La Tertulia analiza el momento crítico del Espanyol: mala racha, pérdida de solidez, dudas de Àlex de Llano sobre la propiedad de Alan Pace replicados por Francesc Via y el debate sobre si el “manolismo” está en crisis

23 de febrero de 2026

Bajo la dirección de Francesc Via, la tertulia de hoy en La Grada Ràdio reunió a Víctor Maymó, Juan Antonio Casanova (JAC), Jan Carrillo y Juan José Caseiro, con la aportación por videollamada del analista Àlex de Llano, para poner palabras al momento delicado que atraviesa el Espanyol. Entre sensaciones encontradas, preocupación contenida y llamadas a la calma, el debate giró en torno a la mala racha de resultados, la pérdida de solidez del equipo y la inquietud por un arranque de 2026 que ha enfriado de golpe las ilusiones generadas durante la espectacular primera vuelta. Un análisis colectivo que osciló entre el “no pasa nada grave” y el “algo no funciona”, intentando entender cómo un equipo que parecía tan fiable ha entrado en una dinámica tan incómoda.

Maymó: entre el orgullo por la primera vuelta y la rabia por lo que viene ahora

Víctor Maymó explicó esa sensación tan contradictoria que recorre ahora mismo al espanyolismo. No es pánico, pero tampoco tranquilidad. Es algo más incómodo. Más humano. Una mezcla de orgullo y frustración.

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Lo expresó con una imagen muy gráfica, casi cinematográfica: “Es una situación no complicada, diría compleja, me pasa como en las películas en que al actor le aparece un angelito y un demonio, el primero me dice que la situación es buena por la espectacular primera vuelta, pero el demonio me dice, qué rabia que nos carguemos una primera vuelta tan espectacular de esta manera, todos hemos soñado y el fútbol es sonar y emoción. La realidad indica ser menos optimistas de lo normal por la dinámica y resultados del equipo. A nivel de juego, y hablo de los partidos de casa, he visto mucha superioridad de los rivales, y viendo al Atlético ya no tenía ninguna confianza en remontar, lo que sí había en la primea vuelta. Es humano estar preocupado”.

JAC: malas sensaciones pese a la buena clasificación

Juan Antonio Casanova fue directo al punto que más inquieta: la tabla todavía acompaña, pero el fútbol que transmite el equipo no. Y cuando las sensaciones son malas durante varias semanas seguidas, el optimismo empieza a resquebrajarse.

Su intervención giró en torno a la necesidad de parar, reflexionar y recuperar identidad. “Pese a que la clasificación sigue siendo buena las sensaciones son malas, hace falta compromiso, hubiese venido bien una concentración de unos días para reflexionar. No estoy de acuerdo con la tesis que aparece en La Grada de que el problema es el central, hay muchas cosas que no funcionan, hemos de reciclarnos y volvernos a parecer a aquel equipo que éramos. Bajar no bajaremos, pero en marzo nos jugamos la temporada, ver si revivimos este equipo”.

Carrillo: calma y nada de dramatismos

Jan Carrillo se situó en el extremo más sereno del debate. Admitió preocupación, claro, pero rechazó el clima de catástrofe que se ha instalado en ciertos sectores. Para él, la clave está en no perder la perspectiva.

Lo dijo con esa mezcla de prudencia y sentido común que suele traer el tiempo: “Fastidiado como todos, preocupado, vienen unos partidos importantes pero es una situación que viene muy acentuada por la racha de resultados, pero hay que poner todo en su sitio de manera objetiva y no flagelarnos demasiado porque puede ponérsenos en contra. Hay que tomárselo con calma, he visto comentario exagerados y no son manera de revertir la situación, lo cambiará todo una victoria”. Un mensaje muy sencillo, casi terapéutico: ganar un partido puede cambiarlo todo.

Caseiro: preocupación sin activar el “cagómetro”

Juan José Caseiro aportó uno de los análisis más técnicos, fijándose en datos concretos que explican por qué el equipo parece tan perdido sobre el campo. No habló de falta de actitud ni de mala suerte, sino de juego. De precisión. De orden. Su frase inicial ya marcó el tono: “Tengo preocupación, no voy a activar el cagómetro pero se han tocado algunas teclas que hace que los jugadores estén muy perdidos”.

