LA OPINIÓN DEL DÍA | Aridane Ávila pide bajar la guerra interna perica: “Nos estamos debilitando entre nosotros”

8 de octubre de 2026
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Resumen: La Opinión del Día de hoy en La Grada Ràdio ha dejado una reflexión especialmente centrada en el estado de ánimo del entorno perico. Aridane Ávila ha puesto sobre la mesa el riesgo de que la crítica, necesaria cuando las cosas no funcionan, termine convirtiéndose en una batalla permanente entre espanyolistas. Su mensaje no pasa por pedir silencio ni conformismo. Más bien todo lo contrario: exigir, señalar errores y pedir responsabilidades, pero sin perder de vista una pregunta que considera básica: si aquello que hacemos y decimos ayuda realmente al Espanyol.

Las claves

    • Ávila cree que el espanyolismo está entrando en una dinámica demasiado destructiva consigo mismo.
    • Defiende plenamente el derecho a criticar a propiedad, dirección deportiva, entrenador y jugadores.
    • Considera que el problema aparece cuando cada decisión acaba convertida en una guerra entre pericos.
    • Pide una crítica firme, pero orientada a construir y exigir soluciones, no a desgastar al club desde dentro.
    • Recuerda que propietarios, entrenadores y jugadores pasan, mientras que la afición seguirá estando ahí.

Aridane Ávila abre un debate sobre el clima alrededor del Espanyol

La reflexión parte de una preocupación bastante reconocible para cualquiera que siga el día a día del Espanyol. “Quiero compartir una reflexión como perico y precisamente porque me importa el Espanyol”, arranca Ávila antes de ir directamente al fondo del asunto: “Creo que nos estamos convirtiendo en una afición demasiado destructiva con nosotros mismos y eso se ha de parar.”

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No habla de dejar de criticar. Ese matiz atraviesa todo su discurso. Lo que cuestiona es qué sucede cuando la crítica deja de dirigirse hacia una decisión concreta y pasa a convertirse en una pelea casi automática entre diferentes sectores de la afición.

Criticar al Espanyol sí, pero sin convertirlo todo en una guerra interna

Ávila deja claro que para él no existen temas intocables. “Que quede claro que para mí caen todas las opiniones. Se puede criticar la propiedad, la dirección deportiva, el entrenador, los jugadores… No hay ningún problema, se puede estar enfadado, decepcionado y a la vez convencido que las cosas se están haciendo mal.”

La idea es bastante sencilla: estar en desacuerdo con la gestión o con el rendimiento deportivo forma parte del fútbol y también de ser aficionado. El problema, a su juicio, comienza un paso después.

“La crítica es necesaria”, pero no puede convertirse en una batalla entre pericos

“La crítica es necesaria y creo que a partir de aquí se puede crecer. Pero la crítica no se puede convertir en una guerra interna”, sostiene. Ese es el centro de su argumento.

Y pone un ejemplo muy actual: el debate alrededor del entrenador. “Creo que el problema aparece cuando todo sirve para dividirnos, enfrentarnos, buscar culpables en el Espanyol, lo vemos ahora con el tema del entrenador.”

Manolo sí, Manolo no. Dirección deportiva sí, dirección deportiva no. Un jugador merece seguir, otro debería ir al banquillo. Debates normales. Lo que Ávila cuestiona es que cada uno de ellos acabe funcionando como una frontera entre dos bandos.

Ganando se discute y perdiendo todavía más

La sensación que describe es la de una discusión que ya prácticamente no depende del resultado. “Y al final cada decisión se convierte en una batalla. Cuando el equipo gana, discutimos. Si el equipo pierde, discutimos aún más.”

Incluso las decisiones individuales terminan alimentando nuevos enfrentamientos: “Si a un jugador lo cuestionamos y no juega, también; cuando se defiende al entrenador parece que se va contra el club criticarlo, parece que quiere que el equipo pierda.”

Para Ávila, ahí se cruza una línea: “Eso para mí no es exigencia, es desgaste.”

La pregunta que plantea al espanyolismo: “¿qué ganamos con todo esto?”

Más que buscar quién tiene razón, la reflexión intenta llevar la conversación hacia otra parte. “Y creo que la pregunta que nos tenemos que hacer todos como pericos es ¿qué ganamos con todo esto?”

