riesgo de error

El cuadrado no garantiza que la jugada termine bien, pero busca aumentar la dificultad defensiva del rival. Cada jugador contrario debe interpretar cuándo salir, qué línea cerrar y qué compañero cubrir. Garrido explica el propósito final con claridad: “cuando tú tengas que tomar tantas decisiones, te puedes equivocar.” El Espanyol intenta provocar ese error mediante su colocación antes de acelerar la jugada.

El análisis del partido anterior abre la nueva semana

Garrido también ha explicado cómo se organiza una semana normal cuando el Espanyol juega de domingo a domingo. El día posterior al encuentro comienza con una sesión de vídeo. El cuerpo técnico revisa lo sucedido y corrige los errores cuanto antes: “primero vídeo, ya el primer día del partido anterior, corrección de errores y así dejarlo zanjado”. La idea es cerrar el partido anterior rápidamente y empezar a pensar en el siguiente.

Los titulares realizan trabajo de recuperación

Tras el vídeo, las cargas se dividen según los minutos disputados. “el más uno, los jugadores que han jugado más minutos, hacen un trabajo de recuperación”, explica Garrido. Este grupo combina gimnasio, trabajo sobre el césped y distintos ejercicios pensados para recuperar el esfuerzo realizado durante la competición.

Los suplentes compensan las cargas

Los futbolistas que no han participado o han jugado menos de 45 minutos completan una sesión distinta. “los que no han jugado o los que han jugado menos de 45 hacen un trabajo de recuperación y compensatorio para intentar igualar las cargas.” El cuerpo técnico busca que toda la plantilla mantenga un nivel físico parecido, aunque el reparto de minutos del fin de semana haya sido desigual.

El segundo día suele quedar reservado al descanso

En una semana sin partidos entre semana, el equipo suele descansar dos días después de competir. Ese paréntesis permite recuperar a los jugadores antes de comenzar el bloque central de preparación. A partir del miércoles, las sesiones pasan a estar más relacionadas con el modelo de juego y el siguiente rival.

El miércoles se trabaja en espacios reducidos

El día conocido como menos cuatro está destinado a tareas con menos metros. “el miércoles, digamos, al que nosotros llamamos menos cuatro, es un trabajo mucho más de espacios reducidos”, señala Garrido. El cuerpo técnico emplea esta sesión para reforzar hábitos propios, movimientos que quiere conservar ante cualquier rival y comportamientos básicos del modelo del Espanyol.

El jueves queda centrado en el plan de partido

El menos tres cambia el tamaño de los ejercicios. El equipo trabaja en espacios grandes después de haber analizado en vídeo las características ofensivas y defensivas del adversario. Garrido define esta jornada de manera directa: “ese día es preparación pura y dura de partido.” La sesión acostumbra a incluir una tarea ofensiva, otra defensiva y un partido condicionado a las situaciones que el cuerpo técnico espera encontrar.

La pretemporada prioriza el modelo propio

La distribución del trabajo no es exactamente igual durante el verano. En pretemporada se dedica más tiempo a construir la identidad del equipo, fijar conceptos y recuperar mecanismos. Cuando comienza la competición, el análisis del adversario gana mucho más peso. Garrido marca esa diferencia: “en temporada es plan de partido.”

El balón parado aparece dos días antes

A dos días del encuentro empiezan a entrar las acciones de estrategia. El equipo puede trabajar cuestiones defensivas si el rival presenta alguna amenaza concreta, junto a faltas laterales ofensivas y otros movimientos con balón. La carga física se reduce para evitar que los jugadores lleguen cansados al partido.

La última sesión prepara acciones concretas

El día anterior se mantiene el trabajo a balón parado, con atención especial a los córneres ofensivos. El cuerpo técnico introduce también acciones combinadas en campo contrario y partidos reducidos. La intensidad deja paso a la precisión. El objetivo es repasar movimientos concretos sin acumular un desgaste innecesario antes de competir.

El sistema y la semana responden a una misma idea

La explicación de Garrido permite entender que la preparación del Espanyol no se limita al dibujo que aparece al inicio del partido. El 4-4-2 puede transformarse con balón, el cuadrado busca crear dudas en la presión rival y cada sesión semanal cumple una función concreta. Posicionamiento, reconocimiento de espacios y preparación del adversario forman parte de un mismo proceso, el que intenta convertir el trabajo de toda la semana en respuestas útiles durante el partido.

Manolo González, una lectura de partido para anticiparse y responder al rival

Una de las principales virtudes de Manolo González según Garrido es su lectura de los partidos mientras se están disputando. El técnico suele detectar con rapidez cuándo el rival modifica su presión, cambia la altura de sus líneas o busca atacar de una manera diferente. A partir de esa lectura, el Espanyol intenta adaptarse mediante las variantes trabajadas durante la semana. No se trata de improvisar una solución desde cero, sino de reconocer qué está sucediendo y activar una respuesta que los jugadores ya conocen. Esa capacidad para interpretar los cambios del adversario y reaccionar durante el encuentro permite al equipo corregir su posicionamiento, ocupar otros espacios o modificar la manera de iniciar y defender las jugadas sin perder su estructura.