Y luego llegó el dato demoledor: “Hay un dato, 120 pases que se dan en la primera parte con un 69% de acierto, es muy bajo, con eso poco tienes que hacer”. Cuando ni siquiera los pases cortos salen con normalidad, todo lo demás se vuelve cuesta arriba.

De Llano radiografía un equipo “hundido” y sin reacción emocional

La intervención de Àlex de Llano fue, probablemente, el momento más crudo de la tertulia. Con la perspectiva de quien vio el partido en directo y con la frialdad analítica que le caracteriza, dejó una frase que resumía el sentir de muchos pericos tras el 4-2: “Si hubiese entrado en La Grada tras el partido, desde mi silla del Metropolitano, también lo hubiese quemado todo”. No fue una exageración teatral, sino la forma de describir una sensación de impotencia absoluta ante la imagen ofrecida por el equipo.

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Para el analista, el problema no empezó en Madrid ni en la segunda parte, sino mucho antes. “El diagnóstico que hago es que el equipo llegó muy entonado al derbi contra el Barça, hiciste un muy buen partido y te ganan y te desinflas”, explicó, trazando una línea directa entre aquella derrota y el desplome posterior. Según su lectura, el Espanyol lo dio todo emocionalmente en ese encuentro y el golpe psicológico fue demasiado duro. “Me parece que el equipo está hundido anímicamente ahora mismo, cuando algo no le sale se va abajo”, añadió, señalando que ante el Atlético se vio a un grupo sin capacidad para levantarse tras el primer contratiempo.

Incluso el gol inicial, que en teoría debería haber reforzado al equipo, lo interpretó al revés. “Marcaste un gol demasiado pronto porque no le va bien en ese tipo de cambios avanzarse tan rápido”, dijo, explicando que el Espanyol se siente más cómodo cuando el partido crece desde la resistencia, no desde la obligación de gestionar ventajas. También comparó la tensión vivida ante el Celta con la desconexión mostrada en el Metropolitano: “Ante el Atleti me dio la sensación contraria, de jugadores que están con la cabeza fuera”.

Críticas durísimas al rendimiento y a la ejecución táctica

De Llano no esquivó nombres ni decisiones. Señaló actuaciones individuales muy flojas y cuestionó la aplicación real del plan de partido. Sobre el sistema con tres centrales fue especialmente gráfico: “Al ver el once y ver tres centrales pensé, uno más para hacer más errores”, una frase que provocó gestos de resignación en el estudio porque conecta con una sensación muy extendida en la grada.

También fue contundente con el papel de algunos futbolistas, destacando el caso de Carlos Romero: “El partido de Carlos Romero es para que no juegue en varios partidos, está pensando ya en el Villarreal y es normal, ya sabe que el año que viene no estará aquí”. Eso sí, dejó claro que no se trata de señalar a un solo jugador: “No es problema solo de él”.

Sobre el desarrollo del encuentro insistió en que el plan tenía sentido, pero no la ejecución: “Tenía sentido el cambio de sistema pero no fue la ejecución adecuada, no se fue a presionar al Atlético de la manera adecuada”. Añadió incluso factores secundarios como el estado del césped, aunque sin excusarse en ellos. Su conclusión fue demoledora: “Fue un partido tétrico que evidencia los problemas que vaticinábamos”.

Sospechas sobre la gestión y el apoyo al entrenador

El análisis dio un giro cuando empezó a hablar de la estructura del club. Para De Llano, la situación deportiva actual tiene un responsable claro más allá del césped. “Para mí hay un gran culpable de esta situación, que es la propiedad y lo que ha hecho en el mercado”, afirmó, recordando que el equipo llegó al parón navideño en una posición privilegiada y que la reacción institucional fue muy limitada.

Criticó que se prescindiera de jugadores sin protagonismo sin reemplazarlos adecuadamente y que solo llegara un refuerzo, además condicionado físicamente. “Se ha lesionado un hombre clave para que funcione el plan de Manolo González, Javi Puado”, recordó, subrayando que el equipo perdió una pieza estructural sin compensación real.

También deslizó dudas sobre la relación entre la propiedad y el entrenador. “No me gusta de la propiedad el trato que le están dando a Manolo, porque me parece que hay algo detrás”, comentó, sin afirmar nada concreto pero dejando un “run-run” inquietante. “No darle el apoyo en el mercado no me parece casualidad”, añadió, insinuando que podría existir desconfianza sobre su continuidad o su papel como rostro del proyecto.

