Hay derrotas que duelen por el marcador y otras que duelen por lo que transmiten. La del Espanyol en el Metropolitano pertenece claramente a la segunda categoría. El 4-2 encajado ante el Atlético no solo alarga la racha sin victorias, sino que deja la sensación de un equipo deshilachado, cansado, sin esa chispa competitiva que le sostuvo durante meses. Un Espanyol que no se rompe de golpe, pero que se va apagando partido a partido, como si arrastrara un peso invisible. La imagen final no fue la de un rival superado puntualmente, sino la de un grupo que ahora mismo camina con dudas, sin la firmeza ni la energía que lo había llevado a pelear por Europa. Y cuando un equipo pierde esa seguridad, todo lo demás empieza a tambalearse.
De capa caída
En la antigüedad, los hidalgos que perdían el favor de la corte llevaban una prenda que, si antes les distinguía, a partir de ahí la llevaban descuidada. Era la capa, que arrastraban dando una imagen de desánimo, tan parecida a la que proyectan en estos últimos partidos un Espanyol en su peor momento del campeonato y de cap caída.
Hemos conseguido que el buen promedio de Dmitrovic caiga en picado; salvo a Calero, que nos libró de la manita despejando una bajo palos, de entre toda la defensa, porque Riedel miró al jugador y no al balón en el empate, Cabrera ganó el primer duelo en el 89’ y Omar junto a este Romero han dejado su fútbol hibernando desde la última victoria en San Mamés.
Abogo por las relaciones triangulares en el medio y a Urko y Pol, este más vertical como en el primer gol, les faltó la tercera pata.
El momento amable de la noche fue la asistencia de Dolan para un Jofre que hizo el mejor papel de todos los extremos blanquiazules y Kike se pasó el partido jugando de espaldas, incluido el marco rival.
El 2-1 era la campana de aviso de la necesidad de cambios: Terrats que dejó alguna conducción, Ngonge que pudo meternos en la pelea antes del cuarto. Roberto que continúa en su letargo y un Milla que representa mejor que nadie la diferencia entre el Espanyol de la primera y la segunda vuelta. Expósito hizo un buen gol, que maquilla la hostia a mano abierta que nos llevamos.
2 puntos de 24 y una cantidad ingente de goles encajados. Solo la excelsa primera vuelta nos libra de la angustia que se ve en otros lados. Desde dentro, urge explorar como hemos cambado tanto en tan poco tiempo. Quizá, eliminar los últimos bandazos y volver sobre los pasos que nos llevaron a este puesto, sería un buen comienzo.
Juan José Caseiro