Porque una crítica puede estar perfectamente fundamentada. Puede haber razones para enfadarse y para pensar que determinadas cosas se han hecho mal. Ávila no discute eso: “Podemos tener mucha razón en nuestras críticas. Podemos estar indignados, tener motivos de sobra para estarlo.”

La cuestión aparece después: qué genera todo eso alrededor del equipo.

Un ambiente “permanentemente irrespirable” tampoco ayuda al Espanyol

Aridane pone el foco precisamente en las consecuencias de mantener el entorno permanentemente encendido. “Pero claro, si el resultado es estar en un ambiente permanentemente irrespirable alrededor del equipo, yo creo que no estamos ayudando a cambiar las cosas. Nos estamos debilitando entre nosotros.”

Es una reflexión especialmente reconocible en un club donde el debate interno suele alcanzar temperaturas muy altas. Y ahí introduce otra idea: el Espanyol ya tiene suficientes dificultades como para añadir otra desde dentro.

“Ya tenemos suficientes problemas fuera”

“Yo creo que en el Espanyol ya tenemos suficientes problemas fuera y no veo ningún tipo de beneficio en el hecho de construir una batalla desde adentro.”

Ávila insiste en que eso no equivale a poner una mordaza a nadie. Ni mucho menos. “Eso no significa callar, no significa conformarse, no significa aplaudirlo todo.”

Su propuesta pasa por otra clase de exigencia: “Evidentemente significa criticar con criterio, exigir responsabilidades y proponer soluciones sin ir a destruir el club entre todos.”

Se puede ser duro con el club sin ser destructivo

Aquí aparece probablemente una de las frases que mejor resume todo el mensaje: “Se puede ser firme sin ser destructivo y se puede discrepar de la directiva y de lo que sea.”

No pide una afición uniforme. Tampoco una que aplauda todas las decisiones. Lo que reclama es no convertir cada discrepancia en un enfrentamiento personal entre pericos.

Propietarios y entrenadores pasarán; la afición continuará

Ávila introduce entonces una perspectiva que en el Espanyol siempre pesa mucho. “Porque al final los propietarios, entrenadores, directores deportivos y jugadores pasarán pero nosotros continuaremos aquí.”

Es probablemente el argumento más emocional de toda la reflexión. Los nombres cambian. Cambian las propiedades, los entrenadores, los futbolistas y hasta los proyectos. El aficionado permanece.

La pregunta definitiva: “¿esto que estoy haciendo ayuda al Espanyol?”

A partir de ahí plantea una especie de filtro antes de entrar en cada pelea. “Y yo creo que esto al final nos ha de dar una pregunta más allá de quién tiene razón en cada discusión y es cuestión de hacernos una pregunta sencilla e imprescindible.”

La pregunta es esta: “Esto que estoy haciendo, ¿ayuda al Espanyol?”.

Y desarrolla la respuesta: “Porque si la respuesta es que no, yo creo que tenemos que parar y no podemos gastar toda la energía peleándonos que si el entrenador sí, el entrenador no y olvidamos todo lo que nos une.”

Manolo sí o Manolo no no puede consumir toda la energía del entorno

La referencia al entrenador vuelve a aparecer porque representa perfectamente la situación actual. El futuro de Manolo González ha monopolizado buena parte del debate perico después de las últimas derrotas.

Ávila no entra aquí a decidir quién tiene razón. Su planteamiento es que el espanyolismo no puede reducir toda su conversación a elegir un bando y enfrentarse al contrario.

“La crítica debe servir para construir”

La reflexión termina regresando al principio, pero afinando mucho mejor la idea. “Yo creo que la crítica debe servir para construir.”

Y matiza también qué entiende por unidad, porque tampoco habla de que todo el mundo deba pensar igual: “La unidad no significa pensar igual, ni mucho menos, sino, digamos, que defender al club con responsabilidad.”

Ahí está seguramente la diferencia entre unidad y unanimidad. Nadie pide la segunda.

Lo único que debería quedar por encima de la discusión: el Espanyol

Ávila cierra con la idea que sirve de hilo conductor a toda su intervención: “Y eso es lo más importante, que es lo que nos une a todos. Y todo que es el Espanyol.”

Una reflexión que llega justo cuando el equipo vuelve a competir y el debate sobre Manolo, los resultados y el rumbo deportivo está especialmente caliente. Criticar, sí. Exigir, también. Pero sin olvidar que quien está al otro lado de la discusión probablemente quiere exactamente lo mismo: que al Espanyol le vaya bien.