Via rebate: el problema es la dirección deportiva y el vacío de decisiones

Francesc Via intervino para matizar esa lectura y aportar información propia. No negó la gravedad del momento, pero situó el foco en otro lugar. “Yo no creo que sea un problema de la propiedad”, afirmó con rotundidad. Según explicó, el verdadero agujero está en la estructura deportiva tras la salida de la figura que lideraba el proyecto.

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Su diagnóstico fue casi administrativo, pero con consecuencias muy reales en el vestuario. “El problema es que la propiedad no ha sabido reedificar el proyecto deportivo”, dijo, señalando que muchas decisiones estratégicas están paralizadas. Enumeró varios casos que ilustran esa sensación de club detenido: “Romero no seguirá, Calero no ha recibido ofertas, Omar El Hilali había de renovar esta temporada y ha tenido cero inputs del club”. Añadió otros nombres importantes como Pol Lozano o Edu Expósito, también pendientes.

La consecuencia, según Via, es que el entrenador se ve obligado a asumir tareas que no le corresponden. “No ha de ser Manolo el que tenga que hablar con los jugadores cuando él mismo acaba el año que viene”, advirtió. Su conclusión fue clara: antes esta incertidumbre no se reflejaba en los resultados, pero ahora sí. “Antes ya estaba esta situación pero no se había trasladado a los resultados deportivos y ahora ya sí se ha trasladado”.

JAC amplía el diagnóstico: fallos en todas las líneas

Juan Antonio Casanova llevó el debate al terreno del juego con un enfoque global. Su frase inicial resumió perfectamente la paradoja del equipo: “El Espanyol es tan especial que hace lo más complicado que es marcar y no lo más fácil, defenderse”. Para él, reducir el problema a los centrales es simplificar demasiado.

Enumeró carencias en prácticamente todas las líneas: portería, banda derecha, centro del campo y ataque. “El portero no para, en el lado derecho hay un agujero tremendo, Carlos Romero no está, se ha hundido, el centro del campo no aguanta lo que ha de aguantar”, desgranó, insistiendo en que el equipo se descompone como un dominó cuando encaja un gol. Sobre el partido ante el Atlético fue especialmente gráfico: “En el momento que cayó el 2-1 no aguanta nada”.

Los números respaldan esa sensación de fragilidad extrema: veinte goles encajados en ocho jornadas y diez en los tres últimos partidos. Un ritmo incompatible con cualquier aspiración ambiciosa.

Caseiro y De Llano coinciden en la incapacidad para sostener partidos

Juan José Caseiro planteó una duda táctica que muchos aficionados comparten: si el Espanyol realmente defendió en bloque bajo o si simplemente fue empujado hacia su área. La respuesta de De Llano fue matizada. “Yo creo que el equipo tenía intención en algunos momentos de apretar un poco más arriba, pero el Atlético te metió atrás”, explicó, reconociendo el mérito del rival.

También analizó el planteamiento de Simeone, diseñado para atacar los espacios detrás de los mediocentros pericos. A partir de ahí, el partido se convirtió en una lucha por sobrevivir. “El planteamiento permitía minimizar daños pero no ganar”, afirmó, sugiriendo que el equipo nunca tuvo herramientas reales para controlar el encuentro.

Identificó un patrón preocupante que se repite en varias jornadas: “Tienes posibilidad de avanzarte en el marcador pero no tienes posibilidad de mantenerlo”. Y miró al futuro inmediato con cautela, señalando el próximo duelo ante el Elche como un punto crítico. “Para mí es el partido que lo cambia todo”, dijo, advirtiendo que la dinámica puede volverse peligrosa si no se corta pronto, aunque insistió en que la permanencia no está en cuestión.

Mercado decepcionante y expectativas infladas

El último tramo volvió a la gestión deportiva y al mercado de invierno. De Llano reconoció que buena parte del malestar del entorno nace de las expectativas generadas con la nueva propiedad. “Creo que todos o al menos la mayoría estamos decepcionados”, confesó, recordando que muchos imaginaron un salto económico inmediato que las normas de LaLiga hacen inviable.

Aun así, defendió que era un mercado propicio para reforzar mejor al equipo. “Era el mercado más fácil de gestionar”, opinó, señalando que se sondearon jugadores interesantes que finalmente no llegaron. También interpretó el impacto psicológico en el vestuario: “Puede haber llegado la idea al vestuario de que la propiedad o la dirección deportiva no han creído que se podía ir a Europa”.

