El Elche – Espanyol terminó 2-2, pero lo que queda en la memoria no es el resultado sino el presunto insulto racista que Omar El Hilali denunció haber recibido de Rafa Mir, el mismo jugador que minutos después transformó el penalti del empate, una coincidencia que resulta imposible de ignorar y que dejó un poso amargo difícil de explicar; el árbitro activó el protocolo, se detuvo el partido, sonó el mensaje por megafonía… y el balón volvió a rodar como si lo ocurrido pudiera quedarse en un simple trámite, mientras sobre el césped el Espanyol veía cómo se escapaba un triunfo que había trabajado con dos golpes certeros -la contra culminada por Kike García y el cañonazo de Carlos Romero- y que acabó diluyéndose en un final tenso, bronco y lleno de incredulidad, porque cuando aparece algo así el fútbol deja de ser solo fútbol y todo lo demás pasa a un segundo plano, incluso el marcador.
Toca investigar y espabilar
Ni el CNI estará involucrado ni se necesitará la parafernalia de los habituales de estas prácticas, pero si Omar ha recibido un insulto racista del jugador que después marcó el gol del empate sin ser expulsado, el protocolo contra el racismo es un postureo de padre y muy señor mío.
Estuvo seguro y bien colocado Dmitrovic; con más de 100 partidos de profesional, Omar ya es un conocido al que saben hacerle pupa. Se necesitaba una perfecta geometría en el centro de la defensa y Riedel se salía de la raya mientras Cabrera tuvo una excelente lectura siendo el mejor. El golazo de Romero, bálsamo para romper la niebla que le ofusca.
El destino fue un rebote que le jugó una mala pasada a Pol, a Urko le quemaba el balón en los pies, en proporción inversa a Expósito que lo retuvo demasiado.
Un tierno y un distraído; Dolan pasó de largo por el partido y Milla obligó a la mejor parada y nada más. El punterazo del obrero del gol, herramienta para hacer un golazo bajo la firma del señor García.
Los cambios ofrecieron múltiples contrastes: Pickel no se encontraba a sí mismo y decidió expulsarse, Jofre alternó errores y aciertos y en lo último asistió para un Terrats que envió al palo el 1-3 que merecíamos. En la urgencia por ganar o no perder anduvo Roberto intentando atacar y ayudando a defender, como Rubio que despejó tres en cinco minutos.
Vuelvo sobre el principio: si el protocolo se ciñe a un gesto del árbitro y un mensaje por megafonía siete minutos después del suceso, mejor guardarlo en el cajón. Hemos visto al VAR tardar una eternidad por descubrir el taco de una bota y hoy seguir jugando por un taco salido de la boca de un jugador. Investiguen. Y respecto al fútbol, nueve partidos sin ganar. Espabilen.
Juan José Caseiro






