
Resumen: Juan José Caseiro resume el Málaga – Espanyol con una imagen muy clara: un edificio que parecía aguantar y terminó cediendo cuando apenas quedaba un minuto. El equipo de Manolo González enseñó una fachada bastante convincente durante la primera media hora, con Fortuño sosteniendo, Bryan golpeando y Pol Lozano mandando, pero las grietas reaparecieron después. La segunda parte fue otra cosa: el Espanyol se hizo cada vez más pequeño, perdió control y terminó pagando una gestión defensiva que no resistió hasta el final. El 1-1 deja un punto que, viendo cómo acabó el partido, hasta puede parecer demasiado premio.
Cinco puntos clave
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- Fortuño fue el mejor, una señal bastante clara de cómo acabó viviendo el partido el Espanyol.
- Riedel apuntaba a gran actuación, pero su acción en el gol empaña mucho su partido.
- Javi Hernández fue clave, y su salida coincidió con un empeoramiento todavía mayor del equipo.
- Bryan Zaragoza dejó en el gol exactamente lo que puede aportar: desborde, personalidad y desequilibrio.
- La conclusión de Caseiro es dura: tres semanas sin Liga no han corregido las fisuras estructurales del equipo.
Colapso
Toda estructura se construye con la esperanza de resistir. Se calcula el peso que deberá soportar, se refuerzan los pilares y se confía que permanecerá en pie incluso bajo la presión más exigente. Un minuto quedaba para evitar el colapso, pero los ataques del Málaga habían ido debilitando tanto, que de la grieta inicial se pasó al derrumbe final.
El mejor fue Fortuño, señal de lo que pasó y que ha llegado para quedarse; en el derrumbe final solo Omar intentó matar el partido, Riedel iba para káiser y escondió el pie incomprensiblemente en el gol que fue la única acción a la que no llegó Cabrera, brillante en la misma proporción que hundido dentro del área y Hartmann defendiendo es el arañazo en la pizarra.
El lío es descubrir si Pol es el impecable del primer tiempo o el errático del segundo, con un Edu más difuminado que nunca. Javi Hernández es ya el equivalente al jugador a frenar por los rivales y a partir de su cambio, todo empeoró lo que ya venía siendo malo.
Bryan es exactamente lo que vimos en el gol: dámela que la lío, y para estos viajes Dolan si es una buena alforja. Roberto, desde la lejanía, veía que poco o nada había cambiado tras tres semanas de Erasmus con la selección.
A los cambios que llevaba la alineación se sumaron los del partido: Urko anda lejos del pivote que apuntalaba al equipo y Cala encontró un resquicio en un robo de balón que le dio una falta que envió a Marbella. Hinojo, Marcos y Milla se sumaron a una táctica defensiva escrita en tiza, durante tres semanas sin Liga, que nos hizo más pequeños a cada segundo que pasaba.
La fachada de la primera media hora engañaba. En el interior sigue habiendo fisuras importantes. Tres semanas sin liga no bastaron para ese cambio esperado. Al contrario. Entre los escombros aparece un punto, un botín que incluso a estas horas, me parece demasiado para un edificio que debería verse más alto.
Juan José Caseiro