Sobre la operación Ngonge fue especialmente crítico con la complejidad del proceso: negociar con Torino y Nápoles para traer a un solo futbolista. “Todo demasiado extraño para encontrarle el sentido”, resumió.

Diez goles en tres partidos y una sensación de fragilidad total

Tras despedir a Àlex de Llano, la tertulia regresó a un tema que sobrevoló todo el programa: la sangría defensiva. Los números hablan solos y dolían al pronunciarlos en voz alta: diez goles encajados en los últimos tres partidos y ocho encuentros seguidos sin dejar la portería a cero. Juan Antonio Casanova fue directo, casi resignado, como quien repite algo evidente pero que no deja de escocer: “Así es imposible ganar, es imposible porque no defiendes bien dentro del área y eres incapaz de defender con pelota”. No se trataba solo de errores puntuales, sino de una incapacidad estructural para proteger el resultado, para controlar el ritmo, para cerrar un partido sin que se convierta en un intercambio de golpes que el Espanyol casi siempre pierde.

La defensa empieza arriba… y ahí también falla

Juan José Caseiro amplió el foco y puso el acento en algo que muchas veces pasa desapercibido: la defensa colectiva. Coincidió con De Llano en que el doble pivote no termina de funcionar como debería, pero insistió en que el problema empieza mucho antes. “Pol Lozano y Urko juegan demasiado juntos”, comentó, señalando un centro del campo que se pisa y deja espacios. Pero su crítica más interesante fue hacia la primera línea de presión. “El inicio de la defensa comienza por los de arriba, y era muy fácil burlar las presiones de Kike y Dolan, el Atlético lo tuvo sencillo”, explicó. En otras palabras, el equipo no solo sufre cuando defiende cerca de su área: también cuando intenta impedir que el rival llegue hasta allí.

Falta de confianza, no solo de contundencia

Jan Carrillo aportó un matiz más psicológico que táctico. Reconoció la dificultad de evaluar estos detalles frente a un rival del nivel del Atlético, pero lo que le inquieta no es solo la inferioridad, sino la actitud con la que se afrontan las acciones decisivas. “Lo que me preocupa es esa falta de contundencia y confianza a la hora de ir a por pelotas divididas y tomar decisiones”, señaló. No hablaba de fallos clamorosos, sino de pequeños errores encadenados, dudas de medio segundo, balones que antes se despejaban sin pensar y ahora se dudan. “Son muchos errores no muy de bulto pero que demuestran que no estás en el mejor nivel”, añadió, apuntando a esa pérdida de seguridad defensiva que en la primera vuelta parecía una de las grandes virtudes del equipo.

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El peligro inmediato se llama Elche

La conversación giró entonces hacia lo que viene, porque en el fútbol el calendario no espera. Caseiro lanzó una advertencia muy concreta, con nombre y apellido: “Cuidado esta semana en Elche, porque esa función de molestar es fácil que nos la haga Álvaro Rodríguez”. El mensaje era claro: un delantero incómodo, físico, insistente, puede castigar a una defensa que ya llega tocada anímicamente. No se hablaba de un rival superior, sino de uno capaz de explotar las debilidades actuales.

JAC añadió una reflexión casi emocional sobre el partido del Metropolitano. “Quiero pensar que ninguno de los jugadores creía que había mucho que hacer allí”, confesó, como si percibiera un derrotismo previo. Incluso el gol inicial no le cambió esa sensación: “El 0-1 sólo serviría para retrasar lo inevitable”. Una frase dura, pero que conecta con la impresión de que el equipo compite, sí, pero sin la convicción real de poder imponerse.

Via: el problema no es perder allí, es cómo se pierde

Francesc Via cerró el bloque con una reflexión que intentaba poner contexto. Nadie esperaba un partido cómodo en el Metropolitano, ni siquiera uno equilibrado. “El Atlético domina el partido porque eso es inevitable”, reconoció, señalando la diferencia de jerarquía en el centro del campo. Pero lo que le preocupa no es la derrota, sino la facilidad con la que el rival hace daño. “No nos pasó por encima pero nos hizo daño con muy poco”, explicó.

Para Via, la clave está dentro del área propia. El Espanyol acumuló muchos jugadores atrás, cambió el sistema, intentó protegerse… y aun así transmitió fragilidad. “Si fueses más fiable dentro del área con tantos jugadores que metiste, no hubieses tenido esa sensación de fragilidad”, comentó. Esa sensación, precisamente, es la que se ha instalado en el equipo y en la grada. “Ahora vas a cualquier campo o incluso en casa, y pensar que dejarás la portería a cero parece imposible”, añadió, subrayando el impacto psicológico que eso tiene en los propios futbolistas.

El diagnóstico final fue casi desolador, aunque no derrotista. Manolo González busca soluciones, prueba sistemas, cambia piezas… pero nada termina de funcionar. “Yo creo que Manolo no lo sabe porque está probando muchas cosas y ninguna le sale”, concluyó Via. Una frase que resume el momento actual: no hay bloqueo por falta de intentos, sino por ausencia de respuestas.

En el fondo, lo que quedó flotando en el estudio fue una idea sencilla y preocupante a la vez: el Espanyol no solo encaja muchos goles; ha dejado de creer que puede evitarlos. Y cuando esa sensación se instala, cada partido pesa el doble.

Dudas, cambios y un equipo que no reconoce ni su propio plan

La tertulia entró en un terreno incómodo: la gestión del entrenador y la sensación de que el equipo anda probando cosas sin encontrar nada sólido a lo que agarrarse. Juan José Caseiro lo verbalizó con crudeza, señalando que la confusión empieza arriba. “El primero que ha de tenerlo claro es el entrenador porque está probado cosas, eso genera desconfianza”, explicó, poniendo ejemplos concretos que cualquiera que siga al equipo reconoce. “Jofre fue de los mejores en el partido, pero siempre ha sido el primer cambio cuando ha sido de la partida”, recordó, dejando en el aire qué mensaje reciben los jugadores cuando el rendimiento no garantiza continuidad.

También cuestionó decisiones más extrañas, como recolocar piezas fuera de su sitio. “Qué pueden pensar Omar o Rubén cuando de golpe se ven sustituido por Riedel en el lateral derecho siendo central”, comentó, como quien enumera señales de que algo no encaja. Para Caseiro, el problema no es único ni sencillo: “Es un poco el compendio de todo, los errores individuales, los errores de fuera, los errores de dentro”. Su receta no era revolucionaria, más bien todo lo contrario: volver a lo que funcionó. “Yo volvería sobre los pasos que me han llevado por el buen camino, jugar con tres centrocampistas, apostar por el juego de principio de temporada y volver a la confianza en el sistema defensivo”. Y remató con una frase muy gráfica: “A veces hay que tocar la oreja del que menos gusta, pero toca hacerlo”.

Sin recambios claros: tocar teclas… ¿con qué piezas?

Francesc Via recogió el guante pero introdujo un matiz demoledor: el problema no es solo decidir a quién cambiar, sino que casi no hay alternativas reales. “El problema es que hay tantas orejas que tocar…”, empezó, dejando la frase suspendida antes de rematar con resignación. En defensa, especialmente, el panorama es limitado. “¿Quién se salva? Cabrera está fatal pero, ¿a quién pones si no hay otro defensa zurdo?”, se preguntó. Las combinaciones posibles tampoco convencen. “¿Ponemos Miguel Rubio-Calero? Y quitas a Romero, ¿y a quién pones, a Salinas?”. Su conclusión fue casi irónica y muy reveladora: “Los que piensan eso hoy el domingo ponen a Romero. Es que no hay más”. No se trata de fe en los titulares actuales, sino de falta de sustitutos fiables.

Elche en el horizonte: ¿mandar o sobrevivir?

La conversación viró entonces hacia el próximo partido, y ahí surgió otra duda fundamental: el papel que adoptará el Espanyol. JAC lanzó una pregunta que sonó a examen táctico… y emocional. “Ahora que vamos al Elche, un equipo en el que el entrenador juega para prestigiarse y no para ganar, ¿seremos capaces de tomar la iniciativa?”. Caseiro no dudó en responder con realismo: “El balón lo va a tener el Elche”. Es decir, incluso ante un rival en mala dinámica, no se espera un Espanyol dominador.

Víctor Maymó introdujo una idea que desmonta ciertos tópicos. Para él, la brillante primera vuelta no se construyó dominando partidos, sino sobreviviendo mejor en las áreas. “En esa primera vuelta tan brutal de resultados nos han dominado todos los rivales, hemos impuesto el juego en las áreas”, explicó, quitando importancia a la posesión o al control territorial. Y lo resumió sin rodeos: “Lo de dominar al rival, me importa tres pepinos”. JAC coincidió parcialmente, aunque con una preocupación clara: “Lo que pido es controlar el partido en las áreas, y eso lo veo complicado”. Es decir, si ni siquiera se gana ahí, el plan se cae.

Ganar… aunque sea sin brillo

Maymó insistió en una idea muy pragmática, casi de supervivencia: no hace falta hacer un gran partido, hace falta ganar. “Vayamos al campo del Elche sin reventarnos, a ganar el partido ante un rival que está peor que nosotros”, propuso, poniendo el foco en el resultado por encima del espectáculo o la sensación de superioridad.

Via añadió contexto sobre el rival, señalando que su situación debería influir pero sin caer en la confianza excesiva. “Es un equipo que no juega mal aunque la manera de jugar de Eder Sarabia no es competitiva”, comentó, advirtiendo que eso no impide que a un partido te puedan complicar la vida. Para él, el encuentro no es una final por la permanencia, pero sí por la dinámica. “Para mí es la final para la racha, no para el descenso porque encuentro ridículo hablar del descenso estando a 11 puntos”, subrayó, intentando rebajar el alarmismo.

Cuatro partidos que marcarán el resto del año

El director de La Grada Ràdio cerró el bloque con una reflexión muy ligada a la psicología perica, esa mezcla de prudencia extrema y memoria de golpes pasados. “Entiendo a la gente, vivimos los pericos cagados de serie y nos han afectado los descensos”, dijo con una sinceridad que arrancó más de una sonrisa amarga. Pero su mensaje final miraba al calendario. “Estos cuatro partidos que vienen determinan cómo hemos de vivir el resto del campeonato”, afirmó, señalando al duelo en el Martínez Valero como pieza clave. “El del Elche es clave para no convertir el siguiente del Oviedo en absolutamente clave”.

En otras palabras: no se trata solo de sumar puntos, sino de evitar que cada jornada se convierta en un examen a vida o muerte. Porque cuando entras en esa dinámica, salir cuesta muchísimo más. Y eso es precisamente lo que el espanyolismo teme… aunque nadie quiera decirlo en voz demasiado alta.

Maymó pide calma y fe en el proyecto: “Soy más manolista que nunca”

Tras escuchar las visiones contrapuestas de Jan Carrillo -más templado- y JAC -mucho más crítico-, Víctor Maymó tomó la palabra para situarse en un punto intermedio que sonó a reflexión reposada, casi a intento de bajar pulsaciones. Dejó claro desde el inicio que no venía a incendiar nada, pero tampoco a maquillar la realidad. “No me oiréis venir aquí a destruirlo todo, y no obstante has de ser realista y tampoco voy a decir que todo es fantástico”, explicó, describiendo un escenario que considera delicado pero no irreversible. Para él, el equipo atraviesa “una situación complicada de un bajo rendimiento brutal”, una frase que resume el contraste entre la ilusión de hace apenas dos meses y la sensación actual de caída libre.

Su mensaje giró alrededor de una idea muy concreta: este es el momento en el que se pone a prueba la convicción en el proyecto. “Aquí es donde se demostrará el que realmente cree en el proyecto, el que cree en Manolo”, señaló, como si la crisis funcionara también como filtro interno entre los que mantienen la confianza y los que empiezan a bajarse del barco. Maymó no dudó en posicionarse públicamente en ese debate. “Yo en el peor momento digo que soy más manolista que nunca, dejémoslo trabajar”, afirmó con contundencia, apostando por la continuidad y la paciencia frente a soluciones impulsivas.

También recordó algo que durante años fue una reclamación constante del espanyolismo: estabilidad institucional y deportiva. Ahora que, al menos en teoría, existe, su postura es clara. “Esa estabilidad que tanto pedíamos la tenemos, esperemos a ver cómo se desarrollan los acontecimientos”, concluyó, transmitiendo una mezcla de prudencia y confianza que contrastó con el tono más pesimista de otros tramos de la tertulia. No es optimismo ciego, sino la convicción de que cambiarlo todo en caliente suele empeorar las cosas. Y, en un momento tan frágil, quizá lo único que puede sostener al equipo es precisamente eso: tiempo, calma… y creer que el rumbo todavía puede enderezarse.